Cuatro razones que explican por qué es improbable mandar 80 hipopótamos ‘colombianos’ a la India
Aunque un multimillonario quiere llevarse esa cantidad a un santuario para evitar la eutanasia, expertos dudan de que sea viable. Minambiente respondió la petición.
Periodista de la Universidad de Antioquia. Hago parte del área Metro e investigo temas de ambiente, ciencia y cultura.
En medio de la urgencia por controlar la población de hipopótamos en el Magdalena Medio, la propuesta de Anant Ambani —hijo del hombre más rico de Asia— de recibir 80 ejemplares en su santuario Vantara llegó como una epifanía para los sectores animalistas que se oponen al plan de eutanasia del Gobierno.
Sin embargo, la comunidad científica y las autoridades advierten que este traslado, además de ser una operación logística sin precedentes, no detendrá el crecimiento exponencial de la especie ni resolverá la crisis ecológica.
La ministra de Ambiente, Irene Vélez, también le respondió al magnate indio. Dijo que la traslocación de especímenes no solo requiere la voluntad de privados, sino que necesita permisos y autorizaciones gubernamentales, en cumplimiento estricto de las convenciones internacionales sobre biodiversidad ratificadas por Colombia
Ambani es hijo menor de Mukesh Ambani, presidente de Reliance Industries y hombre más rico de la India, con un patrimonio familiar superior a los 100.000 millones de dólares. Entre sus proyectos está Vantara, un santuario de fauna exótica que ocupa un espacio equivalente a 276 veces el Movistar Arena de Bogotá en la costa occidental de la India. El complejo cuenta con tecnología médica de punta, personal disponible las 24 horas y biólogos que documentan en redes sociales el cuidado diario de los animales.
Pareciera el sitio ideal para los gigantes del Magdalena Medio. Pero la capacidad financiera que desborda Ambani no es ni la solución mágica ni la única dificultad. Expertos consultados por EL COLOMBIANO identificaron al menos cuatro razones por las cuales el plan es insuficiente.
1. El traslado no detendría la reproducción
Aunque se movieran los 80 individuos que propone Ambani, los más de 120 que quedarían en Colombia seguirían reproduciéndose a una tasa superior al 9% anual.
Sería un respiro temporal: la población remanente recuperaría esas cifras en pocos años si no se aplican medidas letales en paralelo. Los modelos científicos del biólogo Germán Jiménez y otros investigadores indican que retirar toda la población del Magdalena Medio, solo mediante traslocaciones, tomaría entre 40 y 100 años, tiempo que el ecosistema no tiene.
2. El proceso legal para sacarlos es el primer muro
Colombia, como país de origen, debe expedir un permiso de exportación que solo se otorga si el país receptor avala oficialmente la entrada. El proceso puede tomar años y no tiene garantía de éxito. En el caso de México, Colombia hizo la solicitud de permisos ante la CITES (Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres) y dos años después recibió un rechazo, con el argumento de que la llegada de los hipopótamos pondría en riesgo la biodiversidad.
La India, por su parte, ya ha tenido roces con la CITES por irregularidades en el propio Vantara, informó Reuters.
Según el biólogo Rafael Moreno, el principal freno son los compromisos legales de Colombia bajo el Convenio sobre la Diversidad Biológica, que obliga a los países firmantes a no fomentar la dispersión de especies invasoras.
En medio de este panorama, el Ministerio de Ambiente estableció comunicación directa con el Gobierno de India, buscando establecer si las autoridades sanitarias de ese país ya están informadas de la propuesta planteada por el centro Vantara, si esa organización privada tiene permisos para introducir esas especies y si puede garantizar manejar correctamente a los hipopótamos en caso de trasladarlos.
3. La captura de los 80 es un reto descomunal
Colombia ya tiene experiencia en traslocaciones, pero a escala nacional. David Echeverri, jefe de gestión de biodiversidad de Cornare, explica que la entidad ha logrado ubicar hipopótamos en zoológicos colombianos —el Jaime Duque, Santa Cruz, Ucumarí, Nápoles y Los Caimanes— y gestionó la primera solicitud CITES internacional hacia Ecuador, donde el zoológico Pantanal de Guayaquil estaba dispuesto a recibir dos ejemplares y a pagar el transporte. “Ya hemos demostrado que se puede, solamente es despejar el tema del CITES”, asegura Echeverri.
Pero una cosa es trasladar dos hipopótamos y otra muy distinta es hacerlo con 80. “80 hipopótamos lo veo como un reto gigantesco, descomunal”, dice Echeverri. Lo que sí considera viable es un proceso gradual: “Se pueden ir capturando, ir sacando, ir enviando. Eso sí, lo veo posible en la medida en que ya hemos demostrado que es posible”.
El problema es que capturarlos no es sencillo. Los hipopótamos son territoriales y agresivos, y al ser semiacuáticos, el dardeo es peligroso: si el animal huye al agua sedado, se ahoga. Se requiere un proceso lento de atracción con cebo hacia corrales de manejo. Ninguno tiene GPS. Perseguirlos puede volverse infructuoso porque su movilidad acuática les permite escapar con facilidad. Jiménez estima que solo la captura costaría 5 millones de dólares.
4. El transporte puede matar a la mitad
Superada la captura, viene el reto de mover animales que pesan entre dos y cinco toneladas y miden hasta cinco metros. Un camión de carga estándar puede llevar entre 25 y 35 toneladas; un avión carguero, hasta 112. Con el peso de los animales más las jaulas, el equipo médico y los suministros, cabrían cerca de cinco hipopótamos por vuelo.
El mayor peligro es la anestesia. Los hipopótamos silvestres no han recibido medicamentos antes, y los opioides disociativos necesarios para transportarlos resultan muy potentes para su organismo. En los procedimientos quirúrgicos solo pueden permanecer sedados entre 40 y 50 minutos: más tiempo implica riesgo de bradicardia —el pulso cardíaco cae a niveles que pueden provocar un paro—, hipotermia, o que el propio peso del animal aplaste sus pulmones.
“En un viaje de esas características puede llegarse a morir hasta el 50% de los animales por el estrés, el movimiento y todas las características morfológicas y fisiológicas”, advierte Jiménez. Y eso en un vuelo de 26 a 28 horas entre Colombia y la India. Un barco, que tardaría entre 30 y 50 días, no es siquiera una opción.
Al llegar, los animales deben cumplir una cuarentena estricta y, según los protocolos internacionales, ser esterilizados para evitar que se conviertan en una nueva especie invasora en el país receptor.
Un capricho de multimillonario trajo los primeros cuatro hipopótamos a Colombia. Otro quiere llevarse 80 al otro lado del globo. Pero ese traslado no garantiza su bienestar ni resuelve la crisis. Para Cornare y los científicos consultados, la traslocación puede ser parte de la solución, pero no toda. Sin aplicar otras medidas en paralelo, lo que Ambani propone es sencillamente mover la bomba de tiempo de un continente a otro.
El santuario ha sido cuestionado
Vantara —que significa “estrella del bosque”— es un complejo de fauna exótica de unas 1.200 hectáreas ubicado en Jamnagar, estado de Gujarat, en la costa occidental de la India.
Es propiedad de Anant Ambani, hijo menor de Mukesh Ambani, el hombre más rico de Asia. El santuario alberga miles de animales rescatados de situaciones de maltrato, entre ellos elefantes y grandes felinos.
Cuenta con tecnología médica de punta, personal disponible las 24 horas. Sin embargo, en 2023 fue señalado por Reuters de irregularidades ante la Cites, el organismo internacional que regula el comercio de especies silvestres.