Humedad amenaza con destruir centenarios cuadros de la iglesia de Manrique, en Medellín, y no hay plata para arreglos
Parroquia clamó apoyo ciudadano para atender los daños estructurales que tiene el templo y que tienen en graves aprietos las 16 obras pictóricas de artista desconocido.
Periodista de la Universidad de Antioquia. Al igual que Joe Sacco, yo también entiendo el periodismo como el primer escalón de la historia.
La semana pasada, quienes se encontraban dentro de la iglesia de Nuestro Señor de la Misericordia de Manrique —uno de los templos más reconocidos del oriente de Medellín por su enorme aguja visible desde varios puntos de la ciudad— vivieron una escena inesperada.
El agua comenzó a filtrarse con tal intensidad que, como se dice popularmente, terminó cayendo más lluvia que afuera. Pero el asunto no fue un “milagro” sino más bien otra evidencia del problema que desde hace varios años preocupa a la comunidad religiosa y a la feligresía del sector: el deterioro de la iglesia por causa de las humedades.
Y es que las filtraciones no solo comprometen la infraestructura de esta construcción centenaria, sino también varias de las obras artísticas que adornan las altas paredes del templo, pinturas de gran valor histórico y religioso que llevan casi un siglo formando parte del lugar.
En total son 14 óleos sobre lienzo hechos por un autor anónimo que representan el Viacrucis de Jesús y cuatro frescos en los muros que recrean escenas de Santa Teresa de Jesús –la patrona de los carmelitas– y de la vida de Cristo. Todos están afectados o en riesgo por las humedades.
Estos cuadros tienen además un elemento de misterio que aumenta su valor cultural: hasta hoy no se sabe quién fue su autor. Durante años han circulado diversas versiones que atribuyen las pinturas a distintos artistas de renombre de la ciudad, pero ninguna ha sido confirmada.
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Esta incógnita vuelve aún más delicada la situación, pues existe la posibilidad de que las humedades terminen destruyendo estas piezas sin siquiera conocer quién las realizó. De hecho, ya se habría perdido uno de los cuadros originales, el cual tuvo que ser reemplazado. Aunque se intentó replicar la obra, la diferencia de armonías visuales es palpable.
Historia del templo
Según apuntes del genial cronista Gustavo Ospina Zapata –quien habitualmente escribía sobre este templo– la iglesia fue construida entre 1921 y 1931 por los Hermanos Carmelitas Descalzos que habitaban esta zona.
El diseño estuvo a cargo del religioso español Andrés Huarte Arbeloa, quien hacía parte de la comunidad de la Sagrada Familia. Si bien esta orden da una posible relación de Huarte con la construcción de la famosa basílica barcelonesa, lo que sí es cierto es que él fue responsable de esparcir su estilo neogótico por el departamento.
De hecho, la basílica menor de Nuestra Señora del Carmen en Frontino es de su autoría, lo que explica las similitudes estilísticas de ambos templos.
La iglesia de Manrique cuenta con un área construida cercana a los 1.216 metros cuadrados y una torre que alcanza los 60 metros de altura, convirtiéndose en uno de los elementos más visibles del paisaje urbano del nororiente de Medellín.
Pero si el exterior del templo ya es considerado una joya arquitectónica, su interior no se queda atrás. Además de sus formas y detalles decorativos, el espacio alberga dos altares laterales elaborados en madera fina, uno de los cuales fue restaurado hace algunos años.
Pero, a pesar de esta riqueza arquitectónica y artística, cada aguacero incrementa el riesgo de que las filtraciones sigan causando deterioros. Sin una intervención adecuada, el daño podría volverse irreversible.
“Rosario” de daños
Actualmente, quien está al frente de la parroquia es el sacerdote Fray Alejandro García Ramírez, un enérgico y risueño religioso quien admitió que desde su llegada hace un mes a la iglesia ha tenido que enfrentar de inmediato la compleja situación que vive la iglesia.
“Esta iglesia tiene casi 106 años de haberse construido. Los años van pasando y ciertas humedades se van manifestando. Y esas humedades están haciendo que el deterioro cada día sea más notorio”, comentó.
Según el sacerdote, después de la pandemia se han realizado algunos esfuerzos para intentar restaurar parte del área afectada.
No obstante, los recursos disponibles han sido insuficientes para abordar el problema con la profundidad que realmente requiere.
“Estamos hablando de casi $300 millones, porque eso tiene que hacerse con empresas especializadas y con mano de obra muy cualificada. Infortunadamente mucha gente no valora el arte. Solamente mira, dice que es muy lindo, pero al momento de hacer una inversión, pocos apoyan”, añadió.
Entre las primeras acciones necesarias está la impermeabilización de las terrazas del templo, un proceso que podría costar entre $30 y $40 millones.
Otro problema importante se encuentra en los bajantes de agua, que el sacerdote describió como las “venas” del templo. Estos conductos fueron diseñados hace más de un siglo, cuando el volumen de precipitaciones en la ciudad era menor, por lo que hoy resultan insuficientes para evacuar la cantidad de agua que cae en “diluvios” como el de la semana pasada.
Como consecuencia, el agua se desborda y termina filtrándose por diferentes partes. La situación se agrava por factores externos como la acumulación de hojas de los árboles cercanos y los residuos de palomas, que con frecuencia taponan los sifones.
Además, el edificio enfrenta otro problema: las raíces de algunos árboles cercanos que fueron sembrados hace un siglo y en fechas más cercanas, han comenzado a afectar el piso del templo, lo que genera filtraciones adicionales cada vez que llueve y permite que la humedad ascienda por la estructura o incluso pueda causar socavaciones.
En manos de Dios y de la gente
Aunque el templo fue declarado patrimonio cultural, artístico y religioso de Medellín en 1999, el sacerdote asegura que hasta el momento no han contado con un apoyo estatal concreto para adelantar las obras necesarias.
“Con la actual Alcaldía no se ha podido tener un acercamiento concreto. Al principio vinieron, hicieron el estudio, pero quedamos en eso y ya. En síntesis, no hemos tenido el apoyo, no porque ellos no hayan querido, sino porque asumimos que los recursos están destinados hacia otro lado”, comentó.
Este diario consultó al Distrito de Medellín para conocer su postura ante esta situación. Desde la Secretaría de Cultura indicaron que se estaban revisando el tema para realizar un pronunciamiento frente al mismo.
Igualmente EL COLOMBIANO consultó a la Fundación Ferrocarril de Antioquia –especializada en temas de restauración patrimonial– y desde allí aclararon que por un lado, en sus registros no aparece quien pudo haber sido el autor de los misteriosos cuadros y que actualmente tampoco se adelanta ninguna investigación en ese sentido, porque se requiere el aval de la comunidad para poder dar inicio a las pesquisas.
Y, de otro lado, frente al tema de las restauraciones, la entidad comentó que hasta ahora no han tenido ninguna solicitud o acercamiento para encarar las obras de recuperación del espacio. Aclararon que, de así decidirlo, será la comunidad religiosa la que –ya sea de manera particular o con el apoyo del Distrito– manifieste dicha intención para poder proceder.
Ante este panorama, y el costo de la recuperación del templo, Fray Alejandro hizo un llamado a la ciudadanía para que se sume a los esfuerzos de recuperación del templo, independientemente de las creencias religiosas de cada persona.
Para él, más que de salvar un monumento religioso, se trata de proteger un espacio que durante décadas ha sido parte del paisaje urbano y de la memoria colectiva de Medellín.
El objetivo, dice, es que con el apoyo de la comunidad la iglesia pueda recuperarse y seguir siendo un lugar donde la fe, la arquitectura y el arte continúen unidos.