Elecciones 2026

Sergio Fajardo: las redes sociales son su plaza pública, ¿esta vez si podrá?

A menos de dos semanas de la primera vuelta, Fajardo habla de las lecciones que ha aprendido en el camino, de cómo “todavía hay tiempo” para dar una sorpresa y que, ante todo, está “en paz”.

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Estudié Ciencias Políticas en la Universidad Eafit de Medellín. Empecé en la prensa gracias al periodismo universitario y las columnas de opinión y después me formé en la Escuela Periodismo Multimedia El Tiempo, donde cubrí temas políticos, electorales y regionales. Soy fanático de la música, la cultura y la literatura.

hace 1 hora

“Un gran error que cometí fue no haber entendido temprano la potencia de las redes sociales”, dice Sergio Fajardo en una conversación por teléfono. Se le escucha tranquilo, en paz. A pesar de que las encuestas no lo favorecen, él dice que “todavía hay tiempo” y guarda esperanza en que los indecisos lo lleven a segunda vuelta. Entre ellos, ese público joven que se informa por redes como TikTok.

Los “lives” como tarima

Entre las virtudes de la plataforma, dice que le gusta que, como no se pauta, “es un juego entre iguales”. Fajardo nunca ha sido de hacer política en tarimas y en plazas públicas, sino de callejear, volantear y llegarle a la gente con otro tipo de mensajes. Y, aunque hoy habla de las virtudes de las redes sociales, convencerlo no fue sencillo.

Tuvo que rodearse de jóvenes como Jéssica Blanco y José Paz, quienes le ayudaron a entender este nuevo lenguaje. Otra joven de su campaña le dijo a EL COLOMBIANO que, cuando él planteó alternativas a las redes, le respondieron, básicamente “no, mijo, es que no se puede”. Hoy, él no concibe una campaña sin ellas.

Y esta energía juvenil se ha visto en eventos como la “Fantástica Farra Fajardista”, o “las tres efes”, una fiesta que ha organizado con sus equipos de jóvenes en diferentes lugares del país.

“¿Usted sabe hace cuánto no me tomaba 7 aguardientes?”, le dijo a uno de sus asesores, quienes dijeron a este diario que la juventud ha sido clave en esta campaña, sobre todo en comunicaciones: “Le pusimos bótox a su espíritu”. En esas fiestas, se ha visto a Fajardo de DJ, mezclando pistas al ritmo de artistas como Karol G, Ryan Castro o Feid, todos de su tierra.

Fajardo también habla de cómo los “lives” o transmisiones en vivo se han vuelto su “tarima”, y cuenta con orgullo que pasaron de tener 2.000 personas en promedio a tener 23.000. Mientras conversa, se va acordando de gente de todas las regiones, hasta las más remotas, con las que ha podido conectar gracias a estas plataformas.

“Esta semana participó una mujer de una comunidad indígena de Ortega, Tolima, en un en vivo sobre temas de empleo. Después tuvimos a un estudiante de la Universidad del Atlántico en una charla sobre el Icetex, y luego a una muchacha de Cúcuta, con la que hablamos sobre las relaciones con Venezuela. La gente cree que TikTok es de chistes, pero nada”, dice.

Pasó de no saber qué era un “live” a proponerlos él solo. Hace poco, después de un debate presidencial organizado por EL COLOMBIANO y Teleantioquia, se quedó atrapado en un ascensor del canal público antioqueño. Ahí le dijo a su equipo “montémonos un live aquí” y, lejos de estar nervioso en la situación, se relajó y hasta hizo chistes: “De más que no han arreglado este ascensor desde que fui gobernador”, recuerda entre risas.

Esa misma capacidad para tomarse las crisis con calma —o con un chiste— es la que hoy le permite mirar en perspectiva una trayectoria pública que comenzó hace más de dos décadas.

“La campaña más difícil”

Fajardo fue gobernador de Antioquia entre 2011 y 2014. Su propuesta, como cuando fue alcalde de Medellín (2004-2007), se basó en promover la educación, el urbanismo social y la cultura ciudadana. De formación es matemático y ha sido profesor universitario. Sus gobiernos fueron transformadores para la ciudad y el departamento.

Logró la alcaldía en su segundo intento y la gobernación en el primero. Va por la presidencia por tercera vez: “Esta es la campaña más difícil que yo he tenido en mi vida. Sin duda, también es la Colombia más difícil, y llevo desde el año 2000 caminando”.

Sin embargo, no por eso se le escucha derrotado. A dos semanas de las elecciones, dice que “todavía hay tiempo” y agrega: “He estado en paz, con el espíritu limpio, a pesar de las trampas, mentiras, engaños, obstáculos de la campaña. La he sabido llevar bastante bien”. Esto coincide con lo que dijo alguien de su equipo a este medio: “Está más tranquilo, al principio estaba más estresado”.

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La conversación con Fajardo es por llamada, pero con escucharlo es evidente que no le gusta acordarse de la campaña de 2022, las resume así: “2022 fue la amargura. Nunca me quejé ni dije nada, pero todos los días fueron amargos. Pero no estoy con el retrovisor, quejándome”. Y reitera que hoy, pese a las dificultades, no pierde la esperanza en dar una sorpresa.

En esa campaña hizo parte de la Coalición Centro Esperanza, que pretendía reunir a varias figuras de centro. Sin embargo, hubo rupturas desde el principio. De ella no queda casi nada: Alejandro Gaviria fue ministro de Petro, Juan Manuel Galán apoya a Paloma Valencia y los allegados a Carlos Amaya, gobernador de Boyacá, están con Cepeda. El único que sigue junto a Fajardo es el exsenador Jorge Enrique Robledo.

De Antioquia a Colombia

Una fuente que trabajó con Fajardo hace unos años le dijo a este diario que el exgobernador cometió un error, que fue “descuidar” a Antioquia desde que se fue para Bogotá, donde vive desde 2019. Fajardo dijo que eso “es falso” y se justificó en que ganó la capital en 2018, cuando todavía vivía en Medellín. Y explicó, además, que no ganó en la ciudad de la que fue alcalde por “la polarización y lo que vino después del plebiscito”.

Fajardo dio a entender que no se puede desligar su identidad de su ser antioqueño: “Donde yo he estado, he sido un paisa y me dicen ‘ahí llegó el paisa’”.

Por eso no perdona una bandeja en Sancho Paisa cuando baja del aeropuerto; por supuesto, con una naranjada Postobón: “Se la toma como un ron a la orilla del mar”, dice alguien que hizo parte de su equipo. Otra persona que trabaja con él hoy dice que ve a un Fajardo “más canchero, con discurso de estadista” que “se conoce al país, que lo ha visto y eso se nota”.

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