The College Dropout, un libro que revela la figura de Kanye West antes de sus escándalos
El libro, escrito por el antropólogo y periodista Santiago Cembrano, hace parte de la colección Alta Fidelidad de la editorial Rey Naranjo.
Periodista. Magíster en Estudios Culturales de la Pontificia Universidad Javeriana. Ha escrito en diferentes medios de comunicación colombianos como VICE, Pacifista, El Espectador y El Colombiano.
Cada tanto se habla de Kanye West y casi nunca es por su música. Su fama mundial, por lo menos en los últimos años, tiene más que ver con sus escándalos que incluyen comentarios antisemitas, racistas, pronazis y comportamientos exhibicionistas.
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Pero antes de todo eso, Kanye West irrumpió en la escena del hip hop, primero como productor y luego como cantante, y lo cambió todo. Llegó para encarnar todas las contradicciones, y eso, al parecer, se le terminó saliendo de las manos.
En el libro The College Dropout, que lleva el mismo nombre del primer disco del rapero, Santiago Cembrano hace un análisis de Kanye West, de su música y su figura, del impacto que generó ese álbum debut, y al misma vez cuenta lo que ha significado el disco para él, en su vida y en su carrera, cubriendo y escribiendo de hip hop. The College Dropout, el libro, es un trabajo a medio camino entre la reseña, el ensayo y la autobiografía. Es el tercer libro que publica Cembrano, el primero fue La época del rap de acá (2019) y el segundo Normas Rappa (2020). A propósito de este lanzamiento, EL COLOMBIANO habló con él.
¿Cómo fue el proceso del libro?
“Hace dos años, en 2024, le propuse a Rey Naranjo hacer una biografía de Kanye West, porque se cumplián 20 años de su debut de The College Dropout, y porque es un artista que en Colombia muchas veces es visto más como el exesposo demente de Kim Kardashian, entonces quería mostrar también esa otra parte musical de Kanye West. Los de Rey Naranjo, con mucho acierto, me dijeron que una biografía no, pero que me podía ajustar a la colección Alta Fidelidad, y hacer un libro para esa colección tiene dos partes: hay que meterse en el disco y analizarlo, diseccionarlo, y meter la propia vida, a la colección le importa mucho la voz en primera persona de los autores. Para mí fue un reto porque nunca había escrito así, me dio algo de pudor ir contando mi vida de esa forma.
Pero me pareció muy chévere hacerlo con ese disco porque fue muy importante para mis años de adolescencia, en un momento de transición en el que me estaba intentando acomodar a una vida nueva en un país nuevo, ese disco me dio muchas pistas, me enseñó mucho sobre otras posibilidades de hip hop, cómo ser uno mismo, cómo encontrar su lugar”.
En el libro menciona también a 50 Cent como uno de los primeros artistas que le llamó la atención, por qué prefirió a Kanye West...
“Porque me parecía un personaje muy interesante para pensar el hip hop por todas sus contradicciones, por todo lo que lo atraviesa y que va en una dirección y en otra, como muestro en el libro. Me pareció una figura muy interesante para abordar y también por la relación emocional que tenía con su música. Ya no lo escucho, pero en mi adolescencia puede que haya sido de los raperos que más escuché y que formaron mucho, no solo de mi gusto, sino de cómo pensar en el hip hop, que yo creo que cada vez hay que pensarlo más desde las contradicciones que tiene, si uno lo intenta pensarlo como algo entero, sólido, se quedan muchas cosas por fuera”.
El libro da cuenta de una distancia, en ese entonces usted estaba en Perú y escuchaba rap de Estados Unidos ¿cómo se encontró con el rap colombiana?
“Para ese momento ya escuchaba algo de rap colombiano... Tres Coronas, JHT, La Etnnia... aunque no era lo que más escuchaba. Pero sí es verdad que cuando volví de Perú en 2013, el rap colombiano que encontré resonó en mí mucho más, sentía una conexión muy especial como oyente, me gustaban más las referencias, los beats, los videos, lo sentía más mío”.
¿Cómo fueron esos primeros abordajes al rap local cuando empezó a escribir? ¿Qué quería?
“Yo creo que ya estaba preparándome sin saberlo con todas las lecturas que empecé a hacer incluso antes de pensar en escribir. Yo era muy obsesivo con investigar, leer, ver documentales, quería saber y buscaba de todo, pero de rap colombiano no encontraba tantas cosas, me faltaba eso que yo veía de que cada disco chévere que salía en Estados Unidos tenía su reseña, su entrevista, su perfil, un cubrimiento a profundidad y extrañaba eso en el rap colombiano, y en general en el rap en español, y ya hacia 2016 que empecé a escribir yo mis propios artículos intentando aportar mis cinco centavos a la discusión”.
Usted ha procurado abrir espacios para que esa conversación sobre el hip hop se mantenga ¿cómo está viendo el panorama?
“Sí, yo lo he intentado de distintas formas, en El Enemigo, por ejemplo, tenemos espacio para que manden propuestas y yo trabajo con los autores y edito sus textos una y otra vez hasta que quede lo mejor posible, intento transmitir lo que he aprendido en esta década de trabajo. También con los talleres que he dado en Pasto, en Bogotá, tengo uno en Tunja la semana que viene....”
¿Cómo está viendo el rap nacional?
“Yo creo que está en un momento de diversidad. Hace diez años era difícil pensar que salieran discos de Cúcuta, de Bucaramanga, de Cali, de Barranquilla. Había rap en esas ciudades, obvio, pero creo que hoy se ha roto un poco esa cabeza bicéfala que tenía el rap colombiano hace unos años en Bogotá y Medellín. Evidentemente siguen siendo polos muy importantes, los fundamentales, pero hay mucho más, desde Cúcuta el Scudetto, por ejemplo que está ahí con su jerga y todo su universo, eso me parece muy enriquecedor.
También me parecen muy interesantes los diálogos intergeneracionales que se están dando también, el disco de Mañas con Oblivion, que se publicó recién, en este momento hay varias generaciones activas que pueden jugar desde distintos puntos y compartir distintas experiencias. Creo que también hay ahorita más diversidad de sonidos y de formas de entender el rap. Los que llevan ya décadas en esto, lo ven de una forma muy distinta a los que están entrando. Se está abriendo la cancha y se puede hacer desde mil lados distintos. Creo que eso es muy saludable, creo que eso es bueno para el hip hop nacional. La gracia de esta cultura es que se reinventa constantemente y siempre reta lo establecido”.
¿Cómo ha cambiado su forma de escribir sobre rap y sus intereses?
“Ahora tengo otro tipo de enfoque, no me interesan tanto las notas chiquitas, rápidas, sino que trato de enfocarme en piezas más contundentes. Me gustaría ser alguien que aporta un momento de pausa para escuchar un disco a fondo, para conocer mejor a un artista, para contextualizar cierto movimiento.
También me preocupo más por las formas en el periodismo de hip hop, por escribir cada vez mejor, porque también hay una apuesta estética. Yo leo este libro y creo que se nota que estoy escribiendo mejor que cuando escribí La época del rap de acá y Normas Rappa.
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Ahora estoy escribiendo más de rap argentino y español que colombiano. Yo no pienso el hip hop dividido en países ni nada, el hip hop es hip hop, entonces me dejo llevar también por lo que me va llamando la atención y me va moviendo. Ahorita estoy trabajando en un perfil Topboy, de Buenaventura, que no entra exactamente dentro del rap colombiano, pero hay mucho ahí que me interesa. Ahorita a fin de año o a principios del otro voy a sacar un nuevo libro, una compilación de algunos de mis artículos, lo vamos a sacar con El Enemigo, pues queremos hacer libros también.
El internet nos impone unos ritmos fuertes y salvajes un poco, y me interesa cómo poder darle la vuelta a eso. Detenerme un poco y así no esté sacando con la misma cantidad de reseñas, artículos y entrevistas que antes. Que cada vaina que saque sea significativa. Que deje una huella y que se pueda leer ahorita o en cinco años. Estoy abrazando la calma también, si saco 10 artículos al año, que esos 10 artículos estén bien jalados”.