Comerciantes del Quindío y el Eje Cafetero, entre pérdidas y ayudas que no llegan tras el terremoto
Comerciantes de Pereira y otros municipios del Quindío siguen afrontando pérdidas económicas y esperan los recursos anunciados para reabrir sus negocios, mientras algunos han tenido que asumir la recuperación con dinero propio.
La remoción de escombros avanza en Pereira y otros municipios del Eje Cafetero, pero la recuperación económica y habitacional no marcha al mismo ritmo. Comerciantes que perdieron sus negocios, familias con viviendas destruidas y comunidades que esperan decisiones sobre la reconstrucción o reubicación siguen sin respuestas definitivas. En algunos casos, los afectados han tenido que asumir los costos con sus propios recursos.
En el centro de Pereira, los negocios afectados por el terremoto enfrentan dificultades para retomar sus actividades. Diana Arenas, trabajadora de El Baratón, intenta recuperar la mercancía que quedó en el establecimiento para reabrirlo. Antes de la emergencia, la tienda tenía 15 empleados y recibía decenas de clientes y proveedores.
“Para nosotros, cero ayudas de la Alcaldía, ni de la Gobernación o del Gobierno. La tienda se está reconstruyendo con plata propia”, afirma Diana.
Además de las afectaciones al negocio, su vivienda, ubicada en Dosquebradas, quedó en pérdida total. Actualmente vive con su esposo y su hijo en la casa de su madre, mientras espera que le asignen el subsidio de arrendamiento. No fue incluida en la primera tanda de beneficiarios y desconoce cuándo recibirá el apoyo.
Otros comerciantes también reportan una reducción de sus ingresos. Juliana Gutiérrez, propietaria de una tienda de accesorios para celulares frente a la Alcaldía de Pereira, asegura que sus ventas diarias pasaron de cerca de $1 millón a unos $400.000 tras la emergencia y el cierre de varias edificaciones de la zona.
Irian Vásquez, de 90 años, quien vende tinto y mecato en La Tienda de Lucre, señala que tampoco ha recibido subsidios. Su establecimiento permaneció cerrado durante el primer mes, mientras se evaluaban los daños del edificio.
Ante esta situación, la Administración Municipal anunció que destinará $7.000 millones de recursos propios para entregar auxilios de hasta $5 millones a 1.400 comerciantes, a través de la Cámara de Comercio.
Sin embargo, el municipio también está a la espera de los desembolsos del Fondo Milagro, anunciado por el presidente Abelardo de la Espriella para atender a los sobrevivientes que necesitan recursos para pagar el arriendo.
Mientras se concretan estos recursos, los comerciantes deben afrontar la reducción de sus ingresos y los gastos para recuperar sus establecimientos, sin tener certeza sobre cuándo podrán acceder a las ayudas.
Familias de Quimbaya no saben si serán reubicadas
La falta de definiciones también afecta a las familias que perdieron sus viviendas o cuyos inmuebles quedaron inhabitables.
En el barrio Grisales, de Quimbaya, los residentes esperan que las autoridades determinen si podrán reconstruir sus casas o tendrán que ser reubicados. Luz Mery Quiceno, una de las fundadoras del sector, asegura que todavía no conocen el lugar al que serían trasladados ni las condiciones del eventual proceso.
“Esa es una advertencia que nos llevan haciendo hace tiempo, pero no dicen para dónde nos llevarían. Y ahora están dizque esperando un estudio de suelos, que no creo que hagan, la verdad”, señala.
En Quimbaya, más de 70 familias quedaron sin vivienda y alrededor de 3.000 reportaron daños parciales en sus casas. En la zona rural se reportaron, además, más de 400 viviendas destruidas.
El alcalde del municipio, Juan Manuel Rodríguez, reconoció que la magnitud de la emergencia superó la capacidad de respuesta de una población de sexta categoría. Aunque destacó la entrega de materiales de construcción y la llegada de los primeros subsidios de arrendamiento, pidió al Gobierno nacional y al departamental considerar alternativas para los negocios afectados.
La falta de decisiones definitivas sobre reconstrucción y reubicación mantiene a las familias en incertidumbre, mientras deben buscar soluciones temporales para permanecer bajo techo.
Para consultar contenido premium o profundizar sobre sus temas de interés de Medellín, Antioquia, Colombia y el Mundo, regístrese aquí.
Hospitales e iglesias continúan afectados
Los daños estructurales también mantienen restricciones en la prestación de servicios y el funcionamiento de espacios públicos.
En Montenegro, el hospital Roberto Quintero Villa completó dos meses con el servicio de urgencias en carpas instaladas en el parqueadero exterior. Los daños en el acceso a esta área obligaron a trasladar parte de la atención, mientras se espera un estudio de ingeniería para establecer el costo de las reparaciones.
El gerente encargado, Álvaro López, calcula que el servicio podría volver a la normalidad en un plazo de seis meses. Entretanto, pacientes y personal médico deben adaptarse a las condiciones de atención al aire libre, que el directivo considera inadecuadas por la exposición a la intemperie y los riesgos de seguridad.
En Quimbaya, la Basílica Menor permanece cerrada mientras se define el alcance de las reparaciones. En Filandia y Montenegro, otras iglesias también continúan fuera de servicio y las celebraciones religiosas se realizan en espacios temporales.
El cierre de estos lugares afecta la actividad comercial de sus alrededores. En Filandia, José Figueroa, propietario de Burguer House, pasó de vender 15 hamburguesas diarias a apenas dos.
La recuperación de estos espacios depende de evaluaciones técnicas y decisiones sobre las obras, mientras los comerciantes cercanos siguen afrontando la disminución de sus ingresos.
En Pereira, la secretaria de Infraestructura, Diana Osorio, informó que se habían removido 312.706 toneladas de escombros y que 70 demoliciones estaban ejecutadas o en proceso.
Por su parte, el alcalde Mauricio Salazar estima que se necesitan $10 billones para reconstruir el municipio.
La remoción de escombros y la demolición de estructuras afectadas son parte de la atención de la emergencia, pero no resuelven las necesidades de las familias que perdieron sus casas ni las de los comerciantes que buscan recuperar sus negocios.
A dos meses del terremoto, los afectados continúan esperando definiciones sobre la financiación de las obras, la entrega de subsidios y las alternativas para quienes no pueden regresar a sus viviendas.
La recuperación del Eje Cafetero depende ahora de que los anuncios de ayuda se traduzcan en recursos efectivos y de que las autoridades definan soluciones para las familias damnificadas y los sectores económicos afectados. Mientras tanto, parte de la población sigue asumiendo por su cuenta los costos de una emergencia que destruyó viviendas, negocios e infraestructura.
Lea la crónica completa aquí: A dos meses del terremoto, los sobrevivientes levantan el Eje Cafetero con su propio bolsillo y sudor