Colombia bajó 13 puestos en índice de democracia: la peor calificación en 20 años; ¿qué responsabilidad tiene Petro?
Hay visos de autoritarismo en el país bajo el gobierno de Gustavo Petro. Lo dice el tradicional informe de la Unidad de Inteligencia de la revista británica The Economist. El país está a punto de ser un régimen híbrido: “democracia defectuosa” y gestos autoritarios.
Periodista y politólogo de la Universidad Javeriana de Bogotá. Máster en audio digital y pódcast del Centro de Estudios Superiores Barreira en España. He desempeñado distintos roles en Colmundo Radio, El Tiempo y Noticias RCN. En EL COLOMBIANO cubrí al presidente Gustavo Petro y actualmente soy el editor de Actualidad que abarca temas políticos, judiciales, de salud e internacionales. Cocinero aficionado, melómano y cinéfilo.
Comunicador social y periodista de la Uniminuto. Debuté en el medio local Telemedellín y actualmente hago parte de EL COLOMBIANO. Apasionado de las historias, las conexiones y el intercambio de ideas y conocimientos.
Colombia es cada vez menos democrática con Gustavo Petro en el poder. Así lo revela el más reciente informe del Índice de Democracia elaborado por la Economist Intelligence Unit (EIU) —una división de la revista británica The Economist—. En el informe, que se publica cada año, se clasifica a los países en cuatro índices: democracias plenas, democracias defectuosas, regímenes híbridos y regímenes autoritarios.
Resulta que Colombia está al borde de ser un régimen híbrido pues obtuvo una calificación de 6.0, que es el límite entre una democracia defectuosa y un sistema que tiene algunos rasgos autoritarios. Ese puntaje es el más bajo en 20 años de medición pues en 2006, durante el gobierno de Álvaro Uribe, el país obtuvo 6.4. Desde que Petro llegó al poder, hemos caído del 6.7 en 2022 al 6.0 en 2025. La posición de Colombia es el puesto 73 a nivel mundial, lo que implica otra caída: 13 puestos abajo en el ranking comparado con el 2024.
El estudio registró que el mundo en general y América Latina en particular mostraron una leve mejoría tras casi una década de declive, pero Colombia se convirtió en la excepción negativa, registrando el deterioro más profundo de toda la región.
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Más allá del detalle académico y las cifras, en la práctica esto significa varias cosas, según el estudio que coinciden con la realidad del mandato de Petro. Por ejemplo, la “debilidad institucional” desde el Ejecutivo, que se traduce en una concentración del poder del gobierno de turno y niveles significativos de corrupción a nivel nacional y regional. También el frecuente intento de intervención de los poderes ejecutivos o legislativos en el sistema judicial o electoral, que en el caso del presidente Petro se ve reflejado en su narrativa de fraude, ya desmentida, para las elecciones. Otra de las características es un “entorno adverso para la prensa independiente”, lo que también coincide con los ataques al del petrismo al periodismo.
Esta calificación tiene profundas implicaciones tanto en la estabilidad política como en el entorno económico y operativo de un país, pues en naciones con esta denominación, según la EIU, las prácticas democráticas (como las elecciones) conviven con rasgos propios de sistemas autoritarios.
Además, según lo data el informe, en este tipo de regímenes los gobiernos tienden a ser más frágiles y cuentan con controles y equilibrios menos sólidos que en las democracias, por lo que también se vuelve común observar ataques a defensores de derechos humanos y una pérdida de capacidad del Estado para garantizar derechos básicos en todo su territorio.
Otro de los riesgos que contrae este tipo de calificaciones es que se presentan tensiones constantes entre el Ejecutivo y organismos independientes, lo que pone en duda la autonomía de las instituciones. En Colombia, esto ha sucedido con los ataques de Petro a las altas cortes cuando las decisiones que toman son contrarias a lo que esperaba o cuando frenan excesos aprobados en el Congreso que fueron impulsados por el Gobierno. También el jefe de Estado ha atacado a la Fiscalía y a organismos de control o entidades con funciones de vigiliancia como el Consejo Nacional Electoral, Procuraduría, Contraloría y Defensoría del Pueblo.
Sobre estas implicaciones, justamente la EIU señala el aumento de la violencia política como el principal motivo de Colombia en este listado. La organización destaca entre los hechos más alarmantes el asesinato del candidato presidencial Miguel Uribe Turbay, además de los reportes de la Misión de Observación Electoral (MOE), que contabilizó 26 políticos asesinados y 35 intentos de homicidio durante el último año.
También, el indicador de libertades civiles se vio afectado por los constantes ataques contra defensores de derechos humanos y líderes sociales, tal como lo data Indepaz, que al menos 187 líderes fueron asesinados en 2025, un incremento del 8% respecto al año anterior, lo que evidencia una pérdida de capacidad del Estado para garantizar derechos básicos en el territorio.
Para el politólogo Guillermo Henao, el nuevo puntaje de Colombia se explica porque “el presidente Petro ha puesto en tensión constante las instituciones del país (...) el mandatario ha instalado la narrativa de que si las instituciones no hacen lo que el Ejecutivo ordena, simplemente no funcionan. Esto ha profundizado el descrédito de unas instituciones ya muy lesionadas”.
Lo mismo sucede con el escenario electoral pues el Gobierno ha querido acentuar sus diferencias políticas creando un ambiente de zozobra en torno a las elecciones libres.
A nivel institucional, el experto recuerda que “Petro ha tenido más de 60 ministros, lo que ha profundizado la baja ejecución del gobierno y ha creado un ambiente de inestabilidad en las carteras ministeriales. A esto se suman las dificultades que se han tejido entre el poder nacional y los poderes regionales, vistos estos como ejecutores de los programas del gobierno, pero en permanente contradicción con él”.
Finalmente, otro factor para considerar que Colombia es menos democrática tiene que ver con que el Gobierno “ha construido una poderosa maquinaria comunicacional apoyada en medios públicos como RTVC, que ha permitido masificar sus acciones y políticas. Aun así, no se han logrado avances en las áreas donde la ciudadanía reclama resultados, mientras se han fabricado narrativas que distorsionan la realidad, lo que ha disminuido aún más la cultura política del país. Un claro ejemplo de esto es la crisis del sistema de salud o el estancamiento de los diálogos en el marco de la “paz total”, concluye el experto.
¿Cómo le fue a la democracia en el mundo?
De acuerdo con el informe, Noruega es el país más democrático del mundo, una clasificación que ha mantenido durante los últimos 16 años. Nueva Zelanda es el segundo con esta denominación y Dinamarca, Finlandia, Islandia y Suecia figuran entre las primeras naciones de este índice.
Asimismo, el informe destaca a los países que mantuvieron una transición de régimen híbrido a democracia defectuosa como Malawi, cuyo ascenso fue impulsado por una transferencia pacífica del poder tras las elecciones presidenciales de septiembre, donde el candidato de la oposición derrotó al titular y las instituciones judiciales demostraron resiliencia al manejar las quejas electorales.
Otro que destaca es Senegal que, según el sondeo, mejoró gracias a reformas institucionales que fortalecieron la transparencia, incluyendo leyes de protección a denunciantes, mayor acceso a la información pública y la creación de organismos antifraude.
En Latinoamérica el informe subraya los casos de Paraguay, que tuvo mejoras significativas en su cultura política y Bolivia, en donde se ejecutó la celebración de sus primeras elecciones libres y justas en casi dos décadas, que resultaron en la victoria del candidato centrista Rodrigo Paz y una transición pacífica del poder. Uruguay, Costa Rica y Chile sobresalieron como las democracias latinas más sólidas.
¿Qué es un régimen híbrido?
Según el Índice de Democracia de la Economist Intelligence Unit (EIU), un régimen híbrido es un sistema político que combina elementos de democracia (como elecciones periódicas) con rasgos autoritarios (como represión política o debilidad institucional), situándose entre una “democracia deficiente” y un “régimen autoritario”.
Por ejemplo, una de las características es el frecuente intento de intervención de los poderes ejecutivos o legislativos en el sistema judicial o electoral. Pero también, niveles significativos de corrupción y un entorno adverso para la prensa independiente.
Al nivel de Haití en lista de países con mayor nivel de inseguridad alimentaria
Colombia y Haití figuran entre los países con altos niveles de inseguridad alimentaria en América, según el “Mapa del Hambre” del Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas, una plataforma que utiliza modelos predictivos para analizar y prevenir crisis alimentarias en más de 50 países.
La actualización de este mapa se da en un momento crítico, puesto que las cifras más recientes indican que 318 millones de personas enfrentan inseguridad alimentaria aguda en 68 países, impulsadas principalmente por conflictos e inseguridad, fenómenos meteorológicos extremos y crisis económicas. A grandes rasgos, la seguridad alimentaria es la falta de acceso regular a alimentos suficientes para llevar una vida saludable, en niveles que pueden poner en riesgo la vida o la nutrición.
En el mapa, Colombia y Haití aparecen en rojo claro, una señal de alerta asociada a la Fase 3 o superior (crisis o peor). En el caso colombiano, cerca de 6,6 millones de personas (12 %) están expuestas a inseguridad alimentaria aguda, mientras que en Haití la cifra asciende a 5,9 millones (53 %).
Sin embargo, la diferencia está en la proporción: Colombia tiene una población cercana a los 53 millones de habitantes, mientras que Haití ronda los 12 millones. Esto significa que, aunque las cifras absolutas son similares, en Haití más de la mitad de la población enfrenta una situación crítica de acceso a alimentos, mientras que en Colombia el problema afecta a una proporción menor, aunque igualmente significativa.
Ahora bien, estos no son los únicos países con altos niveles de inseguridad alimentaria en el mundo. Si nos centramos en América, por el lado Ecuador, Honduras, Guatemala, República Dominicana y El Salvador también registran niveles elevados. Sin embargo, no presentan la misma magnitud que Colombia y Haití, lo que se refleja en su clasificación dentro del mapa en tonos menos intensos.
Si se observa el rojo oscuro, este se concentra principalmente en algunos países de África y otras regiones, como Nigeria, República Democrática del Congo, Sudán y Yemen, entre otros. Este color indica niveles más graves de inseguridad alimentaria, asociados a la Fase 4 (emergencia) o superior, donde una parte significativa de la población enfrenta desnutrición severa y un riesgo elevado de hambruna.
Cifras del Gobierno
Aunque el “Mapa del Hambre” refleja una situación crítica en Colombia, el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane) ha presentado un panorama distinto. Las cifras más recientes, correspondientes a 2024, mostraron que más de 167.000 personas salieron de la inseguridad alimentaria.
Según ese informe, en el país había en 2024 más de 14,4 millones de personas afectadas, equivalentes al 27,6 % de la población total, lo que representa una reducción de 0,8 puntos porcentuales frente a 2023. No obstante, el estudio indica que la inseguridad alimentaria grave se mantuvo en 5,2 % y, en términos absolutos, aumentó en 84.000 personas, hasta alcanzar un total de 2,7 millones.
El presidente Gustavo Petro afirmó en un mensaje publicado en su cuenta de X el 30 de julio de 2025 que “ha crecido la producción alimentaria, ha bajado su precio relativo y más de dos millones y medio de personas han salido de la pobreza en lo que va de su gobierno, hasta finales de 2024”.
Esto último no quiere decir, como indica el informe de Naciones Unidas, que Colombia no padezca esa problemática que sigue representando un reto para los gobernantes de turno. Sobre todo, en este caso, para el presidente que dijo en campaña que la población vulnerable sería su prioridad al llegar al poder.
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