¡Wow! Así quedó una mansión de 100 años tras su restauración en el único barrio patrimonial de Medellín
Más de 15.000 personas han visitado el Salón Prado, antiguo palacete que fue restaurado gracias a alianza público privada. Son 1.800 metros cuadrados dedicados al entretenimiento y la gastronomía. Es ahora la punta de lanza para recuperar más casonas históricas en el único barrio patrimonial de Medellín.
Una antigua mansión del barrio Prado —que el próximo año cumplirá un siglo— es ahora Salón Prado, el nuevo epicentro gastronómico y cultural del Centro, catalogado como el “proyecto ancla” con el que se busca lograr la tan anhelada “segunda edad dorada” del único barrio patrimonial de Medellín.
Convertido en referente de la memoria arquitectónica de Medellín, el Salón Prado registra más de 15.000 visitas desde su apertura en mayo. La estructura, una casona de casi 1.800 metros cuadrados antes llamada Casa Blanca, fue recuperada del abandono gracias a un modelo de alianza público-privada.
La intervención del inmueble incluyó reforzamiento estructural, restauración arquitectónica, adecuación de sus espacios y hasta fue necesario retirar 28 capas de pintura. El proyecto se financió en su totalidad con capital privado y se ejecutó a través de la Agencia para la Gestión del Paisaje, el Patrimonio y las Alianzas Público-Privadas (Agencia APP) de la Alcaldía de Medellín.
El inmueble está impregnado de simbolismos, como el gran mural Ríos de Vida, del maestro Ramón Vásquez (destacado pintor y muralista nacido en Ituango), que engalana el salón principal. En su interior, la oferta cultural y de servicios abarca galería de arte, museo, área de coworking, librería, café literario, restaurante de cocina colombiana, terraza, salón de vinilos, cervecería artesanal y salas para eventos corporativos.
La restauración de Casa Blanca abre una luz de esperanza para los 265 Bienes de Interés Cultural del barrio Prado, cuya mayoría son casonas históricas afectadas por el deterioro.
La mansión de los Arango
El lote fue adquirido entre 1924 y 1925 y la mansión fue construida en 1927, tan solo un año después del comienzo oficial del proceso urbanizador y de loteo que dio origen a Prado, liderado por el industrial y urbanista Ricardo Olano. Se sabe que en 1928 fue propiedad de la sociedad Ortiz y Compañía, que se las compró a la familia Olano, dueña de La Polka, la finca donde se construyó el barrio. Costó 16.500 pesos de la época.
Un año más tarde, fue vendida a Abel Restrepo, que pagó por ella 4.000 pesos y en marzo de 1933 se la vendió a Justo Pastor Arango Sánchez por el mismo valor. Arango compró un predio compuesto por cinco lotes, equivalentes a 2.000 varas cuadradas, una antigua unidad de medida de superficies utilizada para dimensionar los predios.
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Desde entonces y durante más de 40 años Casa Blanca fue la vivienda de Arango, dueño del Café Árabe, que quedaba en el edificio Vásquez en la Plaza Cisneros.
La casa se hizo sobre el área central y su constructor dispuso del lote esquinero para formar el antejardín y tres lotes posteriores para ubicar el solar. La estructura urbana de la zona donde se encuentra Salón Prado ha cambiado.
Se ubica en el cruce de la calle Jorge Robledo con carrera Popayán, cerca de la estación Hospital del metro. De los lotes originales solo se conservan los dos centrales, porque el esquinero está ocupado por un edificio de tres pisos y los posteriores por viviendas familiares.
La vía para recuperar patrimonio
Jorge García, empresario del sector gastronómico y de la cocina de gran formato, es el líder del proyecto de Salón Prado. Visionario y gran conversador, impulsó en 2016 Mercados del Río —el que está al lado del Edificio Bancolombia cerca a la estación Industriales—, exportó esa idea a siete países de Latinoamérica y decidió regresar a Medellín para apostar por el Centro.
En 2020, Jorge inició la búsqueda de una casa en Prado que cumpliera con las condiciones para desarrollar un proyecto gastronómico de gran formato. Tras analizar unas 23 propiedades durante la pandemia, eligió la antigua Casa Blanca para crear un proyecto que transformara la manera de habitar el centro patrimonial.
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“Era un reto porque era la más deteriorada de todas las casas que vimos, pero era la única que era bien fiscal (propiedad de la Alcaldía), las otras eran bienes privados y de ahí nació una alianza con el sector público”, cuenta.
Jorge tocó las puertas de la Agencia APP y le manifestó su intención de ocupar la casa para restaurarla y montar uno de sus negocios. La agencia le dio el sí y desde entonces comenzó una de las alianzas público-privadas más prometedoras para el futuro de Prado.
Daniel Escobar, director de la Agencia APP, destaca la importancia de Salón Prado como un proyecto que puede abrir la puerta a nuevas inversiones en el barrio. La intención de la Agencia es que el interés que tuvo el privado, en cabeza de Jorge, se replique en otros inmuebles del sector.
En Prado hay 265 bienes de interés cultural y patrimonial y 15 bienes fiscales —siete de ellos patrimoniales—, un inventario que, según Escobar, representa una oportunidad para desarrollar nuevos proyectos de ciudad. Menciona iniciativas como el Hotel Roncari y la Casa Ángel, además de la necesidad de definir el futuro de otros bienes fiscales como la Casa del Alcalde, también en Prado.
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Sin embargo, Escobar dice que concretar este potencial exige la articulación directa entre el Estado, la administración local y la propia comunidad. Por eso ve al Salón Prado como un punto de partida: “que Salón Prado sea esa llamita”, dice, una primera luz que puede encender muchas más y contribuir a que Prado vuelva a tener actividad, inversión y vida. “Terminemos de encender esas luces que van a volver a traer a Prado a la vida”.
Su restauración, una hazaña
El empresario García recuerda que la casa ha tenido múltiples vidas: albergó colegios, familias y asociaciones religiosas. En 1995 recibió al Instituto Mi Río, que marcó su transformación en bien fiscal del Distrito.
Tras su salida en 1998, distintas dependencias de la Alcaldía ocuparon el inmueble; la última fue la Secretaría de Inclusión Social, donde incluso funcionó una unidad que atendía habitantes de calle.Cuando Jorge llegó, encontró una casa deteriorada, cargada con casi un siglo de historias e inquilinos donde se sentía el peso de todo lo que había vivido.
El proceso de restauración comenzó a finales de 2023 y, aunque la mansión ya abrió sus puertas al público, la recuperación no termina: solo está habilitado cerca del 50 % de la casa. Uno de los momentos más emocionantes fue el hallazgo del baño de inmersión: tuvieron que cavar durante tres semanas para encontrarlo; tenía sus baldosines originales e intactos.
Entre finales del siglo XIX y comienzos del XX, las casonas de las familias prominentes del centro de Medellín y del barrio Prado incorporaron los baños de inmersión como un símbolo de estatus y refinamiento arquitectónico.
También aparecieron puertas que no figuraban en los planos originales de la Fundación Ferrocarril de Antioquia, vestigios de antiguos atanores de barro para conducir el agua y viejos cimientos de piedra, entre otros elementos que revelaron cómo fue construida la casa hace casi un siglo. Aunque la mansión de 1927 ha atravesado recientes movimientos sísmicos, su estructura sigue demostrando la solidez de aquellas construcciones.
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El futuro del barrio Prado
Prado es un barrio que funciona como un museo al aire libre por sus imponentes mansiones de múltiples estilos importados de otros países. Al preguntarle a Jorge por cuál es el estilo de Salón Prado, enfatiza que la casa no tiene uno en particular. Considera que es una arquitectura ecléctica porque tiene muchos estilos.
“Este lugar tiene una distribución de una casa típica de la Colonización Antioqueña heredada de las construcciones españolas. Es rectangular. Le pusieron marcos republicanos, arcos arabescos, columnas. Tiene inclusive vitrales art déco —movimiento de diseño y arquitectura surgido entre 1920 y 1939, definido por su elegancia geométrica, opulencia visual y la fascinación por la vanguardia tecnológica—, pero no tiene un estilo único. Uno podría decir que predominante neo republicano con toques árabes”, dice.
El Salón Prado es el “proyecto ancla” de la recuperación del barrio. Jorge lidera la intervención sobre un bien fiscal de la Alcaldía bajo un modelo de arrendamiento, una figura que permite que un privado asuma la restauración, operación y explotación comercial del inmueble, mientras sigue siendo propiedad pública.
La antigua Casa Blanca ya no está detenida en el tiempo y volvió a convertirse en un lugar vivo y abierto. Incluso su fachada cuenta parte de esa historia: dejó atrás el blanco y recuperó los tonos rosa y verde que posiblemente alguna vez tuvo. Para encontrarlos fue necesario retirar 28 capas de pintura acumuladas durante un siglo, hasta llegar a esos colores vivos, que además dialogan con el concepto urbanístico de “Ciudad Jardín” que inspiró a Prado.
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Quizás ahí está la verdadera dimensión de esta restauración. No se trata solamente de recuperar una mansión, sino de demostrar que puede volver a tener vida y ayudar a que un barrio entero vuelva a mirar hacia el futuro.
Bloque de preguntas y respuestas:
- ¿Dónde queda ubicado el Salón Prado en Medellín?
- Salón Prado está ubicado en la casona Casa Blanca, en el barrio Prado del Centro de Medellín, cerca de la estación Hospital del Metro, en el cruce de la calle Jorge Robledo con la carrera Popayán.
- ¿Qué servicios y oferta cultural ofrece Salón Prado en Medellín?
- El espacio integra un restaurante de cocina colombiana, café literario, cervecería artesanal, área de coworking, galería de arte, librería, salón de vinilos y espacios adaptados para eventos corporativos en un ambiente patrimonial.
- ¿Quién lideró la restauración de Casa Blanca en Prado en Medellín?
- El proyecto fue impulsado por el empresario gastronómico Jorge García en alianza con la Agencia para la Gestión del Paisaje, el Patrimonio y las Alianzas Público-Privadas (Agencia APP) de la Alcaldía de Medellín.