Se le llama semana mayor, aunque tenga la misma antigüedad de todas y la misma duración. El superlativo “mayor” es, entonces, una metáfora. Algo que dice más allá de lo que dice.
En el caso de estos días de vacaciones obligadas, ese calificativo parece poner el acento en la reflexión, también obligada, que todavía acompaña al menos al jueves y viernes.
En épocas idas no pasaban en las emisoras más que música clásica. Y, claro, sermones de siete palabras. Se castigaban ciertas comidas, los niños que nadaban se convertían en peces. Hoy estos ritos y suposiciones pertenecen al sanalejo de la historia.
A pesar de todo, en estos días la gente piensa. Será influjo del incienso que se proyecta a las calles desde las procesiones. O de ese sedimento mítico,...