Cirirí: así fue como el archivo de Fabiola Lalinde dio origen a un libro-objeto
Publicada por la Editorial UNAL, la obra contiene 18 piezas gráficas sobre diferentes etapas de la vida de la madre buscadora. EL COLOMBIANO habló con sus autores.
Periodista de la Universidad de Antioquia. He trabajado como fact-checker en La Silla Vacía y ahora hago parte de la sección de Tendencias de El Colombiano.
4.428 días pasaron desde que Luis Fernando Lalinde salió de su casa en Medellín hasta que su madre, Fabiola Lalinde, recibiera en cajas lo que había quedado de él. Esa búsqueda por la verdad, que finalmente le permitió recibir los restos de su hijo en 1996, está ahora condensada en un cuerpo encogido en medio de un fondo rojo y trazos negros.
La historia inicia en uno de los pies, cuando el joven de 26 años cruzó por última vez la puerta de la casa familiar el 2 de octubre de 1984; sube por las piernas, donde está Fabiola yendo de un lado a otro para encontrar alguna pista; en el torso, la tortura y el asesinato que vivió Luis en manos del Batallón Ayacucho, y en la cabeza, la estrategia que puso en marcha su madre para hallarlo.
Ese mapa humano es una de las 18 obras gráficas que hacen parte de Cirirí, el libro-objeto creado con base en el archivo documental de Fabiola Lalinde.
Esta pieza, creada por el investigador de cómic y literatura Mario Cárdenas y el ilustrador Tobías Arboleda, y publicada por la Editorial de la Universidad Nacional —que es donde se encuentra el fondo, en la sede Medellín—, es un acercamiento a los “intereses, obsesiones, rutinas y detalles de la familia Lalinde”, como se explica en el reverso del libro.
El título es también el nombre de esa ave pequeñita, pero territorial, que sin miedo alguno se enfrenta con su canto a esas aves más grandes que le roban sus polluelos.
Con ese nombre también bautizó Fabiola la operación de resistencia que la llevó, entre algunas cosas, a que el Estado colombiano fuese condenado por primera vez internacionalmente por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) por desaparición forzada, a inspirar e impulsar que madres buscadoras no cesaran de buscar respuestas sobre sus hijos, y a crear un archivo de 100 cajas que documentó la impunidad y la violencia, pero también la resiliencia y las estrategias que usó para hallar y posteriormente identificar los restos de Luis Fernando.
Ese archivo fue reconocido por la UNESCO en 2015 como parte del Programa Memoria del Mundo.
Con las miles de cartas, fotografías, recortes de prensa, documentos judiciales y diarios fue que Cárdenas y Arboleda construyeron el libro.
El proceso de investigación inició hace alrededor de tres años gracias a una invitación de Óscar Calvo, actual decano de la Facultad de Ciencias Humanas y Económicas, quien en 2018 recibió el archivo de Lalinde y desde entonces se ha encargado de desarrollar proyectos a partir de este.
Desde el principio, la idea fue realizar una narración gráfica.
Cirirí no es un libro tradicional. Las 18 piezas que lo conforman vienen en una caja verde con letras doradas y una Fabiola en un columpio.
Adentro hay dos afiches, el cuerpo-mapa y otro que toma como punto de partida una fotografía de sus manos; un cuadernillo; un folleto que en un lado habla sobre el pájaro cirirí y en el otro, una serie de ilustraciones que hizo Arboleda tomando las fotografías del archivo de la Fiscalía sobre el hallazgo de los restos de Luis; al igual que 14 postales con distintos documentos que se encuentran en el archivo.
Todas estas obras pueden leerse y observarse en el orden que uno desee, así como ocurre con el que está en la Universidad Nacional, el cual tiene muchos caminos para ser recorrido y que ofrece perspectivas diferentes a las ya conocidas en el país y hasta en toda Latinoamérica de la defensora de derechos humanos.
Una de las creencias erróneas sobre este es que Lalinde comenzó a construirlo con la desaparición de su hijo, pero realmente en él se encuentran documentos que datan de años previos.
”Allí hay diarios que incluso ella le tenía prohibido leer a Luis Fernando. En uno de 1977, cuando ya tenía más de 40 años, se hacía muchas preguntas sobre su vida y sus proyectos.
También hay una serie de cartas que no incluimos y que se llaman Cosas que Dios me debe resolver. Ahí se revela el carácter de Fabiola: ella le enviaba cartas a Dios como encargos que él le debía.
Esa persistencia era de ese nivel y hay muchas cosas de ese tipo, pero también otras relacionadas con el orden familiar que están expresadas en las piezas que nosotros reproducimos y que, finalmente, tienen mucho de actos mágicos”, explica Cárdenas.
En ese mundo de símbolos también está, por ejemplo, lo ocurrido en la exhumación de Luis Fernando en 1992.
Después de haber encontrado algunos restos en una zona plana, pero no los necesarios para la identificación, Fabiola dice a los forenses, señalando una montaña, que debería buscar allí.
Ellos aseguran que no es posible que haya algo allá, y ella respondió: “En Colombia no se cumple ninguna ley, ni siquiera la de la gravedad”.
Para encontrar el formato del libro tuvieron varias referencias, como Building Stories, de Chris Ware, que se compone de 14 obras en una caja, o Cuerpos del delito, de Sergio García, que tiene una silueta de un cadáver en el que se unen varias historias.
Las premisas eran alejarse de los libros y documentales que se han hecho sobre Fabiola y Luis Fernando —como El largo vuelo del cirirí, de Alonso Salazar, que fue clave en el proceso de investigación— y hacer hablar el archivo de otras formas, pero siempre con creatividad.
“Me parece importante que no solo se recurra a la literalidad del archivo, sino que se pueda recrearlo, provocarlo y expandir el nivel de lectura y de interpretación de esos documentos. [...] Uno de los caminos que quisimos explorar, por ejemplo, fue quién era ella antes de la desaparición. Este ejercicio es una provocación para que otros puedan acercarse a estas piezas y seguir explorando su historia”, afirma Arboleda.
Sobre continuar esa búsqueda, fue que la misma Fabiola habló el 17 de abril de 2018, cuando entregó el trabajo de toda una vida, diciendo que no hay nada ni irrefutable ni inmodificable, por lo que su gran consejo fue seguir preguntando por qué.
“Jovencitos, hagan hablar al archivo, no dejen que guarde silencio. El archivo de un cirirí tiene que seguir siendo incómodo en un país injusto y violento como el nuestro; se los dejo como oportunidad de comunión, de solidaridad y de creación, no como un objeto muerto del pasado”, sentenció.
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Bloque de preguntas y respuestas
- ¿Qué contiene el archivo de Fabiola Lalinde?
- El archivo reúne alrededor de 36.000 piezas, entre cartas, fotografías, recortes de prensa, documentos judiciales y diarios. El fondo también contiene materiales anteriores a la desaparición de Luis Fernando, por lo que permite conocer aspectos de la vida de Fabiola y de su familia antes de 1984.
- ¿Cuándo recibió Fabiola Lalinde los restos de su hijo Luis Fernando?
- Fabiola Lalinde recibió finalmente los restos de Luis Fernando en 1996, después de más de una década de búsqueda desde su desaparición, ocurrida el 2 de octubre de 1984. En 1992 se había realizado una exhumación, pero en ese momento los restos encontrados no eran suficientes para su identificación.
- ¿Por qué el archivo de Fabiola Lalinde fue reconocido por la UNESCO?
- El archivo de Fabiola Lalinde fue reconocido por la UNESCO en 2015 como parte del Programa Memoria del Mundo. El fondo documenta la búsqueda de Luis Fernando, así como las estrategias, documentos y acciones de Fabiola frente a la desaparición de su hijo y la violencia y la impunidad que rodearon el caso.