The New York Times
Columnista

The New York Times

Publicado el 21 de octubre de 2017

¿POR QUÉ LOS MILENARIOS SiENTEN CAUTELA ANTE LA LIBERTAD?

Por CLAY ROUTLEDGE
redaccion@elcolombiano.com.co

Los jóvenes americanos parecen estar perdiendo la fe en la libertad. ¿Por qué?

Según la Encuesta de Valores del Mundo, solo un 30 por ciento de los americanos nacidos después de 1980 creen que es absolutamente esencial vivir en un país democrático, comparado con el 72 por ciento de los americanos nacidos antes de la Segunda Guerra Mundial. En 1995, el 16 por ciento de los americanos en sus últimos años de adolescencia y principios de la edad adulta pensaba que la democracia era una mala idea; en 2011, el número aumentó al 24 por ciento.

Los jóvenes americanos también se sienten escépticos de manera desproporcionada hacia el discurso libre. Una encuesta de 2015 del Centro de Investigación Pew concluyó que el 40 por ciento de los milenarios (entre los 18 y 34 años de edad) creen que el gobierno debería poder regular ciertos tipos de discurso ofensivo. Solo el 27 por ciento de personas de la Generación X (de 35 a 50 años), el 20 por ciento de los baby boomers (de 51 a 69 años) y el 12 por ciento de la generación silenciosa (edades de 70 a 87) comparten esa opinión.

Si la cautela ante la democracia y la libertad de expresión no representa una posición política, ¿entonces qué representa? ¿Qué une a tantos jóvenes estadounidenses en estas actitudes? Propongo que la respuesta es el miedo, el enemigo final de la libertad.

La cultura de los padres en este país se ha vuelto cada vez más cautelosa y centrada en la seguridad, como lo demuestra el aumento de la “crianza de helicópteros”. Los beneficios de una mayor seguridad son muchos. Pero en algún punto del camino, proteger a los niños del daño innecesario se combinó con protegerlos de factores estresantes e incertidumbres (como tener que resolver problemas cotidianos por su cuenta, como perderse) que son fundamentales para desarrollar la independencia personal.

Los investigadores han vinculado la crianza de helicópteros con los estudiantes universitarios que tienen un menor grado de confianza en sí mismos. Relacionado, un estudio publicado el mes pasado encontró que los adolescentes y adultos jóvenes de hoy tienen menos probabilidades que las generaciones pasadas de participar en una serie de actividades que implican independencia personal, como trabajo remunerado, conducir, salir y pasar tiempo con amigos sin la supervisión de adultos.

Los colegios y universidades han exacerbado el problema de la dependencia promoviendo lo que a veces se llama una cultura de victimización. Los estudiantes universitarios estadounidenses deben ser protegidos y alentados a estar siempre atentos e incluso informar cualquier comportamiento que pueda causar angustia emocional.

Para empeorar el problema, la cultura de la victimización es “contagiosa”. Estudios han demostrado que cuando un grupo es acusado de causarle daño a otro, miembros del grupo acusado se vuelven más inclinados a sentir que su grupo está siendo víctima de discriminación.

Los jóvenes de hoy se enfrentan a factores de estrés únicos, como la facilidad de acoso presentada por las redes sociales. Pero en lugar de ayudar, una cultura de victimización empeora el problema subyacente.

El miedo, en todas sus formas, está en el centro de todos estos asuntos - temor al fracaso, la incomodidad, el ostracismo, la incertidumbre. Claro está que estos temores nos agobian a todos, independiente de la demografía. Pero eso es el punto precisamente: nuestra cultura no está preparando a los jóvenes para manejar lo que finalmente son amenazas inevitables. De hecho, a pesar de crecer en una sociedad físicamente más segura y amable que las generaciones pasadas, los jóvenes estadounidenses hoy reportan niveles más altos de ansiedad.

El temor lleva a que las personas adopten una postura defensiva. Cuando las personas se sienten ansiosas, son menos abiertas a ideas y opiniones, y menos indulgentes y tolerantes hacia aquellos con quienes no están de acuerdo. Cuando las personas tienen miedo, se aferran a la certeza del mundo que conocen y evitan asumir riesgos físicos, emocionales e intelectuales. En resumen, el miedo hace que las personas privilegien la seguridad psicológica sobre la libertad.

Qué se puede hacer? Los tenemos que liberar, permitir que sean libres para navegar el mundo social, cometer errores, experimentar el dolor emocional y aprender a autorregular el temor y la angustia. Si queremos que las generaciones futuras tengan fe en la libertad, tenemos que restaurar nuestra fe en ellas.

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