El Cairo, el pueblo del Valle que el terremoto casi borra: cerca del 90% de las casas están afectadas
En la cordillera Occidental se encuentra un municipio declarado Paisaje Cultural Cafetero. EL COLOMBIANO estuvo en la zona y habló con sus habitantes. Hasta allí también llegó el presidente De La Espriella, quien anunció ayudas inmediatas.
Periodista y productor de archivo. Egresado del programa de comunicación social de la Universidad Santiago de Cali y actual estudiante de la Maestría en Producción de Narrativas Históricas de la Universidad Externado. Ha trabajado en medios como El País Cali, Séptimo Día de Caracol Televisión y Vorágine. Co-investigador en la serie documental “Garavito: la bestia serial”, de Discovery. Caleño amante de la salsa y el pandebono sin bocadillo. Correo: andresCb@elcolombiano.com.co
El polvo está en todas partes. Flota en el ambiente, se acumula sobre las calles y vuelve gris buena parte del paisaje.
Los bomberos voluntarios intentan mantener húmedo el suelo para evitar que las partículas se levanten y se dispersen. Por estos días, la neblina mañanera, a 1.800 metros sobre el nivel del mar, no es la protagonista. Mientras ellos trabajan, los habitantes hacen lo propio frente a sus casas: escoba en mano, barren los restos de las viviendas, recogen pequeños pedazos de ladrillo, cemento, tejas y otros materiales que quedan regados después del terremoto.
Es una escena de emergencia, pero también de supervivencia. Cada familia parece intentar recuperar, aunque sea con una escoba, una pequeña porción de lo que ha perdido. En algunas calles, las volquetas y las retroexcavadoras avanzan entre los daños para despejar las vías.
El ruido de las máquinas se mezcla con el de las conversaciones de los habitantes y con las instrucciones de quienes coordinan las labores. En la Alcaldía, mientras tanto, el alcalde encargado Carlos Castro Correa y su gabinete permanecen reunidos a puerta cerrada.
Allí se toman decisiones sobre cómo responder a una emergencia que desborda la rutina de un municipio acostumbrado a otros problemas, pero no a ver tantas viviendas afectadas al mismo tiempo. Afuera, la vida continúa. O eso intentan los pobladores. Castro Correa reemplaza en el cargo a Orlaín Salazar, judicializado en mayo de 2025.
La emergencia, de acuerdo con los datos oficiales, dejó tres personas fallecidas y cuatro heridas. Las víctimas mortales fueron identificadas como Sandra Milena Molina Martínez, quien murió tras ser alcanzada por un muro mientras se dirigía al colegio a rescatar a su hermana; Leonor Paneso de Marín, quien falleció luego de que una placa de concreto cayera sobre su vivienda; y Luis Gonzaga Bermúdez Jiménez, quien murió en el hospital después de resultar gravemente herido por la caída de un muro.
Al llegar se ven casas colapsadas, fachadas agrietadas y familias que todavía no saben qué será de sus viviendas. En El Cairo, Valle del Cauca, cuyo origen se remonta al movimiento migratorio de la colonización antioqueña de comienzos del siglo XX, la emergencia continúa.
Entre escombros, ollas comunitarias, perros callejeros y niños que vuelven a jugar, el pueblo intenta recuperar una normalidad que todavía parece lejana. EL COLOMBIANO llegó a este municipio del noroccidente del Valle del Cauca, empotrado en un filo de la cordillera que cruza en medio de los límites con San José del Palmar, Chocó, epicentro del terremoto de 7,4.
Es un pueblo de 950 casas, 850 de ellas con afectaciones de algún tipo tras el sismo. La escena por estos días es distinta a la que uno suele imaginar cuando escucha hablar de este municipio de montaña, reconocido por su paisaje cafetero y por el valor de su arquitectura y entorno. De eso ya no queda mucho.
Exactamente dos días después del temblor, el miércoles, El Cairo huele a polvo. Por buena parte de sus calles hay viviendas colapsadas, otras con enormes grietas, algunas destechadas y varias con pedazos de sus fachadas coloridas desprendidas. En varias casas el daño es evidente desde la distancia. En otras, las fisuras parecen advertir silenciosamente que todavía hay que tener cuidado y que es mejor no acercarse.
“No se olviden de nosotros”
En José Danilo Bedoya Cardona y Yumedis Sáenz Bedoya, dos de los sobrevivientes del terremoto, se concentra buena parte del drama humano en El Cairo: dos historias distintas, pero atravesadas por el mismo miedo de perder la vivienda que durante años construyeron. Y claro, la incertidumbre de no saber cómo volver a empezar.
Don José recuerda el sismo como si fuera “el fin del mundo”. Tiene una discapacidad física en uno de sus pies y, cuando comenzó a temblar, el miedo lo paralizó en la cama, recuerda. Por unos segundos temió no poder levantarse ni escapar si la vivienda colapsaba. Por fortuna, la puerta de su habitación no cerraba.
José Danilo logró salir a la calle corriendo, apenas vestido con su ropa interior. Desde la acera, asustado y descalzo, vio cómo los objetos cayeron y cómo las paredes de su casa empezaron a llenarse de grietas. Él y el joven al que le alquilaba la planta baja salieron ilesos, pero la vivienda quedó gravemente afectada y con riesgo de colapso.
Hoy entrar allí da miedo. La tragedia también golpea la casa de al lado, la que sus padres les dejaron como herencia a él y a su hermana. Los daños son tan severos que ella tiene que desalojarla.
En la misma cuadra, el terremoto deja una escena todavía más dramática: una vivienda de tres pisos se vino abajo por completo y entre los escombros quedaron sepultados un carro y una motocicleta. Varias gallinas y gallos murieron ahí.
Pero la historia de Yumedis Sáenz comenzó de otra manera. Ella no estaba en casa cuando ocurrió el sismo. Había salido a dar el pésame por la muerte de un familiar del papá de su hijo, como si la muerte la acechara o, tal vez, la protegiera.
Al enterarse del terremoto, regresó corriendo. Pero cuando llegó, las puertas de su vivienda estaban completamente atrancadas. Después de abrirlas, encontró el desastre. El techo y el cielorraso se habían desplomado, las paredes y los pisos estaban agrietados, los ventanales estaban averiados y un muro de la parte trasera se había derrumbado.
Sus perros se escondieron debajo de la cama, temblando de miedo y sin querer salir. Para Yumedis, la pérdida tiene el peso de una deuda. Apenas tres años atrás había renovado por completo su vivienda con préstamos bancarios que todavía está pagando.
Sus hijos, que trabajan en Bogotá, emprendieron el viaje hacia El Cairo apenas recibieron la noticia. Mientras los espera y habla con este diario, Yumedis mira lo que queda de su casa y se aferra a lo poco que el terremoto no derrumbó: la esperanza y su fe.
Hasta su altar cayó. Las imágenes de la Virgen de Guadalupe y San Gregorio terminaron en el suelo. Pero ella agradece estar viva y pide a la gobernadora del Valle, Dilian Francisca Toro, y al presidente De la Espriella, que no se olviden de El Cairo: “todos somos una misma familia”.
El terremoto en esa zona no solo agrietó las estructuras físicas del municipio, sino que fracturó profundamente el corazón de su comunidad al cobrarse vidas valiosas y dejar vacíos irreparables.
La tragedia esconde muchos rostros. Los de Sandra y doña Leonor, por ejemplo. Dos mujeres cuyas trágicas muertes durante el sismo muestran el dolor de la pérdida repentina, pero también la inmensa solidaridad de un pueblo que se unió en medio de la peor de las desgracias para apoyarse.
Sandra, una joven ama de casa que pasó toda su vida en El Cairo —donde cursó sus estudios de primaria y bachillerato—, encontró la muerte en un acto de amor. Diego Jiménez, uno de los familiares de ella, le contó a EL COLOMBIANO que en el instante en que la tierra comenzó a temblar, su instinto fue salir a buscar a su hermana para asegurarse de que estuviera a salvo. Lamentablemente, en medio de la confusión del sismo, el muro externo del colegio colapsó y cayó directamente sobre ella.
Y la partida de doña Leonor apagó la luz de una de las almas más alegres del municipio, una madre de siete hijos que dedicaba sus días a bailar y a viajar con su grupo de adultos mayores. Al momento del sismo, Leonor intentaba evacuar la planta baja de su vivienda, pero la estructura de la cocina colapsó y una pesada placa de concreto del techo la sepultó.
“Solo recuperamos la ropa”
El Cairo está lleno de perros. Uno aparece en una esquina. Otro cruza el parque. Un tercero camina entre las calles. Después aparece otro. Y otro más. Hay muchos. Pregunto por qué tantos perros deambulan por el pueblo.
Un habitante del lugar cuenta una explicación que él mismo presenta como teoría: durante la pandemia, muchas personas habrían adoptado perros y, posteriormente, algunos habrían sido abandonados y quedado a su suerte en El Cairo. Hoy esos animales forman parte del paisaje cotidiano. Y, en medio de la tragedia, también parecen cumplir una función inesperada: son compañía.
Para quienes perdieron parte de sus casas, para quienes pasan el día esperando noticias sobre el estado de sus viviendas y para quienes todavía tienen miedo de entrar a ellas, acariciar a un perro, alimentarlo o simplemente verlo caminar puede convertirse durante unos minutos en una forma de distraerse de la tragedia. Mientras el pueblo intenta reconstruirse, los perros recorren sus calles como si también hubieran terminado convertidos en habitantes de esta emergencia.
Pero detrás de esas escenas cotidianas hay historias de familias que, en cuestión de segundos, lo perdieron casi todo. Es el caso de Daniel Álvarez, quien había comprado una casa de una sola planta apenas seis meses antes del sismo.
Hoy, frente a él, quedan solo los escombros de lo que hasta hace pocos días era su hogar. Allí vivía junto a su esposa y sus dos hijastras. Por fortuna, ninguno de los cuatro se encontraba dentro de la vivienda cuando ocurrió la catástrofe.
A las 7:34 a.m. del lunes pasado, la esposa de Daniel se encontraba hospitalizada debido a una incapacidad médica, y sus dos hijastras estaban en el hospital cuidando de ella. Él ya había salido de la casa y el temblor lo sorprendió mientras estaba trabajando.
Segundos después, Daniel decidió regresar solo a la propiedad con la esperanza de encontrar su residencia en pie. “Solamente recuperamos la ropa nomás, la ropa y la herramienta para poder seguir trabajando y seguir adelante, con el poder de Dios”, agrega el hombre mientras con pala y pico sigue removiendo escombros de lo que era su casa; tenía tres cuartos, mientras que la cocina y los baños se ubicaban en la parte trasera. Aunque estos últimos eran “los únicos espacios construidos con material rígido, también se derrumbaron por completo”.
Su petición a las autoridades y ciudadanía que quiera ayudarlo es que, ante la pérdida total de su vivienda, se les suministren materiales y maquinaria que les permitan remover los escombros y reconstruir su hogar desde cero.
El Cairo intenta levantarse de la tragedia. Este viernes, el presidente Abelardo De La Espriella visitó el municipio y anunció apoyos inmediatos. En el pueblo, uno de por sí ya olvidado, se sintió el peso del Estado.
“Es la primera vez que un presidente está aquí. El Cairo no está solo”, dijo el primer mandatario, que lleva varios días visitando las poblaciones más afectadas.
“Todas las viviendas están afectadas un cien por ciento”
Detrás de fachadas que parecen intactas, El Cairo enfrenta daños estructurales en viviendas tras el sismo.
El alcalde encargado, Carlos Alberto Castro Correa, en diálogo desde el lugar con EL COLOMBIANO, reveló que el pueblo está “afectado en un 100 %” y que prioriza la recuperación de las casas sobre otros proyectos de inversión.
“Todas las viviendas están afectadas un cien por ciento. Usted las ve muy, muy bien por dentro, pero usted entra y ve problemas de los baños, ve problemas de los techos, ve problemas de la fachada, ve problemas de las paredes”, explica Castro Correa.
Por eso, anuncia que $3.500 millones que estaban destinados a un mirador turístico serán redireccionados al mejoramiento de viviendas, con el aval de la Alcaldía y el Concejo Municipal.
A estos recursos se suman otros $500 millones con los que, dice, se comprometió la gobernadora del Valle, Dilian Francisca Toro, para una bolsa inicial de $4.000 millones. La prioridad son materiales como hojas de zinc, madera, listones, tablas y otros elementos.
“Queremos prontamente solucionar el inconveniente de las personas que tienen problemas con los techos. ¿Por qué? Porque, gracias a Dios, estamos en verano, pero posiblemente puede caer un aguacero”, dijo el alcalde (e) de El Cairo.
Para acelerar las obras, el municipio avanza en la declaratoria de calamidad pública y urgencia manifiesta. El censo casa por casa avanza de manera gradual: de unas 850 viviendas, hasta ahora se han verificado alrededor de 250.
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Bloque de preguntas y respuestas:
- ¿Cuáles fueron los daños que dejó el terremoto en El Cairo, Valle del Cauca?
- De las 950 casas que conforman el municipio, 850 resultaron con afectaciones como colapsos totales, fachadas destruidas, techos caídos y grietas estructurales severas.
- ¿Cuántas personas fallecieron y resultaron heridas en El Cairo tras el sismo?
- Las autoridades oficiales reportaron tres víctimas mortales (Sandra Milena Molina Martínez, Leonor Paneso de Marín y Luis Gonzaga Bermúdez Jiménez) y cuatro personas heridas.
- ¿De cuánto fue la magnitud del terremoto y dónde estuvo el epicentro?
- El movimiento telúrico registró una magnitud de 7,4 y su epicentro se localizó en el municipio de San José del Palmar, en el departamento del Chocó.