Antioquia

En el embalse de Guatapé van 36 muertos desde 2016

Desde el naufragio de El Almirante en 2017 hasta la muerte del joven Alexánder Avendaño en mayo de 2026, el embalse El Peñol-Guatapé acumula víctimas mortales año tras año.

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Periodista de la Universidad de Antioquia. Hago parte del área Metro e investigo temas de ambiente, ciencia y cultura.

hace 2 horas

Llegar a El Peñol y Guatapé es como asomarse a un pedacito de mar tierra adentro. El horizonte se abre entre pequeñas islas y el azul se divide limpiamente entre el cielo y el agua. Lo que muchos no saben cuando llegan con neveras, flotadores y ánimo de fiesta es que ese espejo de agua se traga, año a año, múltiples vidas.

El embalse fue construido entre 1970 y 1978 por EPM. Inundó el casco urbano del antiguo Peñol, creó una represa de más de 2.262 hectáreas con profundidades que superan los 45 metros y hoy aporta el 10 % de la energía del Sistema Interconectado Nacional. También recibe cerca de 20.000 turistas cada fin de semana —el triple de la población de Guatapé— con 250 embarcaciones, fincas de alquiler, planchones con licor, motos acuáticas y colchones inflables. Y hay muertos.

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Según los registros del Cuerpo de Bomberos de Guatapé, entre 2016 y 2025 murieron ahogadas 36 personas solo en ese municipio. En 2020 —el único año de cierre turístico por la pandemia— la cifra fue cero. En todos los demás años hubo víctimas, sin excepción. El año más letal fue 2017, con nueve muertes. Esos números no incluyen los casos en jurisdicción de El Peñol. Bomberos, alcaldías y EPM no han entregado una cifra consolidada para el embalse completo.

Lo que sí existe es un hilo de tragedias que se repite con una regularidad perturbadora, y que esta reconstrucción de archivo intenta unir.

2017: la peor tragedia

El 25 de junio de 2017, la embarcación El Almirante zarpó del malecón con cerca de 170 personas a bordo, sin permiso de salida y sin cumplir normas técnicas. Cinco minutos después comenzó a hundirse. Tardó 15 minutos en desaparecer. Nueve personas murieron. Las investigaciones revelaron que ese día no había inspector fluvial de turno. Meses antes, El Almirante ya había tenido otro accidente. Aun así, siguió operando.

Antes de esa tragedia, Guatapé ya acumulaba víctimas. En enero de 2016, Juan Carlos Castrillón Londoño, vendedor ambulante de 43 años, se metió a nadar solo en la zona del puente La Ceja. Las autoridades explicaron que esas aguas parecen tranquilas en la superficie, pero en el fondo el fango atrapa y no suelta. No volvió a salir. Los registros de Bomberos confirman cinco muertes en su jurisdicción solo ese año.

En marzo de 2017, los hermanos Jhonatan y Leiner Carvajal —de 19 y 31 años— pescaban en el embalse cuando uno cayó al agua. El otro saltó a rescatarlo. Ninguno salió sino hasta que los cuerpos fueron hallados. Esa secuencia —alguien cae, alguien salta a ayudar, los dos se ahogan— se repetiría en otras tragedias. Habla de aguas que engañan y de un frío que paraliza antes de que el pánico pueda razonar.

Postpandemia: la ola de turismo

2020 fue el único año que pasó sin muertes. Cuando las restricciones de la pandemia se levantaron, los ahogamientos volvieron: tres en 2021, cuatro en 2022.

En abril de 2022 cayeron al agua Saray Narváez, de 23 años, y Estefany Garzón, de 27, cuando su moto acuática se volcó después de que una intentara alcanzar una gorra que se había caído. Ninguna llevaba chaleco. Estefany fue rescatada ese día sin signos vitales. El cuerpo de Saray apareció seis días después, a 35 metros de profundidad.

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En agosto, Santiago Areiza Henao, de 19 años, se lanzó a seguir a unos amigos que flotaban en un colchón inflable a diez metros de la orilla. Empezó a pedir auxilio casi de inmediato. Lo hallaron a cinco metros de profundidad. Veinte minutos habían pasado.

Al cerrar 2022, los bomberos reportaban 18 muertos en cinco años, todos sin chaleco, y un diagnóstico funesto: no existe en Colombia otro destino turístico cuyo principal atractivo haya cobrado tantas vidas en ese lapso.

Las víctimas que siguieron

En 2024, el pescador Emil Giovany Vargas López, de 20 años, desapareció tras un accidente de embarcación en El Peñol. Diecinueve días después, un menor venezolano de 15 años tomó sin permiso un kayak en una finca de la vereda El Morro, remó hacia el otro lado del embalse y se lanzó a nadar con ropa y sin chaleco. Su cuerpo fue hallado al día siguiente, a ocho metros, tras un operativo con diez buzos.

En julio de 2025 murió Pablo Muñoz, conocido en el malecón por bucear en busca de objetos que los turistas dejaban caer desde los planchones.

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Pablo entró al agua con careta y aletas, pero sin tanque de oxígeno. A los veinte minutos no había vuelto a la superficie. Bomberos Guatapé cerró 2025 con cuatro muertes por inmersión. Ese mismo año, en noviembre, murió Marlene Anatalia Canaan de Lora, turista dominicana de 45 años, electrocutada al tocar cables de energía desde una embarcación.

El caso de Alexander Avendaño

El 24 de mayo de 2026, Alexander Avendaño Varela, de 22 años, cayó desde un planchón en el sector El Marial. Un video mostró a varios jóvenes agrediéndolo mientras voces gritaban “¡ahóguenlo!”. Nadie tenía chaleco. Nadie saltó a rescatarlo y los hechos que rodean esta tragedia, si fue accidental o un homicidio, siguen siendo investigados.

Después de una búsqueda de cinco días, hallaron su cuerpo. El Ministerio de Transporte, por su parte, anunció posibles sanciones contra el operador de la embarcación.

El tamaño del silencio

Las muertes en el embalse no tienen base de datos centralizada ni responsable claro. La Policía patrulla 76.000 hectáreas con una sola embarcación y, durante tres años, el embalse estuvo sin inspector fluvial en propiedad —nombrado recién en 2021, cuatro años después de la tragedia de El Almirante—.

Los registros oficiales de Bomberos Guatapé suman 36 muertes entre 2016 y 2025 en su sola jurisdicción. Sumando los casos de El Peñol y el de 2026, la cifra de la última década supera los 40 y se aproximaría a los 50. La diferencia no es un error de cálculo: es el tamaño del silencio frente a una tragedia que se repite, puntual, cada año con un patrón común: la falta de controles de seguridad.

Al cierre de esta edición, EPM y Bomberos El Peñol no han confirmado cifras oficiales de la última década.