Medellín

El cerebro de Francisco Lopera quedó en manos de la ciencia: así fue su donación y lo que estudia la UdeA dos años después

Francisco Lopera Restrepo fue el fundador del Grupo de Neurociencias de Antioquia. Si bien falleció debido a un melanoma que hizo metástasis y produjo lesiones en su cerebro, hasta las últimas semanas de su vida conservó sus capacidades cognitivas, lo que motiva aún más a sus colegas a seguir estudiando este tejido.

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hace 46 minutos

Dos años después de la muerte de Francisco Lopera Restrepo, el cerebro de este médico y neurólogo que dedicó más de la mitad de su vida a investigar el alzhéimer permanece en el Neurobanco de la Universidad de Antioquia.

Allí no solo se conserva como una pieza excepcional de la historia científica del Grupo de Neurociencias de Antioquia (GNA). También hace parte de investigaciones que buscan encontrar nuevas respuestas sobre el funcionamiento y las enfermedades del cerebro.

Lopera murió el 10 de septiembre de 2024, pero su familia tomó una decisión para prolongar su legado. Su hija, Karina Lopera y sus familiares, consideraron que el cerebro del investigador debía estar en el lugar al que él había pedido durante años que llegaran los cerebros de otros pacientes: el Neurobanco del GNA.

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La razón tenía que ver con una idea que Lopera defendió durante décadas, y es que la donación de tejido cerebral puede convertirse en una fuente de información imposible de obtener de otra manera.

Él conocía de primera mano el valor de comparar la historia clínica de una persona con lo que después puede observarse en su cerebro y, por eso, hablaba abiertamente con pacientes y familias sobre la importancia de donar.

El proceso de donación comenzó a través de una llamada, como empieza cualquier otro, sin embargo, esta vez el procedimiento tenía una carga emocional distinta, pues quien la recibió fue David Aguillón Niño, discípulo de Lopera y quien había asumido la coordinación del GNA poco antes de su muerte.

Él acompañó al investigador durante su enfermedad y había participado en más de 200 procesos de donación a lo largo de su formación. Pero en esta ocasión no pudo asumir personalmente la extracción.

La responsabilidad recayó en Andrés Villegas Lanau, coordinador del Neurobanco y también alumno y colega de Lopera. Si bien se siguieron los mismos pasos establecidos para los demás donantes, la diferencia estuvo en quién realizó una de las etapas más delicadas.

En vez de quedar a cargo de estudiantes, la extracción fue asumida por Villegas, que había compartido con Lopera buena parte de su trayectoria profesional.

Una vez concluido el procedimiento, el tejido pasó a formar parte oficial de la colección del Neurobanco con el número 563.

El cerebro está dividido en dos y se conserva con técnicas diferentes

Una mitad permanece conservada en formol. Esta parte está destinada a estudios histopatológicos, es decir, análisis microscópicos que permiten observar las características del tejido y detectar cambios o lesiones en diferentes estructuras cerebrales.

La otra mitad permanece congelada. Esta estrategia busca preservar durante muchos años las condiciones necesarias para realizar otro tipo de análisis científicos y mantener abierta la posibilidad de aplicar nuevas técnicas a medida que avance la investigación.

Así, el cerebro no se entiende como una muestra destinada a un único estudio y luego descartada. Su conservación está pensada para que pueda responder preguntas distintas con el paso del tiempo.

Y ese punto resulta importante en el caso de Lopera. El Neurobanco cuenta actualmente con una colección de 670 cerebros, pero el de quien fue su fundador está asociado a una historia científica que permite formular preguntas más complejas.

¿Qué puede revelar el cerebro del científico que estudió el cerebro?

La particularidad científica del tejido de Lopera está relacionada también con las circunstancias de su muerte.

El neurólogo falleció debido a un melanoma que hizo metástasis y produjo lesiones en el cerebro. Sin embargo, hasta las últimas semanas de su vida conservó sus capacidades cognitivas y continuó funcional, acompañando incluso el trabajo de su equipo.

Esa combinación abre una serie de interrogantes que podrían ser estudiados en su tejido cerebral.

De acuerdo con la explicación de Villegas, el cerebro puede aportar información sobre la llamada resiliencia cognitiva, es decir, la capacidad del cerebro para mantener determinadas funciones pese a la presencia de alteraciones o lesiones.

También puede ofrecer información sobre el comportamiento de las células tumorales y sobre la barrera que regula el paso de sustancias desde la sangre hacia el cerebro.

De hecho, el tejido de Lopera ya fue incorporado a investigaciones relacionadas con la estructura cerebral. Esto significa que su cerebro ya forma parte del trabajo científico que desarrolla el GNA.

El verdadero valor puede estar en las preguntas que todavía no existen

Una de las razones por las que el Neurobanco conserva los tejidos durante largos periodos es que la ciencia cambia y con ella cambian las preguntas.

Un tejido que hoy puede ser útil para un análisis microscópico puede adquirir otro valor dentro de cinco, diez o veinte años, cuando existan nuevas herramientas para estudiar proteínas, células, genes o conexiones neuronales.

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Por eso, en el caso de Lopera, la Universidad de Antioquia plantea que los estudios pueden ampliarse en la medida en que aparezcan nuevas preguntas científicas y se consigan los recursos necesarios para desarrollarlas.

Ese horizonte no es ajeno para el GNA. La historia del propio grupo demuestra que cerebros donados por pacientes y familias fueron fundamentales para investigaciones que terminaron produciendo hallazgos de enorme relevancia.

Entre ellos está el trabajo que permitió identificar la llamada “mutación paisa”, una variante genética asociada con una forma hereditaria y de aparición temprana del alzhéimer en familias antioqueñas.

También están las investigaciones que llevaron a identificar dos variantes genéticas consideradas candidatas a tener un efecto protector frente a la enfermedad.

Ahora, el cerebro del hombre que estuvo detrás de buena parte de esas investigaciones queda disponible para que nuevas generaciones de científicos vuelvan a formular preguntas sobre él.

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Bloque de preguntas y respuestas:

¿Dónde está actualmente el cerebro de Francisco Lopera?
El cerebro de Francisco Lopera Restrepo permanece en el Neurobanco de la Universidad de Antioquia, donde fue incorporado a la colección científica con el número 563. Allí se conserva para investigaciones presentes y futuras sobre el cerebro y las enfermedades neurodegenerativas.
¿Por qué la familia de Francisco Lopera decidió donar su cerebro?
Tras su muerte, el 10 de septiembre de 2024, su hija, Karina Lopera, y sus familiares decidieron cumplir con una idea que el propio investigador había defendido durante años: donar tejido cerebral para contribuir a la ciencia.
¿Cómo se conserva el cerebro de Francisco Lopera?
Una mitad permanece conservada en formol, lo que permite realizar estudios histopatológicos y observar el tejido al microscopio.