En Antioquia, el 51% de los cigarrillos que se consumen son de contrabando
La tendencia viene en crecimiento, tanto en el departamento como en todo el país. Autoridades intensifican operativos.
Comunicador social de la Universidad Católica Luis Amigó. Trabajé como periodista en Qhubo y El Mundo. Apasionado por los deportes, las estadísticas, los temas judiciales y de movilidad. Un curioso por buscar los detalles de la noticia.
Más de la mitad de los cigarrillos que se fuman en el departamento son de contrabando, lo que además de afectar los pulmones de los fumadores, también golpea las arcas del maltratado sistema de salud de las regiones.
Así lo indica una encuesta de la Federación Nacional de Departamentos (FND), realizada por Invamer, donde se demuestra que el 51% de los cigarrillos que se comercializaron en Antioquia el año pasado eran ilegales, resaltando que este comercio va en aumento, y lo que recuerda épocas que parecían superadas: cuando existían mafias que se dedicaban a meter Malrboro de contrabando al país.
Si se miran las cifras en 2022, se encuentra que la cantidad llegaba al 37%, pero desde ese momento ha venido en un alza sostenida. Para 2023 el porcentaje llegaba al 40% y para 2024 el 43% de los cigarrillos vendidos en Antioquia provenían de la ilegalidad.
El departamento, incluso supera el promedio nacional, puesto que en los 32 restantes el porcentaje de cigarrillos de contrabando que se venden llegó el año pasado al 38%. Lo delicado es que en 2011 la cantidad era apenas del 16% y en el 2018 era del 35%.
Los cigarrillos de contrabando más consumidos en Antioquia son Rumba, de Paraguay; Carnival, de Corea del Sur, y Win, que llega de China. En muchos casos ingresan mediante redes de contrabando que evaden cualquier control de las autoridades y se venden menudiados en tiendas de barrio.
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El mayor Daniel Felipe Rojas López, jefe de la unidad de control operativo de la Policía Fiscal y Aduanera (Polfa) del Valle de Aburrá, explicó que estos cigarrillos ingresan de manera irregularidad mediante redes que pasan por los tres países en cuestión y llegan por La Guajira, Panamá o los puertos de Barranquilla y Santa Marta. De ahí comienza su distribución en camiones.
Lavado de activos
El contrabando de cigarrillos es una de las modalidades más antiguas para defraudar las rentas nacionales y esto se remonta al siglo XVII para defraudar a la Corona de España. De hecho es tan clásico que hasta Pablo Escobar lo hizo como una de sus actividades criminales antes del narcotráfico, por allá en los 70.
Lo que cambia en estos tiempos es que los cigarrillos se volvieron una de las monedas de cambio para pagar el tráfico de sustancias estupefacientes en Suramérica, Europa, Asia y Estados Unidos.
“Estos grupos delincuenciales usan estas modalidades para hacer efectivo el pago de cargamentos que llegan a otros países. Los envían para que de cuenta de la venta de estos, puedan hacer efectivo el dinero”, explicó el mayor Rojas sobre el origen de este comercio criminal.
Después de que reciben las cajetillas, que llegan en embarcaciones y camiones, estas son distribuidas en los sitios donde haya más facilidad de venderlos al menudeo.
Según la encuesta de la FND, el 82% de los cigarrillos ilegales se consiguen en las tiendas de barrio, mientras que el 5% se compran en minimercados de barrio y el 2% en una licorera. Estos difícilmente son comercializados en los kioskos callejeros y mucho menos en grandes cadenas o bares y discotecas.
“Esta es una manera más, como más fácil de hacer lavado de activos, por el menudeo, porque esto facilita que entre más plata a los grupos ilegales y que puedan hacer efectivo este dinero de manera más segura”, señaló el alto oficial de la Policía.
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El inconveniente es que los precios de las cajetillas de 20 cigarrillos legales son mucho más costosos que el de las ilegales. Para el año pasado, una cajetilla de una marca legal costaba, en promedio, $12.400, mientras que la ilegal apenas valía $4.900.
Esta diferencia se debe a que entre el impuesto al consumo y el IVA, las empresas legales deben destinar $6.212, lo que encarece su valor y arrastra a los consumidores hacia las opciones más económicas, sin cuestionarse su legalidad.
Y esto ha llevado a que las arcas departamentales se hayan visto drásticamente golpeadas, siendo recursos que se perdieron para el área de la salud. Nada más el año pasado, el departamento dejó de percibir $420.032 millones por temas de impuestos, mientras que de parte de quienes venden los cigarrillos legales le dejaron a Antioquia $393.174 millones, según la FND.
La lucha de las autoridades
Con el fin de cambiar la inclinación de esta balanza, la Policía Fiscal y Aduanera ha intensificado sus operativos contra el contrabando de cigarrillos y en Antioquia, en los últimos días se han propinado grandes golpes a este delito.
El pasado 22 de abril, en una bodega del barrio San Bernardo, en la comuna 16 (Belén), de Medellín, se incautaron 133.000 cajetillas, cuyo avalúo comercial asciende a los $1.300 millones.
Dos semanas más tarde, el 8 de mayo, en la autopista Sur, en Medellín, unidades de la Polfa incautaron otras 197.500 cajetillas de cigarrillos que eran transportados en un camión y se capturó al conductor del vehículo, puesto que no pudo sustentar su procedencia y legalidad.