“Las tasas de interés del 3% o 4% no volverán en 2026, ni en 2027, ni siquiera en 2028”: presidente de Anif
La escalada en las tasas de interés del Banco de la República se materializó este viernes.
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La reciente decisión del Banco de la República de subir nuevamente las tasas de interés vuelve a poner en primer plano los riesgos que enfrenta la economía colombiana en un contexto de inflación persistente, presiones derivadas del fuerte aumento del salario mínimo y crecientes incertidumbres fiscales.
En entrevista con este medio, José Ignacio López, presidente de Anif, explica por qué la decisión del banco central es especialmente compleja, advierte que las tasas podrían superar el 11% o 12%, y descarta un retorno cercano a tasas bajas en el mediano plazo. Aquí la conversación.
El Banco de la República decidió subir la tasas de interés, ¿por qué era una decisión compleja para el Banco de la República?
“Sí, porque hay una tensión importante. Por un lado, la inflación sigue siendo un problema central. Aún no conocemos con precisión cómo va a reaccionar la inflación en los primeros meses del año al incremento del salario mínimo, porque todavía no tenemos los datos de enero. Sin embargo, los analistas ya prevén que la inflación de cierre de año será más alta de lo que se esperaba antes.
Las expectativas de inflación se ajustaron de manera significativa al alza y eso obliga al Banco a reaccionar, en buena medida, a esas expectativas. En la medida en que tengamos los datos de inflación de enero y febrero, en la reunión de marzo habrá una mayor confirmación del efecto inflacionario que pudo haber causado el aumento del salario mínimo”.
Con un aumento de 100 puntos básicos, la tasa quedó en 10,25%, ¿podríamos llegar a tasas más altas?
“Hay dos elementos clave. El primero es la incertidumbre sobre cuánta presión adicional en precios va a generar el incremento del salario mínimo. El segundo es que incluso el nivel de tasas en que estábamos alrededor de 9,25%, parecía no ser lo suficientemente restrictivo, dado que la inflación ha sido muy persistente y cerramos el año pasado por encima del 5%. Con esos dos factores, el análisis técnico del Banco de la República probablemente concluirá que se necesitan niveles de tasas más altos, no solo este aumento, sino incrementos adicionales en lo que resta del año.
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Nosotros estamos pensando que la tasa puede ubicarse en cerca del 11%. Muchos analistas coinciden en niveles superiores al 11%, e incluso algunos sugieren que podría llegar al 12%”.
Entonces, ¿cuándo volveremos a ver tasas del 2%, 3% o 4%?
“Esas tasas, por ahora, no se ven en un futuro próximo. Yo creo que Colombia, en este episodio, se va a quedar con inflaciones cercanas al 5% o 6%, y por tanto esos niveles de tasa no volverán en 2026, ni en 2027, ni siquiera en 2028.
Se requeriría, primero, una inflación en la meta del 3% y, segundo, un ajuste fiscal que reduzca las primas de riesgo, es decir, que permita que el Gobierno no tenga que pagar tasas de interés tan altas. Hasta que no se den esos dos factores, será muy difícil hablar de tasas como las que mencionas”.
¿Cómo se le explica a la gente del común que esta decisión sí les va a afectar el bolsillo?
“Hay que advertir dos cosas. La primera es que esto, sin duda, nos va a tocar a todos el bolsillo, de ahí la relevancia de la decisión. La segunda es que el efecto no es inmediato. Si el Banco de la República sube las tasas, no es que al lunes siguiente los colombianos ya lo sientan. El traslado de la tasa de política monetaria a los hogares y las empresas puede tardar cuatro, cinco o incluso seis meses. Con el tiempo, eso se reflejará en mayores tasas de interés para créditos de consumo, libre inversión e hipotecarios.
También se verá en las tasas de remuneración del ahorro, como algunos depósitos o instrumentos financieros, donde el efecto puede ser un poco más rápido. En el fondo, la señal es clara: se premia más el ahorro y se encarece el crédito, lo que busca moderar el consumo y reducir las presiones inflacionarias”.
El Gobierno ha defendido el aumento del salario mínimo argumentando que no necesariamente genera inflación y que impulsa el consumo. ¿Qué opina de ese argumento?
“El debate sobre el salario mínimo es complejo porque tiene muchos efectos. Es cierto que el Gobierno ha señalado que, por ahora, no se ha visto un impacto inflacionario claro, y es verdad que todavía es temprano para medirlo. Históricamente, los efectos del salario mínimo sobre la inflación se empiezan a notar con más claridad a partir de febrero, cuando las empresas ya han pagado las nóminas de enero y evalúan cuánto pueden absorber en costos y cuánto trasladar a precios.
En particular, el impacto se siente con fuerza en el rubro de servicios: educación, salud, alimentos fuera del hogar, turismo. Para quienes ganan el salario mínimo, el aumento sí representa una mejora importante en ingresos y puede favorecer su consumo. Pero también hay efectos adversos: personas que no ganan el mínimo enfrentan precios más altos y, en muchos casos, aumentos salariales menores. En el balance, habrá sectores que trasladarán el aumento a precios y otros que tratarán de ajustar costos, lo que puede implicar menor contratación o incluso despidos. Por eso, el efecto del salario mínimo se va a reflejar tanto en inflación como en empleo”.
Con ese contexto, ¿cuál es la proyección de inflación para cierre de año?
“Antes del aumento del salario mínimo, nuestra proyección estaba cerca del 4%. Hoy estamos más cerca del 6%. Nuestra proyección puntual es 5,8%, aunque algunos analistas advierten que podría incluso superar el 6%”.
El Gobierno ha propuesto desindexar del salario mínimo la vivienda VIS. ¿Cómo ven esa iniciativa?
“La desindexación de la vivienda genera mucha preocupación. La indexación al salario mínimo no era caprichosa: los costos de construcción dependen en buena medida de la mano de obra, muchas veces remunerada al salario mínimo.
Con un aumento tan fuerte del mínimo, los costos de construcción suben. Si ahora se pasa a indexar solo por inflación, los topes pueden no reflejar ese mayor costo y hacer inviable la oferta de vivienda de interés social. En un contexto donde ya hay problemas de subsidios y desistimientos de compradores, esta medida podría agravar la falta de oferta de vivienda”.
Anif ha advertido sobre el impacto de un decreto que limitaría las inversiones del ahorro pensional en el exterior. Ustedes hablan de una posible caída del 24% en el ahorro. ¿Cómo se llega a esa cifra?
“El mensaje central es que la diversificación es esencial en portafolios de ahorro de largo plazo, como el pensional. Hoy, los fondos invierten parte del ahorro en mercados internacionales, como el accionario de Estados Unidos, lo que permite capturar retornos importantes, por ejemplo, de empresas tecnológicas. El borrador del decreto va en contravía de ese principio.
Hicimos un ejercicio hipotético: un joven que empieza a cotizar hoy y lo hace durante 25 años. Al restringir la diversificación, las menores rentabilidades acumuladas pueden traducirse en una caída del ahorro final cercana al 24%. En el corto plazo puede parecer poco, pero en el largo plazo es una diferencia material. Estudios del Banco Mundial muestran que hasta 1,4 o 1,6 puntos de rentabilidad podrían perderse con una reversión de la diversificación. Eso implica menores ahorros y menores pensiones, e incluso mayor presión fiscal futura para el Gobierno”.
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¿Ese cálculo cambia si se aprueba la reforma pensional?
“Sí, cambia, porque el sistema se modifica. Con el nuevo esquema, una parte importante de las cotizaciones va a un pilar de reparto, lo que implica menos ahorro individual. Habría que hacer cálculos específicos según niveles de ingreso y el diseño final del sistema. Son ejercicios sensibles que dependen de si la reforma finalmente entra en vigor”.
Usted también ha alertado sobre operaciones de deuda del Gobierno en francos suizos. ¿Cuál es el riesgo?
“El Gobierno ha hecho operaciones sofisticadas para buscar ahorros, y en algunos casos los logró gracias a tasas muy bajas en francos suizos. El riesgo es que, si el franco suizo se aprecia frente al dólar o al euro, el ahorro por tasas bajas se puede perder al momento de pagar el capital. Si la moneda se fortalece, el Gobierno tendrá que destinar más recursos para cumplir sus obligaciones. No sabemos con certeza si hubo una estrategia de cobertura frente a ese riesgo, por lo que estamos atentos a que el plan financiero incluya información clara sobre estos riesgos cambiarios”.
¿Cómo evalúa la respuesta del Gobierno colombiano frente a la guerra arancelaria con Ecuador?
“Las guerras comerciales siempre generan pérdidas para ambas partes. Ecuador pierde y Colombia pierde. La retaliación comercial no suele estar en el mejor interés de los países. Sectores como vehículos, farmacéuticos, químicos y aceites, que tienen a Ecuador como destino importante, se verán afectados. Lo deseable es que esta situación se resuelva por la vía diplomática y no con una disrupción del comercio”.