Literatura

¿Cómo sobreviven las 20 editoriales independientes de Medellín?

Medellín aspira a ser la Capital Mundial del Libro. Para ello cuenta con un sistema de bibliotecas públicas elogiado en el continente. Pero, ¿qué pasa con las editoriales independientes? El cierre de Tragaluz fue un campanazo para todos.

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Periodista, Magíster en Estudios Literarios.

22 de febrero de 2026

Al sueño de montar una banda de rock o un bar de amigos, los medellinenses que pasaron por las facultades de humanidades le sumaron el de montar una editorial independiente. Entre otras cosas, esto responde a un sistema de bibliotecas, que ha hecho que los libros estén presentes en la cotidianidad de los paisas; y a los planes de lectura, escritura y oralidad, que las distintas administraciones distritales han apoyado con altibajos.

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Pensemos en cifras. Para la Fiesta del Libro y la Cultura 2025, la convocatoria pública atrajo a 57 editoriales independientes, de las cuales 33 obtuvieron la calificación necesaria para participar, incluyendo 12 sellos locales y 21 nacionales. El Salón de Editoriales Independientes alcanzó ventas por $139.000.000, mientras que el Salón del Libro Infantil y Juvenil sumó $173.000.000.

Pensemos en casos. Aunque las listas de los libros más vendidos en Colombia están compuestas en su totalidad por títulos de las editoriales multinacionales, no es menos cierto que algunos de los autores y obras de reconocimiento público iniciaron sus carreras o las consolidaron gracias a las editoriales independientes. Hay varios botones de muestra: Pablo Montoya ha publicado siete títulos con Sílaba, mientras Angosta puso en circulación las primeras obras de Lorena Salazar y de Sara Jaramillo.

Las editoriales independientes siguen ritmos diferentes a los de los conglomerados internacionales. Tienen –deberían– una apertura distinta a los temas y a los géneros que a primera vista no resultan taquilleros. Salvo dos o tres casos, los poetas colombianos publican sus trabajos en editoriales independientes. Además, estas casas de libros publican con mayor frecuencia reportajes y crónicas que no cuentan con la firma de un periodista de la televisión sino con la de un reportero de las provincias.

Pensemos en supuestos. Medellín es una ciudad de librerías pequeñas y de clubes de lecturas. Basta echarle un vistazo a las redes sociales –el algoritmo dixit– para darse cuenta que la gente lee más. O compra más libros. Sin embargo, ¿ese fenómeno cultural se traduce en ventas para los editores pequeños? Con este interrogante, hablamos con los encargados de tres editoriales independientes. Todos dijeron que Medellín ofrece estímulos para sus labores, pero no los suficientes. También afirmaron que la gente compra más libros, pero no necesariamente los de ellos y de sus colegas.

El asunto se complica mucho más si uno aleja el zoom: si pasa el foco del área metropolitana al territorio del departamento. Fuera del Valle de Aburrá son pocas las editoriales independientes. Bueno, en realidad, también son pocos los grupos de teatro, los escenarios culturales y las oportunidades educativas. Ese es otro asunto. Volvamos a las editoriales de Medellín.

Aunque no se trata de un listado exhaustivo, en Medellín publican libros Arbitraria Editorial, Verso Libre, La Gallina Ciega, La Libretería, Sílaba, Frailejón, Libros de Fuego, Atarraya, Vásquez, Grámmata, Angosta, Mesa Estándar, La Bruja Riso, Axioma, Raeioul, Pulso y Letra, Al Margen, PyP, Hilo de Plata, Java.

A finales de 2025, Tragaluz dio un paso al costado.Además del retrato del editor –editores–, incluimos un resumen de las entrevistas que nos dieron y la tapa de uno de sus libros.

Arbitraria, un grupo de amigos busca voces diferentes

Dicen que cada quien escribe el libro que le gustaría leer. Al menos lo intenta. Algo parecido se dice de los editores: ellos leen, corrigen, diseñan, imprimen y hacen circular los libros que les gustaría leer. Según Juan Camilo Jaramillo Acevedo ese fue –y es– el norte de Arbitraria editorial, un sello independiente creado en 2021 por cuatro amigos –Eliana Castro, Daniela Jiménez, Camilo Jaramillo y Luisa Santa– provenientes del sector editorial y del periodismo.

Desde su fundación, Arbitraria ha publicado siete títulos. Jaramillo reconoce que crear una editorial independiente es una empresa compleja. Más que un negocio tradicional, lo considera un ejercicio de vocación. Sin embargo, aclara que eso no implica que deba ser insostenible, sino que los tiempos de retorno económico son más lentos. Construir un catálogo, encontrar una voz editorial y entender el circuito del libro toma tiempo, y en ese proceso muchas iniciativas claudican antes de consolidarse.

En su análisis, Medellín no es un entorno hostil para estas apuestas culturales. Por el contrario, considera que la ciudad cuenta con un circuito activo alrededor del libro y la lectura, que salta a la vista en la proliferación de clubes de lectura. No obstante, advierte que competir en términos masivos frente a otras formas de entretenimiento o frente a las grandes editoriales comerciales es difícil. La oportunidad, dice, está en un circuito más pequeño donde históricamente han persistido voces alternativas.

Destaca que Medellín cuenta con una bolsa cultural significativa, comparable en algunos años al presupuesto del Ministerio de Cultura. Aunque se pueda debatir la destinación de los recursos, considera innegable que la ciudad ofrece condiciones más favorables que otras capitales intermedias del país.

El crecimiento de lectores y espacios de promoción no se traduce en una ventaja proporcional para las editoriales independientes. Jaramillo sostiene que el lector promedio suele acudir primero a autores consagrados, impulsados por la exposición mediática y la distribución masiva. Las listas de los libros más vendidos reflejan ese predominio de grandes sellos con músculo financiero y alcance internacional. En ese escenario, pensar que una editorial pequeña puede competir en igualdad de condiciones sería ingenuo.

En términos de producción, la editorial realiza tirajes de 300 ejemplares por título, una cifra que, según Jaramillo, es común entre los sellos independientes pequeños. Estos ejemplares suelen tener una rotación aproximada de dos años. La Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín representa el momento más importante del calendario, no solo por la afluencia de público sino por la disposición a la compra. “Es el momento donde no solo hay lectores, sino compradores”, afirma.

Entre las novedades previstas de la editorial para este año están la novela de Tatiana Alejandra Velásquez Osorio y un libro de cuentos de Lucas Vargas.

Sílaba, la decana de las editoriales de Medellín

Sílaba es la decana de las editoriales independientes de Medellín y Lucía Donadío –su fundadora y directora– es una presencia constante en ferias de libros. Desde su experiencia, la capital antioqueña sí puede considerarse un territorio propicio para este tipo de iniciativas culturales, aunque advierte que se trata de un trabajo complejo y exigente.

Lucía dice que en la ciudad han surgido numerosas editoriales en los últimos años, muchas de ellas fortalecidas con el tiempo, y que con cierta frecuencia aparecen nuevos sellos. Además, existe una asociación de editoriales antioqueñas que se reúne periódicamente.

La concentración de editoriales independientes se da principalmente en Medellín y el área metropolitana. En otras subregiones del departamento la presencia es menor. Donadío menciona el proyecto Urabá Escribe, pero admite que las distancias geográficas dificultan una mayor integración. También aclara que, aunque las becas y convocatorias de la Alcaldía de Medellín no son el origen de las editoriales, sí han sido un apoyo importante para su fortalecimiento.

En cuanto al perfil de los lectores de Sílaba, la directora señala que no realizan estudios formales y que resulta difícil establecer una caracterización precisa. Sin embargo, la experiencia en ferias y eventos permite identificar ciertos rasgos. Entre sus lectores se encuentran estudiantes universitarios, profesores, académicos, profesionales independientes, personas vinculadas a las ciencias sociales, escritores y periodistas. Se trata, en su mayoría, de un público cercano al ámbito cultural y académico.

Respecto al interés por autores regionales, considera que sí existe curiosidad por leer escritores antioqueños, especialmente jóvenes. También menciona el caso de Mario Escobar, autor que durante años fue poco conocido y cuya obra ha sido reeditada por varias editoriales en tiempos recientes, logrando atraer nuevos lectores, incluidos jóvenes.

En el calendario cultural de la ciudad, la Fiesta del Libro y la Cultura es el evento más relevante del segundo semestre y el de mayor impacto comercial. Sin embargo, no es el único. Días del Libro, organizados en la Biblioteca Pública Piloto, son una feria significativa, aunque de menor duración. Sílaba distribuye sus lanzamientos a lo largo del año y participa tanto en la Feria Internacional del Libro de Bogotá (Filbo).

En promedio, la editorial publica 20 libros al año.

Durante el primer semestre de 2026, Sílaba presentará un conjunto de novedades editoriales que abarca narrativa y poesía. La programación incluye aAlejandría, memoria y esperanza, obra colectiva con edición académica de Juan Gonzalo Betancur; Elibrerto y otros cuentos provincianos, de Juan Camilo Betancur; y Decir nosotras. Antología poética, de Anabel Torres. A estos se suman También por el río llegaron, de Antonio Silvera Arenas; Gallarda, de Viviana Vanegas Fernández; y Nada mortal aún, de Javier Naranjo. El listado lo completan las nuevas ediciones de Acto de contrición, de Eisen Hawer López, y Alejandra, la poeta que murió de su vestido azul, de Carlos Luis Torres.

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Verso Libre, libros para los amantes de La Pascasia

David Robledo es el editor de Verso Libre, uno de los proyectos de la Corporación Común y Corriente.

En un principio la corporación fue un sello musical. Un par de años después apareció La Pascasia, espacio cultural en el que confluyeron músicos y artistas plásticos. Entre 2019 y 2020 se creó la editorial Verso Libre. Cuenta David que la decisión respondió, en parte, a una lógica práctica: tras la experiencia de vender discos, descubrieron que vender libros resultaba más sencillo y sostenible.

Verso Libre ha publicado cerca de una veintena de títulos y mantiene un promedio de tres o cuatro libros al año. En palabras de Robledo, el sello se caracteriza por editar obras de difícil clasificación, con énfasis en géneros híbridos. En su catálogo figuran libros del poeta costeño Héctor Rojas Herazo. También han publicado un libro de Juan Manuel Roca; otro de Pedro Arturo Estrada; varias novelas que se ajustan más claramente al género narrativo; poemarios; y recientemente una fotonovela.

Los tirajes oscilan entre 300 y 400 ejemplares por título. Según Robledo, el objetivo es agotar esas ediciones y acelerar progresivamente la rotación. Entre los libros de mayor circulación destacan los dos títulos publicados de la poeta Yenny León. También sobresale Solferino, novela de Josefina Aguilar, que prepara su tercera edición.

Robledo matiza esa idea de que Medellín es un entorno especialmente favorable para las editoriales independientes gracias a becas y estímulos públicos. Afirma que el verdadero motor del movimiento editorial en la ciudad es la abundancia de escritores más que la cantidad de estímulos, que considera pocos y competitivos. En su caso, rara vez pueden acceder a convocatorias exclusivas para la editorial, pues deben priorizar apoyos de mayor cuantía destinados a sostener la estructura más amplia del colectivo, que incluye actividades musicales y de programación cultural.

En cuanto al ecosistema editorial antioqueño, reconoce que existen intentos de agremiación entre sellos independientes, pero hasta ahora no se ha consolidado una organización formal. Hay relaciones de colegaje, encuentros en ferias y conversaciones permanentes, pero no una estructura gremial. También señala que la articulación con regiones del departamento es limitada. Aunque han participado en la Feria del Libro de Turbo y realizaron actividades en el Bajo Cauca, el trabajo editorial en las subregiones es escaso y más complejo que otras áreas culturales.

Verso Libre complementa su labor editorial con la librería de La Pascasia, especializada en sellos independientes, y recientemente puso en marcha una distribuidora en alianza con Ítaca y otros proyectos. Esta integración de varios eslabones de la cadena —edición, librería y distribución— les ha permitido construir una comunidad lectora y fortalecer la circulación de sus títulos, dice Robledo.

Para este año, la editorial prepara el lanzamiento de una novela de Santiago Herrera Cardona, un poemario de Víctor Raúl Jaramillo y otro de Jorge Argáez.