Música

Bad Bunny en Medellín: música, símbolos y una primera noche que selló su conexión con Colombia

Una noche llena de símbolos puertorriqueños, música y músicos de excelsa calidad, un estadio lleno de idiomas y nacionalidades y hasta silencios que dijeron más que el bullicio, así comenzó el DeBÍ TiRAR MáS FOToS World Tour que Bad Bunny presentó en Medellín en una primera noche inolvidable.

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Periodista de la Universidad de Antioquia, especialista en periodismo digital en la UPB con 30 años de experiencia. Locutora y programadora de RCN Radio, reportera en Hora 13 Noticias y periodista en EL COLOMBIANO desde su página web hasta la sección de Tendencias de la que actualmente soy editora.

hace 3 horas

La conexión de Colombia y Benito Antonio Martínez Ocasio es de vieja data. Desde hace más de 10 años no ha dejado de venir al país. Hay, además de fanáticos, amigos, colegas que le abrieron puertas, y una ciudad que siempre le ha tendido la mano. Bad Bunny incluyó a Colombia DeBÍ TiRAR MáS FOToS World Tour con tres fechas consecutivas en Medellín y este viernes 23 de enero se vivió la primera noche llena de símbolos puertorriqueños, músicos de primer nivel, silencios muy dicientes y una noche muy bien planeada, de principio a fin.

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Lo primero que hay que resaltar es que el estadio Atanasio Girardot era una amalgama de nacionalidades: hablamos con bolivianos, venezolanos, estadounidenses; vimos banderas de Guatemala, Puerto Rico, Colombia y Ecuador. Había colombianos de Barranquilla, Bogotá, Ibagué, Pasto y Cali, por mencionar algunos. Aunque no había una pinta muy uniforme en los fanáticos, sí había un accesorio que prevalecía por encima de la media: la pava puertorriqueña, ese símbolo asociado a los jíbaros de la isla del encanto, un símbolo de trabajo, cultura, origen y hasta resistencia cultura. Bad Bunny lo usó en su Residencia de 31 conciertos en San Juan, no se lo puso en este primer concierto en Medellín.

El conejo malo vistió de traje con chaqueta oversize en el primer acto –recordemos que son tres– en un tono beige con corbata satinada en blanco (como accesorios 3 anillos de pedrería grande y vistosa en una mano y otro más sútil, pero brillante, en la otra). En el segundo acto fue un set deportivo de Adidas en chaqueta azul, pantaloneta amarilla y gorra blanca, y en el tercero con un sombrero con orejeras (ya muy habitual en su gira), suéter sobre camisa, guantes con pedrería y gafas a juego. Bad Bunny es considerado un ícono de moda en el mundo, por sus pintas audaces, lejanas de etiquetas de género y que marcan tendencia. Definitivamente en Medellín lo demostró.

Hablemos de música

Antes de hablar del derrotero de canciones, éxitos y sorpresas hay que destacar el trabajo de la agrupación boricua Chuwi, los mismos que cantan con él WELTiTA en su más reciente disco y que animaron al público desde las 8:00 de la noche. Lorén y sus hermanos Willy y Wester, y Adrián, el hermano de vida que todos tienen, cantaron su música, incluyendo Tikiri, la canción que hizo que Bad Bunny se fijara en ellos.

Otro punto importante es la puntualidad de Bad Bunny. En los avisos de los organizadores –que andaban rodando en redes sociales– decían que el artista principal comenzaría a las 9:00 de la noche y así fue: ni un minuto más ni un minuto menos, a las 9:00 en punto comenzó el show, con una pareja de paisas, en un video recitando las “palabras mágicas” que harían “aparecer” a Bad Bunny: Benito, hijo de Benito, le decían Tito

El mayor de seis, trabajando desde chamaquito

Guiando camione’ como el pai y el abuelo

Aunque su sueño siempre fue ser ingeniero...

Justo el inicio de LA MuDANZA, primera canción del setlist. Tras la declamación con acento paisa se prendieron las luces del escenario y ahí estaba Benito, su presencia sin más, una pantalla gigante detallaba su cara, ensimismado, viendo al público, sintiendo la euforia colectiva. Nada de música, silencio absoluto. Un minuto y veinte segundos así hasta decir, con su inconfundible voz: “Un aplauso pa’ mami y papi, porque en verda’ rompieron”.

Concluí, tras ver el concierto completo, que Bad Bunny es un mago de los silencios, los utilizó en todo el concierto de manera precisa, programada y eficiente. No es normal escuchar silencios en un concierto –incluso para muchos son considerados errores–, pero para el conejo malo son todo un insumo presencial. El sentido: muchos y tan variados como impredecibles. Unos detenían la euforia, la ponían en pausa para que luego explotara a borbotones, como un globo lleno de aire que no aguanta más y debe reventarse. Otros para analizar el entorno, para observar a sus fanáticos y escoger –entre los que estaban cerca de La casita quién iba a gritar el “Acho PR es otra cosa” (Acho viene de muchacho, PR son las iniciales de Puerto Rico) antes de la canción VOY A LLeVARTE PA PR–, o como aquellos que solo parecieran detener el tiempo y dejar una postal en la memoria.

“Siempre explico que este show es simple, se trata de la unión de un pueblo, de la unión de Colombia con Puerto Rico, con Latinoamérica. Este show se trata de disfrutar las cosas simples de la vida como cantar una canción con tu gente querida, como bailar, brincar, sudar, reír, llorar, entonces por eso les digo que son ustedes los que tienen el poder de convertir esta noche en una que no olvidemos nunca, ¡disfruta y baila sin miedo Medellín!”, dijo Bad Bunny al iniciar el show.

Antes de hablar de las canciones hay que destacar los buenos músicos que lo acompañan y los homenajes a Colombia. El cuatrista José Eduardo Santana quien tocó no solo el folclor de la isla sino que con su cuatro puertorriqueño entonó la melodía de Colombia tierra querida y el reconocido grupo Los pleneros de la cresta, homenajean al país con La múcura, de Crescencio Salcedo. El resto de los integrantes de su banda son músicos de una calidad sublime. En los solos de teclados, percusión y hasta bajo, Bad Bunny se hacía a un lado, era el momento en que ellos brillaran.

Las canciones, las mismas que se habían filtrado previamente: Callaita, PIToRRO DE COCO, WELTiTA, TURiSTA, BAILE INoLVIDABLE, NUEVAYoL, en un primer acto. En La casita canta VeLDÁ, Tití me preguntó, Neverita, Si veo a tu mamá, VOY A LLeVARTE PA PR, No me conoce, Bichiyal, Yo perreo sola, Efecto, Safaera y Monaco. En tercer acto, de nuevo en el escenario principal fue para la canción sorpresa, esa que es única para cada ciudad y que en Medellín fue NO ME QUIERO CASAR.

Ahí también rompió otra costumbre que venía teniendo en sus conciertos de no tener invitados en la primera fecha, porque Li Saumet, de Bomba Estéreo, salió a cantar con Bad Bunny la canción Ojitos lindos.

La canción causó expectativa, pero no, no subió J Balvin en la primera noche. De ahí siguieron temas como Diles, KLOuFRENS, BOKeTE, El apagón –en la que sostuvo la pantalla principal apagada, no fue un error, fue otro de los símbolos de esa resistencia boricua y que denuncia la desigualdad y los cortes de energía que ha sufrido la isla, simulamos un “apagón” en vivo para que lo que vivió Puerto Rico sea comprendido–. Y luego a cerrar con DtMF y EoO.

“Es una noche que no olvidaré jamás, los quiero y los amo con el corazón, el Conejo Malo es de ustedes por siempre, gracias”, dijo para despedirse.

Más símbolos de Puerto Rico en el concierto de Bad Bunny

El sapo concho interactuó con el público sobre Medellín –mientras Bad Bunny llegaba a La Casita, al otro lado del estadio– y en un tono divertido contó los lugares que había visitado, pero más allá de eso fue souvenir para los asistentes al VIP, e imagen constante de los lugares instagrameables ubicados antes de entrar a la gramilla y en los pasillos del estadio.

El sapo concho es una especie endémica de Puerto Rico y en peligro de extinción. En PR simboliza la identidad, la resiliencia, la resistencia cultural y ecológica.

La casita es otro símbolo único en esta iconografía de Bad Bunny, no solo por lo que representa en sí sino por su ubicación. El escenario principal está delante de la tribuna Norte y la casita, al lado contrario, en Sur, justo al frente de quienes pagaron la boleta más barata del concierto. Esto en cientos de países ha causado ampolla, pero para muchos que ven más allá de una simple ubicación, esto es la prueba de que, “aunque sea por un instante, una lógica de exclusión que para millones de personas no es excepcional, sino diaria”, dijo en México la periodista Carol H Solis.

Pero además La casita simboliza el hogar, la comunidad desplazada por la gentrificación, para otros envía también un mensaje, por su ubicación, de que el entretenimiento “no debería ser un lujo exclusivo”.

En esta casita había bastantes mujeres disfrutando de esta fiesta con Bad Bunny, pero también, a un ladito se vieron Ryan Castro y SOG.

La gente salió feliz, los bolivianos que entrevistamos, Gustavo, Pedro, Karen y Fabiana consideraron este un gran concierto: “Yo le pongo 100 de 10, por Bad Bunny y por el público, muy animado, bailando mucho, de verdad los colombianos son alegres”, concluyó Gustavo.

Y así como él la mayoría fueron caras felices, algunos acentos latinoamericanos desvanecidos por cuenta del aguardiente antioqueño, y el cansancio habitual tras dos horas y media –también precisas – de show. Los que alcanzaron camarita, que fue la movida de Bad Bunny para evitar las manillas que cambian de color y crear un souvenir más original, salieron con ella colgada y aún moviéndose entre rojos y azules.

Bad Bunny sacudió a Medellín y apenas lleva una noche.

Últimos números del evento

Cerca de 40.000 personas disfrutaron de este show. En el sector de comidas la movida musical también dinamizó la noche. Emilio Valencia Giraldo, chef de los restaurantes de Karol G y actual creador de la taquería Candela, nos confirmó que desde hace 10 días vienen trabajando para prepararse para estas tres noches en la que van a trabajar cerca de 80 personas y en las que esperan vender más de 40.000 tacos. Como lo dijo el alcalde Federico Gutiérrez, Medellín está más llena que nunca y actualmente hay una ocupación hotelera cercana al 94%.