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Triunfó la política, perdió el odio

En septiembre de 2013, hace apenas tres años y dos meses, el máximo jefe de las Farc, Rodrigo Londoño Echeverri, antes “Timochenko”, escribía las siguientes líneas: “Santos, alucinado, confía en doblegarnos con gruñidos. Estamos muy viejos para eso”.

Un mes antes, Londoño le escribió al presidente otra carta de esas temerarias, como siempre lo hicieron las Farc, intitulada Cuando morimos descansamos. En ella advertía que las “amenazas de muerte y las órdenes de ejecución sin ninguna clase de juicio no sirven para intimidarnos”.

En abril de 2010, las Farc, tras varias ofertas secretas de diálogo del gobierno Uribe, advirtieron que no dialogarían fuera del país. Pero, “en el fin del fin”, se sentaron en Cuba durante cuatro años y suscribieron la...

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