Testimonios en defensa de la Constitución del 91: “vivir sin esconderme”
En su aniversario, una alianza entre universidades, cortes y medios busca acercar a los ciudadanos a la Carta Política que lleva 35 años transformado el país.
Comunicadora social con énfasis en Periodismo y Audiovisual de la Javeriana. Ha trabajado para El Tiempo, Portafolio, Directo Bogotá y ahora en EL COLOMBIANO. Apasionada por temas de cultura, género y derechos humanos.
En las calles, una copia pequeña y delgada de la Constitución Política de Colombia, uno de los libros más importante del país, vale menos de 5.000 pesos; pero en la práctica, aquellas páginas contienen las Leyes que han protegido, durante 35 años, algo invaluable: los derechos y la vida de los colombianos.
Con motivo de la celebración de su aniversario este 4 de julio, universidades de distintas regiones del país (incluyendo Los Andes, Externado, Javeriana, Rosario, Sabana, Libre, Uniminuto, CESA, EAFIT e Icesi) y medios de comunicación, con el respaldo de la Corte Constitucional y la Corte Suprema de Justicia, unieron esfuerzos para lanzar la campaña #SomosConstitución, una iniciativa educativa que pondrá sobre la mesa relatos al rededor de la Carta Política; la historia de la misma y la importancia de protegerla.
Por el momento, son 13 los testimonios que sustentan la celebración de la firma final que le dio vida a la Constitución de 1991: no se trata solo de un conjunto de normas, sino de lineamientos para proteger poblaciones vulnerables, minorías, diversidades de género y frenar, legalmente, las desigualdades.
Algunos testimonios
Para Chloe Luxanna Pinilla, el derecho al libre desarrollo de la personalidad dejó de ser una frase escrita en la Constitución cuando pudo iniciar el proceso para cambiar su nombre. Durante años fue conocida como Mateo, aunque asegura que las señales de su identidad siempre habían estado ahí.
“Entendí que era mujer más o menos a los 22. Fue un trayecto larguito. Te das cuenta de que las pistas siempre estuvieron ahí, de que siempre fue así, pero tú solo lo ignorabas”, recuerda.
El cambio de nombre llegó por recomendación de su endocrinólogo, poco antes de comenzar el tratamiento hormonal. La transición legal, explica, facilita también la transición social, aunque admite que el proceso administrativo sigue siendo complejo y requiere actualizar múltiples documentos.
Aun así, considera que el esfuerzo vale la pena porque no solo valida su identidad, sino que también abre camino para otras personas trans. “La Constitución dice que todas las personas tenemos derecho al libre desarrollo de la personalidad. Para mí esas palabras significan poder vivir siendo quien soy, sin esconderme”.
Para Felipe Andrés Pabón, estudiante de Derecho, el cambio de perspectiva llegó al estudiar el caso del río Atrato. Hasta entonces pensaba que la defensa del medio ambiente era un asunto exclusivo de especialistas.
Sin embargo, conocer la lucha de comunidades negras e indígenas del Chocó contra la minería ilegal le mostró que cualquier ciudadano puede impulsar transformaciones profundas.
La decisión de la Corte Constitucional que reconoció al río Atrato como sujeto de derechos marcó un antes y un después en su forma de entender la Carta Política. “Ahí entendí algo. La Constitución no está en los libros”, afirma.
Para él, los artículos que garantizan el derecho a un ambiente sano y el deber de proteger los recursos naturales cobran sentido cuando las comunidades se organizan para defender su territorio. “El Atrato me enseñó que la naturaleza también se defiende con ciudadanía”.
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