Con solo 21 años, Émily maneja bus en Expreso Belmira y rompe estereotipos
A diario, hace dos o hasta tres viajes dobles desde la Terminal del Norte en Medellín hasta Entrerríos.
Émily Medina no teme ser la única mujer conductora de bus en la flota Expreso Belmira. Tiene 21 años, pero desde los 7 le cogió cariño a los carros grandes cuando junto a su papá, que tenía un camión de carga, salía a hacer el recorrido después de terminar su jornada en el colegio. Su determinación para manejar es igual o más grande que la capacidad que tiene para evadir las críticas en un gremio repleto de hombres, en el que no destaca por su apariencia sino por su trabajo.
Vive en San Pedro de los Milagros con su madre y hermanos, y todos los días se levanta a las 4:00 a.m. para organizarse y salir de su casa rumbo a la Terminal del Norte en Medellín, donde siempre deja parqueado a su consentido. Llega con su uniforme, pero con una chaqueta color beige para contener un poco el frío.
Siendo las 7:15 a.m. empieza a inspeccionar el vehículo, primero por fuera, revisando que no tenga ningún rayón ni detalle extraño. Luego, ingresa al bus en el que lo primero que se observa es el sillín del conductor color rosa, con una tela suave y acolchada, que más allá del tono sirve para evitar la fatiga excesiva de sus labores. Va hasta el último puesto mirando al piso y al techo, cerciorándose de que esté limpio y en perfectas condiciones. Una vez termina con el chequeo de carrocería y estética, sigue con el mecánico.
Prende el bus y el rugir del motor se une al de los tantos ya encendidos en la terminal; deja que su vehículo caliente y mientras eso se fija en el tablero para corroborar que todo esté OK. Al cabo de unos minutos empieza, lentamente, a dar vueltas por el parqueadero para evaluar su marcha, pues a ciencia cierta el verdadero conductor es quien logra identificar, sólo con el oído, si algo está fallando. Así es Émily, detallista y rigurosa.
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Después de una completa inspección, se estaciona en su celda donde de a poco van llegando los pasajeros que van rumbo a San Pedro de los Milagros y Entrerríos. Algunos sólo suben, dan los buenos días y se ubican en su puesto, pero la mayoría, al ver que una mujer es quien los va a llevar a su destino, se sorprenden, pues rara vez —por no decir nunca— se ve a una conductora hacer un trabajo que tradicionalmente ha estado a cargo de hombres. Émily, por su parte, no lo toma a mal, dice que a lo largo del tiempo se ha ido acostumbrando a ese tipo de reacciones.
“En el primer momento que lo ven a uno como que se asustan, no creen que una mujer tan joven sea conductora de bus. Es algo de todos los días; está el que hace el comentario despectivo en voz baja y duda de mis capacidades, pero también el que no le ve ningún problema a que yo maneje”, dice entre risas y muy serena.
El reloj marca las 7:45 a.m. y arranca su ruta. Dice que no puede ser condescendiente con el tiempo porque la exactitud es de lo más sagrado en su trabajo, pues en la puntualidad de cada conductor se traduce el éxito de la operación. Sus manos se ven pequeñas para una cabrilla y una palanca de cambios tan imponentes, pero su capacidad supera cualquier obstáculo. Es de las que respeta su carril y a los demás actores viales, y a pesar de la mala fama de algunos buseros por “atravesados” o “acelerados”, ella prefiere esperar unos segundos antes de ser quien ocasione un accidente, algo que en los años como conductora no le ha ocurrido nunca.
Y es que al escribir “años” pareciera que Émily, apenas con 21, tuviera una amplia experiencia como conductora de bus, y si bien no es así, su trabajo en Expreso Belmira está precedido por otros similares en lo que empezó siendo una jovencita.
Un amor desde la infancia
Mientras que otras niñas entre los 7 u 8 años se interesan más por jugar con sus amigas o tener una colección completa de juguetes de todo tipo, Émily, a esa edad, ya sabía lo que era ir en la cabina de un carro tanque. Su padre era quien lo manejaba, pero ella lo acompañaba cada vez que podía después de salir del colegio.
“Él me sentaba en la silla del conductor y yo sólo me imaginaba cómo sería manejar un carro así de grande. Desde pequeñita adquirí esa pasión”, precisó.
Una vez se graduó como bachiller de la Institución Educativa Padre Roberto Arroyave Vélez, en San Pedro de los Milagros, hizo un estudio en Belleza, que ejerció sólo por un tiempo - y aún lo hace de manera esporádica- sin embargo, su verdadera pasión se inclinaba más por aquello que hacía con su papá, pero ahora quería pasar del rol de espectadora a protagonista.
Empezó a trabajar como auxiliar de transporte en una ruta escolar de un colegio privado en San Pedro. Allí aprendió a convivir con los niños y a entender un poco su comportamiento, algo que iba a ser clave para su siguiente misión. Después de aprender todo lo relacionado con ese cargo dio el salto de auxiliar a conductora, pero esta vez en Entrerríos.
“Era una responsabilidad inmensa, porque transportar niños implica estar pendiente de ellos casi todo el tiempo; que no se paren de las sillas ni tampoco saquen la cabeza o las manos por las ventanillas. Fue algo difícil pero aprendí bastante, lo disfruté mucho”, dijo Émily, quien en ese entonces, si bien ya tenía licencia de conducción, tenía apenas 17 años.
Antes de cumplir los 19 llegó a Expreso Belmira, un ascenso rápido que quizá ni ella misma imaginó una vez empezó su travesía. Si bien ya había manejado bus siempre lo hizo en un sólo municipio, así que era su primera experiencia intermunicipal en un viaje de unas dos horas entre Medellín y Entrerríos. Esa es ahora su ruta predilecta, la que por día, de lunes a viernes, hace dos veces, y los sábados, domingos y festivos, tres. Un arduo trabajo que requiere no sólo de capacidad, sino de disciplina.
En ruta clara y marcha firme
Cuando a Émily se le pregunta si quiere seguir manejando bus no duda en responder que sí. Ese fue uno de sus más grandes anhelos de infancia y ahora que lo cumplió se siente muy bien consigo misma. Muchos, quizá, reprocharán el nivel de sus aspiraciones, no obstante, siendo una joven de apenas 21 años tiene toda una vida por delante para dedicarse a eso e infinidad de cosas más, pues el ánimo no le falta y la habilidad, le sobra.
“Algunos, cuando se bajan del bus, me dicen que manejo muy bien y que no se lo esperaban. Después de todo se dan cuenta que uno sí es capaz”, concluyó, mientras mete el otro cambio para continuar con su recorrido y sueños.