Aunque nada tanga que ver con el tema de este escrito, tomo prestado el título de la primera novela del Nobel peruano de Literatura, Mario Vargas Llosa, (primera también del boom latinoamericano) para hablar de esta ciudad agobiada por el asfalto y el cemento, y de esos perros que en las aceras de nuestras calles hacen popó (sonaría feo decir que cagan y mean) y que “día y nochemente” ladran y ladran incomodando a transeúntes y habitantes, vecinos o alejados que, despiertos o dormidos, se ven obligados a soportar mascotas que no son suyas. Muy bellas las mascotas, pero no que tengan que aguantarlas quienes no las acogen en sus casas o apartamentos. Los animalitos de midiós no son para hacerlos sufrir fuera de su ámbito, por más caricias y carantoñas...