Antioquia

Las Poderosas, las hadas madrinas que regalaron fiesta de quinceaños a siete jóvenes campesinas de San Luis, Antioquia

Un colectivo de mujeres del municipio le devolvió, aunque fuera por una noche, la magia de un cuento de hadas a siete jóvenes que soñaban con una fiesta de quinceaños. Con vestidos, maquillaje, mariachis y toda una comunidad convertida en madrina, Las Poderosas demostraron que, a veces, la calabaza sí se puede volver carroza.

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Periodista de la Universidad de Antioquia. Hago parte del área Metro e investigo temas de ambiente, ciencia y cultura.

14 de septiembre de 2026

Jóvenes que viven en pleno campo, entre el polvo de las veredas y el pantano, se vieron al espejo ese día: ojos delineados, cejas pulidas, labios maquillados, peinados perfectos, vestidos brillantes y coloridos. Era la primera vez que se veían así, con esas pinturas y polvos que realzaban la belleza de cada una. Fue inevitable que a muchas se les salieran las lágrimas.

Como en el cuento, hubo un hada madrina. O, más bien, cientos de ellas. Luz Guzmán, fundadora del colectivo Las Poderosas y también concejala de San Luis, cuenta que la idea nació de una casualidad que se convirtió en obsesión: una de las líderes del grupo le contó que su hija cumplía 15 años en diciembre y que estaba vendiendo boletas para poder ajustar el dinero de la fiesta.

Días antes, Guzmán había visto que otra niña del municipio había cumplido años y solo le habían regalado una torta pequeña y una hamburguesa. “Entonces yo dije: ‘No, yo a esa niña le quiero celebrar los 15”, recuerda.

Lanzaron una convocatoria por video para jóvenes del pueblo. Los requisitos eran que debían ser jóvenes del municipio de San Luis, cumplir 15 años entre mayo y octubre, y ser población de escasos recursos económicos.

Al principio pensaban celebrarle a cinco menores, pero se postularon trece, y ocho cumplían los requisitos. “Nos fuimos con toda y dijimos: ‘No, pues si vamos a vender boletas para celebrarle los 15, echamos más agua a la sopa y le hacemos a ocho'”, cuenta Guzmán.

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La quinceañera que no llegó

Pero no todas las Cenicientas llegaron al baile. Días antes del evento, una de las ocho jóvenes seleccionadas, Karen Garzón, murió en un accidente de tránsito en una vereda del municipio. Luz cuenta que ella era una de las más emocionadas con la noticia de que había sido seleccionada, aunque había dudado en participar porque un mes antes una amiga cercana había fallecido en un accidente similar.

“Ya le teníamos el vestido, el anillo, quién la peinara, quién la maquillara, quién le hiciera las uñas. Le teníamos todo preparado, invitaciones, todo. Eso para nosotros fue superduro”, cuenta Guzmán.

Por eso, de las ocho seleccionadas, la fiesta terminó celebrándose para siete. Pero a Karen, el colectivo decidió no dejarla por fuera del cuento: le hicieron un homenaje. En el recorrido inicial por el parque del municipio, mientras las siete quinceañeras avanzaban a caballo, al frente iba su mejor amiga cargando un retrato de ella, vestida con el traje de 15 años que nunca pudo estrenar, y el ramo que iba a llevar ese día.

Hubo una calle de honor con mariachis, tanto para las siete jóvenes como para el homenaje a Karen. Su retrato estuvo presente en la iglesia y, en la fiesta, se guardó un minuto de silencio en su memoria. El anillo que le tenían preparado fue entregado a su abuela. “La abuela fue la que la levantó”, explica Guzmán.

Un pueblo entero como hada madrina

A diferencia del cuento original, aquí no hubo una sola varita mágica: hubo cientos de manos. “Se vincularon casi todos los comerciantes y emprendedores del municipio. Algunos donaron vestidos, otros anillos, y demás”. Seis artistas y un DJ tocaron gratis. El Ejército aportó carpas y sonido traídos desde el municipio vecino, San Carlos, además de soldados y suboficiales que bailaron con las jóvenes como chambelanes. La Policía, por su parte, colaboró con logística, con la calle de honor y con la seguridad del evento.

La Alcaldía donó los ingredientes para la comida, que prepararon algunas de Las Poderosas. El colectivo también vendió boletas para cubrir el resto: en efectivo, recaudaron 700.000 pesos. Todo lo demás llegó en especie, de puerta en puerta, cuando el colectivo hacía saber qué faltaba. “Nos hacen falta los collares para las quinceañeras, los zapatos”, contaban, y la gente iba y se los compraba directamente a las jóvenes.

Las siete elegidas fueron escogidas por sus necesidades económicas. Varias viven en zonas rurales: una camina cuatro horas desde el casco urbano para llegar a su casa, otra vive en un corregimiento a tres horas de distancia. Sus padres son jornaleros, paneleros, madres solteras, un padre soltero que limpia piscinas para el sustento diario. La casa de una de ellas incluso es de tablas, por lo que un gasto para hacer una fiesta de quinceaños es impensable para sus familias.

La noche del baile

La fiesta se realizó en la finca hotel Guadalupe, a medio kilómetro del casco urbano, propiedad de un comerciante del municipio que prestó el espacio. Las mismas Poderosas —muchas de ellas con experiencia en cocina— prepararon la comida para las 370 personas que asistieron. “Como cada una tenía su tarea delegada, todo nos salió perfecto”, cuenta Guzmán con orgullo.

Hubo pantalla gigante, tarima, sonido y una decoración que, según relata, quedó hermosa. Se presentaron artistas locales, de Medellín, y el ganador de Yo Me Llamo Johnny Rivera, además de varios DJs que animaron una hora loca. Una escuela de baile local ensayó los valses con las quinceañeras, y en la pista, los papás también bailaron con ellas.

Ellas mismas escogieron sus vestidos, su maquillaje y su peinado, a su gusto. “La mayoría nunca se había llegado a depilar las cejas ni a ponerse pestañas. Muchas lloraron cuando se vieron con pestañas y las cejitas depiladas, porque se veían muy hermosas”, cuenta Guzmán. “Los papás lloraban y ellas decían que parecían unas reinas. Estaban muy contentas”.

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A diferencia de Cenicienta, para Las Poderosas la magia no se acaba al filo de la medianoche. El colectivo, que nació hace año y medio a partir del trabajo social de Guzmán, hoy agrupa a cerca de 400 mujeres de San Luis y veredas cercanas. Funcionan bajo una lógica de “juntanza”: si una necesita un mercado, entre todas ponen la libra de arroz. También gestionan procesos educativos, para que las mujeres del colectivo terminen su primaria, su bachillerato o cursen técnicas.

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Bloque de preguntas y respuestas

¿Cómo nació la iniciativa de celebrar los quinceaños a jóvenes de San Luis?
La propuesta fue impulsada por Luz Guzmán, fundadora del colectivo Las Poderosas y concejala del municipio, tras conocer la situación económica de familias rurales que no podían costear la celebración de sus hijas.
¿Qué requisitos se tuvieron en cuenta para seleccionar a las quinceañeras?
La convocatoria exigía residir en zonas rurales o veredas de San Luis, cumplir 15 años entre mayo y octubre, y pertenecer a familias de escasos recursos o dedicadas a labores del campo como la arriería, la panela y el jornal.
¿Qué es el colectivo “Las Poderosas” y cómo opera en la región?
Es una red de voluntariado e integración social fundada en San Luis que agrupa a cerca de 400 mujeres. Funciona bajo la lógica de la “juntanza” para respaldar necesidades alimentarias, acompañamiento emocional y promover la educación formal de sus integrantes.