Estas son las 16 curules clave que definirán la balanza para De la Espriella en el Congreso
Las mayorías no responden a la disciplina de los partidos. Aunque el gobierno entrante arranca con un bloque importante de apoyo en su coalición, necesitará negociar con “los de siempre”, que han demostrado cambiar de posición según las circunstancias.
Periodista de la Universidad del Rosario con mención en Sociología y estudiante de Maestría en Comunicación y Marketing Político. Ha trabajado en medios como Infobae y El Tiempo en secciones de Actualidad, Bogotá y Política. Más rola que el ajiaco. Le gusta el café, viajar y bordar.
El gobierno entrante de Abelardo de la Espriella tendrá que negociar con congresistas que no están en su coalición del gobierno. Quedó demostrado el 20 de julio pasado en el Senado: la elección de Honorio Henríquez (Centro Democrático) como presidente de la corporación, imponiéndose a Alfredo Deluque (Partido de la U e impulsado por el gobierno entrante), dejó claro que las lealtades partidistas no son inamovibles.
Esa votación demostró que el Legislativo reclama ser un poder independiente, pero que igual tiene puentes sólidos con Abelardo de la Espriella. De hecho, en el Senado prosperó con 55 votos a favor (y 32 en contra) la proposición de Enrique Gómez para que la posesión presidencial se realice en el Cauca, una señal de que las alianzas se recomponen un proyecto a la vez.
“Colombia eligió un Congreso fragmentado, competitivo y altamente sensible a la representación política”, resume un análisis reciente de la firma Orza. “Las mayorías dependen de acuerdos sucesivos, capacidad de priorización y administración permanente de las expectativas partidistas y regionales”, agrega.
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Los “partidos bisagra”
El nuevo Senado quedó integrado por 103 congresistas. El bloque declarado de gobierno reunirá, en principio, 37 senadores: Centro Democrático, Cambio Radical y Salvación Nacional ya se declararon de gobierno; a estos se sumarían los tres de Mira —que ya votaron a favor de que la posesión sea en el Cauca y habrían acompañado a Deluque—. Hasta ahí hay más o menos “obediencia” de bancada.
A estos podrían sumarse otros cinco congresistas “dispersos” en partidos tradicionales que mantendrían el respaldo que dieron al hoy presidente electo durante campaña, como el mismo Deluque.
La oposición declarada, por su parte, suma 26 curules entre el Pacto Histórico y la curul que Iván Cepeda ocupa por el Estatuto de la Oposición. A ese número podrían añadirse senadores verdes que respaldaron a Cepeda en segunda vuelta y los senadores indígenas.
Quedan 37 curules en partidos que todavía no formalizan su posición o que podrían optar por la independencia. EL COLOMBIANO conoció que La U solo tendría pendiente una reunión formal para declararse de gobierno, y algo similar ocurriría con los conservadores, que tienen cita este martes para decidir si se suman o se mantienen independientes.
Pero, como advierten varias fuentes consultadas, lo que decida el partido pesa cada vez menos en el comportamiento individual de sus congresistas.
Si los ocho senadores de La U y los nueve conservadores —sin contar a Wadith Manzur que está preso mientras avanza su caso por presuntamente estar involucrado en el saqueo a la UNGRD— se incorporan al bloque oficialista, la coalición llegaría a 54 votos, una estrecha ventaja. Aun así, las declaratorias de partido no son garantía.
El tramo final de cualquier mayoría dependerá, entonces, de los congresistas independientes y de los partidos “bisagra”: liberales, Alianza por Colombia (Verdes, ASI y En Marcha) y, aunque se declaren de gobierno, conservadores y La U.
En la Cámara de Representantes el panorama es parecido: 53 curules confirmadas a favor del gobierno (Centro Democrático, Cambio Radical, Salvación Nacional y 11 de las 16 curules de paz) frente a 42 de oposición, con 88 curules todavía sin posición definida.
El Gobierno parte con una base relevante, pero insuficiente para tenerla a su favor. No obstante, la Cámara —pese a su dispersión— se ha mostrado históricamente más afín a quien gobierna. “La elección de presidentes lo dejó ver: el Senado es más rebelde, mientras que en la Cámara hay menos independencia”, resumió a este medio un congresista que pidió no ser identificado.
Aunque hay bloques con identidad política clara, lo cierto es que el gobierno se enfrenta a un Congreso “ingobernable”.
“Partidos bisagra e integrantes de los mismos, así se declaren de gobierno, son los que pueden darle la espalda al presidente electo. Vienen acostumbrados a un clientelismo, una mermelada, una burocracia. Y eso lo integran liberales y La U.
Ellos van a pretender tener los espacios de poder, toda esa representación que les dio el gobierno actual. Aunque esos partidos han dicho manifestar cercanía, son los primeros que pueden tratar de generar algunos reveses”, le dijo a este diario el exsenador de Cambio Radical, Carlos Fernando Motoa.
Los “indecisos”
Del liberalismo suenan nombres como la antioqueña María Eugenia Lopera, Fabio Raúl Amín o Yessid Pulgar, aunque el rasgo que más caracteriza al partido, dicen quienes lo conocen, es su tendencia a declararse en independencia.
Durante el cuatrienio pasado Lopera —a quien el 8 de marzo el presidente Petro felicitó por su elección— apoyó de forma consistente las reformas del gobierno saliente, al punto de que el partido la habría sancionado por romper la disciplina de bancada tras votar a favor de la reforma de la salud. La congresista aseguró en Caracol Radio que no le habían dado nada a cambio por su voto: “Lo hice con total convicción, no tengo nada de que arrepentirme”.
Fabio Raúl Amín, en cambio, ilustra un patrón distinto: a veces sigue a su bancada y a veces no. Se volvió aliado del gobierno Petro en el Congreso y respaldó su reforma política, además de la laboral, la pensional y la reforma agraria, pese a que en las elecciones presidenciales de 2022 había apoyado la candidatura de Federico Gutiérrez en Córdoba. Con el triunfo de Petro, sin embargo, Amín se convirtió en aliado dentro del Congreso.
En 2023, la Corte Suprema abrió una indagación previa contra él y otros 18 congresistas liberales, por presuntamente tener cuotas burocráticas en el Fondo Nacional del Ahorro a cambio de apoyar las apuestas legislativas del gobierno. Con todo, en la más reciente elección de mesas directivas salió a respaldar la candidatura de Alfredo Deluque a la presidencia del Senado, en lo que se leyó como un guiño hacia el gobierno entrante.
Yessid Pulgar, aunque apenas empieza su carrera en el Congreso, ya mostró disposición a moverse: confirmó su respaldo a la candidatura presidencial de Paloma Valencia y hasta se le vio en tarima con ella, pese a que días antes, durante su campaña al Senado, el propio Roy Barreras había pedido votar por Pulgar, asegurando que “era su amigo”. El representante por la curul afro, Óscar Benavides, llegó a señalarlo como uno de los “títeres” de su hermano Eduardo Pulgar, quien fue condenado por tráfico de influencias y cohecho.
El poder de los godos
Entre los conservadores, el nombre que más ruido genera es el del reelecto Wadith Manzur, hoy en la cárcel mientras avanza su caso. Se le señala de haber condicionado su voto en la Comisión Tercera a cambio de la asignación de recursos y contratos de la UNGRD a personas específicas.
Vale la pena recordar que el Partido Conservador dejó de ser oficialmente partido de gobierno en mayo de 2023, cuando se declaró en independencia de la administración Petro, después de haberse sumado a la coalición oficialista en 2022. Y esa ruptura habría llegado tras la salida de sus cuotas en el gabinete.
Por cuenta de la aprobación de la reforma pensional, en noviembre de 2024, la Veeduría Nacional del Conservador sancionó a siete congresistas de esa colectividad, sin voz ni voto por 90 días. Entre ellos, Daniel Restrepo, quien dio el salto de la Cámara al Senado y a quien se considera heredero político de Carlos Trujillo, en Antioquia.
Otro es el caso del senador Miguel Ángel Barreto, a quien su propio primo, el también político Óscar Barreto, le pasó cuenta de cobro por abstenerse de votar en contra de la consulta popular que impulsó el presidente Petro.
“¿Cómo uno viene y le dice a los ciudadanos que representamos una ideología en el marco del partido, y voy al Congreso y apoyo a un gobierno de izquierda (...)? Eso no es coherente”, le reprochó. Junto a Trujillo y a Barreto, Diela Liliana Benavides Solarte también se abstuvo de votar en la consulta popular.
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“Un giro en U”
Por el lado del partido de La U son varios los que cambian constantemente de opinión. Wilmer Carrillo —condenado en primera instancia por un caso de cuando era secretario de infraestructura de Norte de Santander— evitó votar en contra de varias de las principales propuestas del presidente Petro: y hasta votó a favor de la reforma pensional. Después, en plena campaña, habría colaborado con la logística de un evento en Cúcuta para Paloma Valencia, una de las voces más críticas de la reforma que él mismo respaldó.
Otro de los nombres es el de Alfredo Deluque, que se autodefinió recientemente como un “opositor racional” del gobierno Petro: habría votado a favor de proyectos como la ley de paz total.
Hoy es amigo personal de Abelardo de la Espriella, y hace diez años respaldó también el acuerdo de paz de La Habana —el mismo que es blanco de críticas por parte del nuevo gobierno—. Su partido en campaña se declaró a favor de Paloma Valencia, pero Deluque dejó ver que su intención era respaldar a De la Espriella.
De La U, John Besaile —condenado en primera instancia de cuando era secretario del Interior de la Gobernación de Córdoba— fue de los que también hizo campaña por Paloma Valencia. Sin embargo, como congresista dio el sí a la reforma pensional. Hacia el final de la legislatura, y de cara al panorama electoral de 2026, su posición se fue alejando del oficialismo.
Y está Antonio Correa, que suele tener una postura consistente pero distinta a la de su partido: se mostró a favor del gobierno Petro en la mayoría de sus iniciativas. Y alegó objeción de conciencia para poder declarar abiertamente su apoyo a Iván Cepeda durante la campaña.
“Se instala el Congreso y los tradicionales van a hacer lo que siempre han hecho: buscar control acomodándose al poder de turno”, señaló Andrés Sampayo, doctor en Estudios Políticos del Rosario.
El otro caso es el de la Alianza Verde, que actuará como rueda aparte. Aunque en bloque respaldó la candidatura de Cepeda y buena parte de los proyectos de Petro, algunas de sus figuras podrían coincidir con posturas del nuevo gobierno. Lo mismo que otros liderazgos en coaliciones que serán independientes.
La gobernabilidad aún está en proceso. El Gobierno contará con el respaldo de sus aliados más cercanos, buscará sumar a La U y al Conservador y tendrá que negociar permanentemente con los liberales y los partidos de centro.
Bloque de Preguntas Frecuentes (FAQ)
- ¿Qué es un “partido bisagra” o indeciso en el Congreso de Colombia?
- Son colectividades políticas (como el Liberal o La U) que no se alinean completamente con el gobierno ni con la oposición. Su voto decide la aprobación o rechazo de reformas clave al inclinar la balanza en votaciones apretadas.
- ¿El gobierno de Abelardo de la Espriella tendrá mayorías en el Congreso?
- El gobierno De la Espriella tendría que negociar proyecto por proyecto mediante concesiones o burocracia regional. Sin una coalición sólida, las reformas corren riesgo de ser modificadas sustancialmente o archivadas.
- ¿Qué sanción tienen los congresistas que rompen la disciplina de bancada?
- Según la Ley de Bancadas y los estatutos internos, los partidos pueden sancionar a sus miembros con la pérdida temporal del derecho a voto dentro de la corporación o la suspensión de avales para elecciones futuras, pero a veces no lo hacen para ahorrarse líos internos.