Literatura

“La Cuadra es un antes y después en mi vida”: Gilmer Mesa celebra 10 años de su primera novela

Este sábado será el lanzamiento oficial de una nueva edición de La Cuadra, la primera novela del escritor antioqueño Gilmer Mesa que cumple 10 años desde su publicación.

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Periodista. Magíster en Estudios Culturales de la Pontificia Universidad Javeriana. Ha escrito en diferentes medios de comunicación colombianos como VICE, Pacifista, El Espectador y El Colombiano.

hace 26 minutos

La Cuadra está cumpliendo 10 años, y Gilmer Mesa, su autor tiene todo por celebrar. El libro, que cuenta el día más triste de su vida, hizo posible el día más feliz de su vida, cuando se ganó el XII Concurso Nacional de Novela y Cuento de la Cámara de Comercio de Medellín para Antioquia.

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“Es una novela maldita en su naturaleza, que se da a raíz de la muerte de mi hermano. Veinticinco años me taladró en la cabeza esa historia hasta que la saqué, no solo de la muerte de mi hermano, sino también de la muerte de muchos amigos míos; de ese popular barrio de Aranjuez, cruzado por tanta cosa tan jodida que nos ha pasado”, dijo Gilmer al recibir el premio.

Hoy, 10 años después de su publicación, La Cuadra se ha convertido en un libro imprescindible para leer a Medellín, ha sido fundamental para complejizar la idea que muchos tenían sobre los barrios populares de esta ciudad y su relación con la violencia, y ha cambiado, sobre todo, la vida de Gilmer, quien desde entonces se consagró a la escritura y ha publicado tres libros más.

Con motivo del aniversario, se publicó una nueva edición limitada, en pasta dura, ilustrada por Gustavo Zapata [Zeta]. El lanzamiento será este sábado 19 de septiembre a las 3:00 p. m. en el Teatro Camilo Torres de la Universidad de Antioquia. A propósito del aniversario, EL COLOMBIANO habló con Gilmer.

¿Qué celebrás con estos 10 años de La Cuadra?

“Primero la alegría de que sea un libro tan consolidado y tan importante para tanta gente. Me llena de mucha, mucha alegría saber que después de 10 años sigue siendo un libro vigente, que la gente lo lee, lo comente. Pero además, con esta edición que está preciosa, ya he firmado un montón de ejemplares sin todavía haberlo lanzado”.

La Cuadra contiene una verdad sobre Medellín, mucha gente se encontró ahí...

“Yo le tengo mucho cariño a ese libro porque, primero, fue el que me permitió hacer una cosa que definió mi vida y fue empezar a indagar la condición humana, eso me permitió tramitar muchas cosas que se estaban quedando muy pesadas de sobrellevar. Y que la gente se haya identificado con eso también quiere decir, independiente que lo haya hecho yo, que hay muchas cuestiones y muchas indagaciones que todos no hacemos, o que de hecho las tenemos ahí y no sabemos cómo tramitarlas.

A mí el arte me ha abierto la posibilidad de hacerme unas preguntas con las palabras que eran, eso me ha pasado con Rulfo, con Don Mario Escobar Velásquez, con Rubén Blades, y que eso sea lo que le pase a tanta gente con uno no deja de ser asombroso.

En la vida estamos para tratar de contribuir a que estemos, el arte a mí me ha servido para eso, para sentir que estoy”.

La cuadra empieza con una imagen, describís una foto donde todos están muertos, menos el narrador. Esta edición empieza con un prólogo que es todo lo contrario, un reconocimiento a la gente que te acompaña, un elogio a la amistad...

“Yo no lo había visto así, pero me gusta mucho esa imagen. Esta novela me propició el día más feliz de mi vida, que fue cuando me gané ese premio, pero es una novela que habla del día más triste de mi vida... Todo en la vida es así, de ida y vuelta, un anverso y un reverso, un lado A y un lado B, el positivo y el negativo que están tan cerquita que se tocan, como una serpiente que se muerde la cola. Creo que eso lo captó muy bien en la imagen de esta nueva edición Z (Gustavo Zapata, el ilustrador)”.

Está nueva imagen que acompaña la novela incluye un montón de cosas: la casa original, el camión de tu papá, Alcolirykoz, y creo que eso concreta lo que pasó con La Cuadra, y es que se convirtió en un universo...

“Si, La cuadra es como la nación sentimental de uno, el sitio donde caben todos los sentimientos, los buenos, los malos, los que lo sostienen a uno, los que lo definen, los que lo van a perseguir toda la vida, los que aparecen en las pesadillas. Es un universo que llevo habitando un montón de tiempo y que al nombrarlo lo habito de otra manera. Yo no creo ni en el arte de la redención ni en el arte de la sanación, pero sí es indudable que el arte ayuda un montón a que uno pueda estar más cómodo en el lugar que decidió habitar”.

Hace días escuchaba una entrevista de Leonard Bernstein, y él decía que cuando tocó el piano por primera vez tocó a Dios y que eso, en términos freudianos, fue encontrar un mundo a salvo. De alguna manera La Cuadra es también un mundo a salvo...

“Sí, me gusta incluso más la imagen primera que dice Bernstein de que al tocar el piano tocó a Dios. Yo creo que de alguna manera hay una potencia que define un montón de cosas y que encontrarla es encontrar a Dios, incluso independiente de las creencias religiosas que cada quien tenga. Pero Dios como ese propósito universal que impulsa la potencia que todos tenemos, yo creo que sí, haber creado La Cuadra es un antes y después en mi vida, por todo, porque encontré un sitio a salvo, un sitio donde no está mal el dolor, ni está mal sentir rabia. Al tener La Cuadra, tenemos el sitio donde todo eso cabe y se transforma de alguna manera en esa potencia”.

La Cuadra además propone una imagen mucho más completa y más compleja de los barrios populares. ¿Qué ha pasado con la idea del barrio en este tiempo?

“La imagen del barrio se ha utilizado para muchas cosas, y como todos los conceptos complejos, que suelen ser muy plásticos, se suelen utilizar para cosas muy poderosas y para otras no solo baladís, sino incluso malas, entendiendo malo en el sentido de una romantización de cosas que no existen. Lo que pasa es que cuando la narrativa está instalada en una sola banda, esa banda suele contar una historia muy parcial, y en todas las historias hay matices, y eso era un poco lo que a mí no me funcionaba de las historias que se contaban, que tomaban una sola porción de la historia y daban por sentado que ese era el relato.

Yo crecí en un barrio lleno de ternura, pero conviviendo a la par con una violencia absoluta, entonces me quedaba faltando mucha parte de eso en lo que se contaba y quería que se contara esa otra parte. Haber hecho esa obra es contribuir al relato, que tampoco es el definitivo, pero que es otra visión”.

En el prólogo hablás de la novela que está escribiendo, ¿qué podés decir de ella?

“Es una novela un poco distinta, de un asesino en serie, pero ahora, a medida que la voy escribiendo, veo que eso no es sino una partecita, que por otro lado, sigue siendo lo mismo, un man del barrio con un montón de huecos que le hacen tomar unas decisiones muy pailas y que tiene un odio muy enquistado, y que después se va a encontrar con esa historia del asesino en serie, y aparece un narrador que viene a ser más o menos el mismo de siempre, pero que cabalga en dos épocas... Entonces, bueno, voy por ahí en la mitad, vamos a ver”.

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