Juan José Hoyos
Columnista

Juan José Hoyos

Publicado el 14 de mayo de 2018

INDIA DICE NO A LAS PATENTES DE SEMILLAS

Para muchos es una noticia intrascendente. Para millones de agricultores de los países más pobres del mundo es una noticia trascendental. La Corte Suprema de Justicia de la India decidió prohibir las patentes de semillas.

La decisión afecta a las empresas que dominan el multimillonario negocio de las semillas transgénicas. Sin embargo, beneficia a más de 500 millones de agricultores hindúes obligados a cultivar una variedad de algodón modificado genéticamente por Monsanto, gracias a las patentes que protegían su monopolio.

Monsanto promovía la venta de sus semillas modificadas con la promesa de que podían cultivarse tanto en tierras bien irrigadas como en tierras secas. La realidad era distinta: las semillas de Monsanto no solo eran un 8.000 por ciento más caras que las tradicionales, sino que exigían una cantidad de agua muy superior para florecer. Además tenían dificultades para germinar, su rendimiento era muy pobre, no eran resistentes a las plagas, sus raíces se pudrían y sus hojas se deformaban al crecer.

Para combatir las plagas, los agricultores tenían que usar pesticidas fabricados por Monsanto. Para estimular su crecimiento, debían usar abonos recomendados por los técnicos de la misma multinacional. Al final, los costos de producción eran tan altos que los campesinos se endeudaban hasta ir a la bancarrota. Por esta causa, más de 200 mil se suicidaron durante los últimos años. Muchos de ellos lo hicieron tomando los mismos insecticidas que les vendía Monsanto.

El Tribunal Superior de Delhi puso fin a todo esto al fallar un caso de reclamaciones de Monsanto contra la empresa hindú Nuziveedu por regalías no pagadas. Invocando la Ley de Patentes de la India, el Tribunal decidió que las variedades de plantas y las semillas no pueden ser patentadas. Por esta razón, de ahora en adelante Monsanto no podrá reclamar regalías por las patentes de las semillas transgénicas de algodón Bollgard y Bolgard II.

Las semillas transgénicas, según la organización ecologista Greenpeace, son seres vivos creados artificialmente con técnicas que permiten insertar a una planta o a un animal genes de virus, bacterias, vegetales, animales e incluso de humanos. Esta técnica permite a los biotecnólogos saltarse la selección natural al intercambiar genes entre especies que naturalmente no podrían cruzarse. Por ejemplo, pueden tomar el gen de una bacteria e insertarla en el algodón, creando un organismo vivo completamente nuevo, con el fin de producir una sustancia insecticida y volverla resistente a los insectos.

La producción de semillas transgénicas se ha vuelto un negocio multimillonario a nivel mundial. Son patentadas por empresas privadas y, por lo tanto, son una propiedad privada. El objetivo de la biotecnología aplicada a la agricultura es controlar la producción de alimentos, a fin de lograr mayores ganancias para las empresas que, al desarrollar estos organismos, buscan controlar el algodón y los granos básicos de los que se alimenta la humanidad como el maíz, la soya, la canola, el sorgo, el arroz y el trigo. Las empresas que dominan este negocio son Monsanto, Bayer, Syngenta, Pioneer y Dow Agroscience.

Gracias a una técnica denominada “Tecnología de restricción del uso genético”, algunas de estas semillas —también llamadas semillas suicidas— son programadas para nacer una sola vez, haciendo que su descendencia sea estéril, para evitar que el agricultor las pueda volver a sembrar sin pagar regalías.

Tres cuartas partes de los alimentos que consumimos hoy los seres humanos provienen de solo 12 especies de plantas y 5 especies de animales, muchas de ellas modificadas genéticamente.

Por esto la decisión del Tribunal Supremo de la India es una victoria no solo para los agricultores hindúes, que ahora podrán volver a sembrar sus propias semillas, sino para los pequeños agricultores del resto del mundo y para la gente que lucha por defender nuestra biodiversidad.

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