¿Cómo no voy a querer que haya democracia en Cuba, que los cubanos no sean reprimidos ni censurados, y que los dictadores Raúl y Fidel Castro se pudran en una cárcel? La gran ilusión es que la reciente apertura de Estados Unidos hacia Cuba y el próximo viaje este mes del presidente Barack Obama a La Habana logren un cambio en la isla. Pero la verdad es que la isla sigue siendo una brutal dictadura, y no ha hecho ni un solo cambio significativo desde que reabrió su embajada en Washington.
No hay visitas milagrosas. Muchos creyeron, equivocadamente, que la visita del papa Juan Pablo II en 1998 promovería un cambio democrático. “Ojalá que Cuba, con todo su magnífico potencial, se abra al mundo, y ojalá el mundo se abra a Cuba”, pidió el papa. Pero...