Colombia

La historia del niño de 13 años que rescata en Pereira

Con tan solo 13 años, Juan Pablo Sánchez Espinel, ‘el topito de Colombia’, ha estado al frente en labores de rescate.

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Comunicador social-periodista de la Universidad del Quindío y magíster en Hermenéutica Literaria de la Universidad Eafit. Sus textos han aparecido en revistas como Gatopardo, El Malpensante, Soho, Don Juan y Arcadia. Autor de los libros Volver para qué (Eafit, 2014) y La fuerza de esta voz (Tragaluz, 2022).

hace 5 horas

Entre los rescatistas que atienden la emergencia del barrio Providencia, de Pereira, hay un niño particular, tiene 13 años, viste sudadera, camiseta y tapabocas. Se presenta: mucho gusto, yo soy Juan Pablo Sánchez Espinel, el topito de Colombia. Es, lo que llamaríamos en buen paisa, un “entrador”, te cuenta su historia rápido y con gran lenguaje y simpatía.

Cuando empezó el terremoto dormía en su casa del barrio San Luis, sobre la vía a Armenia. Al principio no le dio importancia.

—Empieza todo a sacudirse maluco. Yo dije: “Es un temblorcito”. Cuando empieza todo a crujir y dije: “No, esto es un terremoto”.

Salió a la calle junto con su madre. Ninguno de los dos resultó herido, y la casa tampoco sufrió daños graves. Cerca de allí, sin embargo, encontró el primer indicio de lo que venía: el techo de La Fonda, una tienda del barrio, se había derrumbado. Se quedó ayudando a sacar escombros del lugar.

Mientras trabajaba en San Luis, Juan Pablo fue a la casa de su abuela para asegurarse de que estuviera bien. Allí se encontró con su tío, Juan David, que llegaba con fotos y videos de otro barrio.

—Mi tío Juan David me dijo: “Vea que Providencia está arrasado”, y tomó fotos y videos, entonces me las mostró. Y yo me indigné y dije: “Vamos para Providencia a sacar gente”.

Se puso tapabocas y guantes, se caló una gorra y caminó directo hacia allá. En una de las casas derrumbadas encontró a una vecina, Leticia, de sesenta años. Estaba muerta bajo los escombros. Juan Pablo tomó una pala y empezó a remover ladrillos junto con otras personas que se habían acercado a ayudar. No sabía qué iba a encontrar, pero siguió trabajando hasta que abrió espacio suficiente para que el cuerpo pudiera salir.

—Yo era con las palas y ¡tras!, sacando escombros, sacando ladrillos y todo, y yo abrí campo para que pudieran sacar a la señora. La sacaron muerta. Yo la vi muerta, pero por lo menos la rescatamos. Aunque muerta, la pudimos rescatar. Y yo abrí campo para rescatarla.

No hay dramatismo en la manera en que lo cuenta. Lo dice como quien repasa un hecho ya asimilado, sin adornos.

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