Antioquia

Con balines y perdigones atacan a águilas y otras aves en vía de extinción en Antioquia

La preocupación por el aumento de aves heridas por balines o perdigones creció después de que Cornare atendiera la quinta del año por esta causa. La mayoría no sobreviven.

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Periodista de la Universidad de Antioquia. Hago parte del área Metro e investigo temas de ambiente, ciencia y cultura.

hace 2 horas

Un águila crestada, la inmensa y coronada reina de los bosques andinos, apareció herida, anémica e inmóvil en una zona rural del municipio de San José de la Montaña a comienzos de este 2026. El equipo de emergencias de fauna silvestre de Corantioquia la encontró en estado crítico: una fractura grave en una pata, dolor intenso, sin posibilidad de vuelo. La trataron, pero no sobrevivió. “Un disparo derivó en la pérdida de la vida del animal”, informó la corporación.

No se sabe quién disparó. Tampoco por qué. Este tipo de eventos parece repetirse con más regularidad en Antioquia.

No fue un caso aislado

En lo que va de 2026, tres aves ingresaron al Centro de Atención y Valoración de Fauna Silvestre (CAV) de Cornare con heridas por disparos. En los últimos cinco años son nueve los casos registrados entre las dos corporaciones que vigilan el Oriente antioqueño y el Valle de Aburrá, la mayoría aves rapaces. Seis de esos animales murieron. La tendencia, advierten las autoridades ambientales, va en aumento.

Recientemente, Cornare reportó dos nuevos casos en el oriente de Antioquia, con apenas días de diferencia. En Rionegro, un gallinazo permaneció cuatro días en el mismo sitio sin poder volar, expuesto a la intemperie, sin comer. Cuando llegó al CAV, los veterinarios encontraron deshidratación severa y lesiones perforantes en el esternón. La radiografía confirmó que eran disparos con perdigones.

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En El Retiro, una águila coliblanca (Geranoaetus albicaudatus) tenía fracturado un hueso del ala y múltiples heridas perforantes. Tuvo que ser operada dos veces, primero para reparar la fractura, luego para extraerle los proyectiles alojados en el cuerpo. Las dos aves sobrevivieron y permanecen en rehabilitación. Después pasarán a una jaula de vuelo, donde deberán recuperar su condición física. Solo si lo logran se determinará si pueden regresar a su hábitat natural.

Con esos ingresos, Cornare contabilizó cinco aves atendidas en un año por este motivo, con casos en El Retiro, Rionegro, San Rafael y San Vicente. “Nos preocupa que este tipo de situaciones sigan presentándose y que todavía haya personas que recurran a los disparos cuando se encuentran con fauna silvestre”, dijo Camilo Muñoz Collazos, coordinador del CAV.

En esta recurrencia de casos hay un patrón que se repite: armas de aire comprimido, de venta libre, sin registro, capaces de fracturar huesos y perforar órganos internos.

En el Valle de Aburrá, el Centro de Atención, Valoración y Rehabilitación (CAVR) del Área Metropolitana recibió el cuerpo de un águila negra que un ciudadano encontró muerta en una zona verde. El plumaje estaba perfecto, las garras intactas. El daño era invisible desde afuera, pero después encontraron que la quilla pectoral estaba fracturada y perforada por el impacto de un perdigón en el pecho. Era la sexta águila negra que llegaba al CAVR desde su creación, y la segunda con heridas por disparo. Esta ave es considerada un indicador del estado de conservación de los ecosistemas. A comienzos de 2024, la misma entidad había recibido un gavilán caminero que llegó “muy mal” y murió por la misma causa.

Un historial que acumula especies

La lista de animales heridos o muertos a tiros en el Oriente de Antioquia en los últimos cinco años incluye una pigua (2021), un águila negra (2025), un gavilán caminero (2024), dos águilas coliblancas (2024 y 2026), un caracara, un gallinazo e incluso un tití gris (2023). Los proyectiles usados van desde perdigones hasta diábolos, munición para armas de aire comprimido, lo que facilita su uso indiscriminado en zonas rurales y periurbanas donde el control es escaso.

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Se cree que lo que ocurre generalmente con estos ataques es que alguien ve un ave rapaz cerca de su finca o su galpón, cree que representa una amenaza para sus gallinas o sus animales domésticos, y dispara. El miedo, o la ignorancia, aprieta el gatillo. En realidad, estas aves raramente atacan corrales pues su dieta se basa en mamíferos silvestres medianos. Pero el mito persiste, y las aves pagan el precio.

Una especie escasa

El águila crestada, la que falleció tras ser atacada en San José de la Montaña, es una de las aves rapaces más emblemáticas y amenazadas de los bosques andinos. Majestuosa, esquiva, difícil de ver incluso para quienes la buscan. Sus procesos de anidación están escasamente documentados porque es muy difícil encontrarla y monitorearla en campo. Cada ejemplar perdido es un vacío que la ciencia difícilmente puede llenar, un dato que nunca se recopilará y que no podrá ayudarnos a entender nuestros ecosistemas y cómo protegerlos.

Pero no es la primera vez que una de estas aves cae a tiros en Antioquia. En mayo de 2020, Cornare recogió en Cocorná a un águila crestada herida mientras varias personas intentaban ahuyentarla de un galpón de gallinas. Lo que empezó como un intento de espantarla terminó en un disparo con rifle de aire comprimido. El ave murió durante la anestesia, en plena cirugía, antes de que los veterinarios pudieran hacer nada más.

Por esos mismos días, en Rionegro, un joven —al parecer menor de edad— le disparó a un gallinazo posado en el techo de una vivienda, grabó la acción y la celebró entre risas. El video circuló en redes. La Policía Ambiental, los Bomberos, Cornare y la Secretaría de Gobierno se desplazaron al lugar, incautaron el arma, impusieron un comparendo y abrieron una investigación bajo la ley de Protección Animal. El gallinazo murió y el joven recibió una sanción. Sin embargo, la semana siguiente, en algún otro municipio, alguien volvió a disparar, y así sigue ocurriendo.

Disparar contra fauna silvestre en Colombia es un delito, pero eso no ha logrado evitar que siga pasando.