Sobre-vivir: ver el cuerpo entre la historia y el arte en la nueva exposición del Museo de Antioquia
El pasado sábado el Museo de Antioquia inauguró la exposición Dramaturgias de la existencia [sobre-vivir]. Estará abierta hasta septiembre.
Periodista. Magíster en Estudios Culturales de la Pontificia Universidad Javeriana. Ha escrito en diferentes medios de comunicación colombianos como VICE, Pacifista, El Espectador y El Colombiano.
Al cuerpo lo atraviesa todo: el amor, la enfermedad, las violencias, las expectativas, las palabras, la ley, los otros. Eso es lo que se ve (y se siente), en Dramaturgias de la existencia [sobre-vivir], la exposición recién inaugurada en el Museo de Antioquia, con la curaduría de Érika Martínez Cuervo y el diseño expositivo de Natalia Pérez-Orrego.
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“Los cuerpos han sido el territorio de significación más eficaz para la historia, todas las atrocidades de los poderes han sido inscritas en las pieles y en los espíritus de los más rebeldes; y sin falta, esos cuerpos sujetados, dependientes, categorizados, oprimidos se han resistido: basta un grito o un gemido, incluso un silencio sublime: no hay nunca un sometimiento absoluto”, escribió Érika Martínez Cuervo en el texto curatorial.
La exposición se construyó con base en un diálogo entre obras que hacen parte de la colección del museo y de artistas invitados. Desde Fernando Botero, Ethel Gilmour, Maripaz Jaramillo, Enrique Grau, Antonio Caro, Beatriz González Aranda hasta Astrid González, Pablo Mora Ortega, Federico Ríos Escobar, Libia Posada y más.
Son más de 10 artistas. Hay dibujos, grabados, pinturas, fotografías e instalaciones, y también hay poesía y palabras por las paredes que activan las imágenes. Hay objetos (espejos que son butacos), que cambian la perspectiva, hay paredes que se pueden tocar con la mirada. Hay veces en las que está el cuerpo, otras se insinúa, pero se siente siempre.
– A mí este presente me está jodiendo mucho, estoy muy confrontada, esa idea de volver al conservadurismo, todo esto de devolvernos en términos de alcances de derechos humanos, la falta de contexto de tantas personas... Lo que se me ocurrió fue teatralizar esas ideas, ponerlas en escena, pensar la vida como una dramaturgia, estamos en el acontecimiento que es la vida en este escenario que es el mundo –dice Érika, mientras recorre la exposición, el día antes de la inauguración.
La exposición muestra el cuerpo como discurso. Atravesado por el peso de las palabras, pero también la pérdida de peso de las palabras, la ausencia de significado, y en ese desbalance da cuenta de este acontecer frenético, del colapso que se anticipa, que se siente.
“En esta temporalidad, que con cierto temblor denominamos presente, hemos caído en un estado de extrañeza que nos sobrecoge, son nuestros cuerpos que se resienten y son los que revelan la incertidumbre que produce existir y ser testigos de ese espacio- tiempo al que, de manera inevitable, estamos sujetos. Estamos todos estos cuerpos habitando este mundo y eso no es un hecho menor: “estar acá” y “estar vivos” es un desafío y a su vez –paradójicamente-- una coyuntura a la que no podemos escapar”, escribió Érika.
Puede ser que uno no lea el contexto, que no lo entienda, pero el cuerpo no escapa, siente el rigor. La exposición revela eso, que aquello que no alcanza las palabras, se aloja por dentro. Las obras descubren esas sensaciones, son como un espejo.
–Hay un cambio en el gesto y en la postura de los asistentes para que se pueda encontrar con las obras desde esa potencia de lo corporal. Las obras en sí mismas ya tienen unos discursos muy potentes, lo que quisimos hacer con esta disposición espacial fue generarle espesor –dice Natalia Pérez-Orrego, encargada del diseño expositivo.
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