Colombia concentraría el mayor mercado de telecomunicación en Latinoamérica y la OCDE
Con esto, el mapa del mercado de las telecomunicaciones en Colombia cambia y deja a Claro y al nuevo operador con cerca del 90% de la participación.
Comunicador social - Periodista de la UPB Bucaramanga. Magíster en Estudios Políticos de la Universidad de Caldas. Especialista en Comunicación Digital. Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar 2023. Miembro de Consejo de Redacción.
La fusión de Tigo y Movistar reconfigura de manera profunda el mercado de las telecomunicaciones en Colombia.
Entre Claro y la nueva entidad concentran cerca del 90% del mercado, un escenario que despierta temores de duopolio y menor competencia. De hecho, el país pasaría a tener uno de los mayores niveles de concentración en telecomunicaciones de América Latina y de la OCDE.
La operación recibió en noviembre pasado el aval condicionado de la Superintendencia de Industria y Comercio (SIC), dirigida por Cielo Rusinque, bajo la promesa de equilibrar una cancha donde Claro dicta las reglas, pues tiene el 45% de todos los ingresos del mercado.
Por ejemplo, al cierre del 2024, datos más recientes disponibles, los ingresos de los operadores móviles por servicios de internet alcanzaron $2,7 billones. La mayor porción fue para Claro (59%), seguido por Tigo (19%) y Movistar (15%), según la Superintendencia de Sociedades.
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Por eso, la representante Jennifer Pedraza Sandoval, en una columna en El Espectador, alerta que, con la integración, el índice HHI, que mide concentración y se acerca al máximo en 10.000, subiría hasta 6.258 puntos. “De permitir que Tigo absorba a Movistar, Colombia se convertiría en el país con mayores niveles de concentración en telecomunicaciones de Latinoamérica y de la OCDE”.
El temor no es menor en un país donde solo el 63% de los hogares tiene acceso a internet, según la OCDE, en su estudio “Acceso y uso de las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC) por los hogares de 2023”, pese a que la Ley 2308 de 2021 declaró la conectividad como servicio público esencial.
La propia OCDE ha advertido que las fusiones en mercados móviles suelen derivar en aumentos de precios, aunque sus efectos sobre inversión y calidad son más difíciles de medir. También ha destacado que la entrada de un cuarto operador, como ocurrió en Chile, Francia, Italia o México, produjo reducciones tarifarias y mejoras en el servicio.
Incluso, en 2022, la OCDE fue explícita con Colombia y recomendó “estimular la competencia en el mercado móvil, especialmente ante el despliegue de 5G, debido al dominio de un actor”.
¿Duopolio o competencia?
Para los asesores de la operación, consultados por este medio, viene una pelea de gigantes que puede beneficiar al usuario. Para los críticos es el acta de nacimiento de un duopolio que deja al 90% de los usuarios bajo el manto de solo dos jugadores.
Por eso, Martha Jiménez Muñoz, profesora de Derecho en la Universidad de Santander, advierte que un duopolio en telecomunicaciones, como el que se forma en Colombia, podría generar riesgos concretos para los usuarios como el incremento de precios y deterioro en la calidad del servicio, reducción de la libertad de elección, cierre del mercado a competidores.
Según la abogada, también habría prácticas como de empaquetamiento forzado, que obligan al usuario a adquirir servicios complementarios o impiden contratar productos de manera independiente, “y conductas predatorias que pueden distorsionar el mercado y excluir a operadores más pequeños”.
Por esa misma corriente, Jaider Morales, investigador del Departamento de Derecho, Comunicaciones y Tecnologías de la Información de la Universidad Externado de Colombia, en una reciente investigación, señaló: “el mercado colombiano de las telecomunicaciones ha experimentado una de sus mayores transformaciones estructurales con la autorización, condicionada por la SIC, de la integración de Tigo-Une y Movistar”.
Hasta antes de la operación, Tigo tenía 21,59% del mercado móvil y Movistar 16,84%. Unidos, suman cerca de 38%. Al frente está Claro (Comunicación Celular S.A.), con 51,65% a diciembre de 2024. El resultado: “un duopolio técnico entre Claro y el nuevo ente integrado”.
Morales insiste en que la operación “plantea un complejo equilibrio entre el potencial de eficiencias operativas y los riesgos latentes de una concentración que podría debilitar la competencia efectiva”. El investigador explica que la integración promete eficiencias.
Al eliminar duplicidades en infraestructura y compartir redes, las empresas podrían reducir costos. Ese ahorro, en teoría, debería traducirse en más inversión en cobertura rural, mejor calidad de servicio y mayor despliegue de 5G.
Además, el nuevo operador tendría una escala más cercana a la de Claro, lo que podría equilibrar la competencia. Pero el riesgo es evidente, “menos jugadores grandes implica menos presión competitiva”.
Por eso, la abogada Jiménez insiste en que ese duopolio genera una dependencia crítica de una infraestructura esencial lo que incrementa la vulnerabilidad del usuario frente a fallas, interrupciones o restricciones, dificultades técnicas o económicas para el cambio de proveedor, “afectando la portabilidad efectiva, situaciones de indefensión contractual, en las que los usuarios se encuentran obligados a aceptar condiciones unilaterales sin posibilidad real de negociación”.
Cabe recordar que la Comisión de Regulación de Comunicaciones advirtió durante el trámite que, en un escenario de coordinación entre los dos líderes, el bienestar del consumidor podría caer hasta 50,8% por alzas generalizadas de precios. “La preocupación parte de que cuando el mercado se vuelve más simétrico entre dos actores dominantes, aumenta la posibilidad de que compitan menos agresivamente”, dice Morales.
La evidencia comparada no es tranquilizadora. Un estudio basado en datos de la OCDE, que analizó 94 operadores en 29 países, concluyó que fusiones en mercados ya concentrados pueden elevar precios hasta 9,3%.
En zonas rurales y de baja densidad, el alza puede superar el 11% y frenar la inversión. Las simulaciones de la CRC advierten que una coordinación tácita entre Claro y el nuevo jugador podría reducir el bienestar del consumidor en más de 50%.
Tras este panorama, el abogado Germán Bacca, excomisionado de la Comisión de Regulación de Comunicaciones (CRC) y exsuperintendente delegado para la Protección de la Competencia, enfatiza en que la SIC fue “demasiado laxa”, ya que los condicionamientos impuestos resultan insuficientes frente a los riesgos que enfrenta el mercado.
Según Bacca, el sector ya arrastraba problemas estructurales de competencia desde hace dos décadas, marcados por la posición dominante de Claro. A su juicio, “la fusión no corrige esa distorsión sino que crea un duopolio”.
En su análisis, el nuevo jugador no tendrá la fuerza suficiente para arrebatarle mercado al dominante y, en cambio, podría concentrarse en captar los usuarios del competidor más pequeño, WOM.
Para Bacca, ese escenario conduce a un equilibrio entre dos gigantes que no se harán “daño” entre sí, con el riesgo de una convivencia tácita en precios. El resultado, advierte, sería menor presión competitiva y posibles afectaciones para los usuarios, que enfrentarían solo dos alternativas fuertes en el mercado.
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Impacto en operadores
El cierre afecta especialmente a WOM, el tercer operador con 7% del mercado, y a los Operadores Móviles Virtuales (OMV), que arriendan red a los grandes. La nueva entidad controla el 100% de la provisión de Roaming Automático Nacional, clave para que usuarios se conecten donde su operador no tiene cobertura.
Por eso, la representante Pedraza añade que permitir el duopolio “prácticamente liquida a los operadores minoritarios que no llegan ni al 1% del mercado como la ETB”. La empresa pública bogotana vio caer sus ingresos 11% a diciembre de 2024.
Morales coincide en que otro frente delicado son los Operadores Móviles Virtuales (OMV). Hasta ahora, Tigo y Movistar eran los principales proveedores de red para estos jugadores pequeños. Con la fusión, “se configura un monopolio de facto en el mercado mayorista para OMV. Si se encarece el acceso o se imponen condiciones restrictivas, podría reducirse la oferta para nichos específicos de consumidores”.
También menciona el caso de WOM, hoy el operador más pequeño de red, con menos del 8% del mercado. La SIC lo reconoce como un actor disruptivo que ha presionado a la baja los precios. Para evitar que el nuevo gigante lo asfixie, impuso tarifas máximas de acceso a roaming automático nacional y prohibió campañas dirigidas exclusivamente a usuarios de competidores pequeños.
Ante esto, la SIC concluyó que la integración modifica sustancialmente la estructura del mercado y elimina la rivalidad entre dos competidores relevantes. Identificó riesgos significativos como efectos coordinados, es decir, al pasar de tres grandes a dos, aumenta la probabilidad de colusión tácita.
Asimismo, habría mercados fijos municipales, ya que aumenta la concentración en internet fijo, voz, Dúo Play y Triple Play.
Cabe recordar que tras la unión Tigo-Une en 2014, un estudio de la Universidad de La Salle documentó reducción del 50% del personal de UNE y 30% en Tigo, además del cierre del 80% de tiendas físicas de Une en Medellín y Bogotá.
Asimismo, Darío Felipe Jiménez, magíster en Ciencias Económicas y profesor de la Universidad EIA, considera que la concentración del mercado no generaría incentivos suficientes para inversiones privadas en infraestructura e innovación. “En este sentido, por ejemplo, los proyectos de conectividad rural dependerían fundamentalmente de la inversión pública, por lo cual, el cierre de brecha en coberturas sería un reto aún mayor”.
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MinTIC niega duopolio
La ministra TIC, Karina Murcia, rechazó que se consolide un duopolio. “Esto es un proceso con toda la responsabilidad de vigilancia y con unos condicionamientos muy precisos”, afirmó en W Radio.
Añadió que la inversión busca mejorar calidad y expandir conectividad en regiones apartadas. “Hay regiones del país donde la infraestructura no llega, y con esta unión, los operadores podrán expandir su cobertura”. También aseguró que existen garantías para que pequeños operadores compitan en igualdad de condiciones y que los precios se mantengan estables.
El nuevo gigante queda con cerca del 38% del mercado y desafía el imperio regional de Carlos Slim en Colombia. Pero lo paradójico es que el Gobierno de Gustavo Petro, usualmente crítico de concentraciones y monopolios, autorizó la operación.
Es decir, la operación también tiene tintes políticos. Millicom, con sede en Luxemburgo, compró el 67,5% de Movistar a Telefónica por 214,4 millones de dólares y el control total de Tigo-Une tras pagar 569 millones a EPM. Planea adquirir el 32,5% restante de Movistar, hoy en manos del Ministerio de Hacienda.Ante esto, analistas cuestionan que el Gobierno actúe como juez y parte, pues debe decidir sobre una operación en la que también es accionista.
Al final, como concluye Morales en su investigación, esta integración transforma el mercado de “un oligopolio de cuatro grandes jugadores de red a un duopolio técnico Claro vs. Tigo-Movistar, con un competidor desafiante WOM”. Y Bacca alerta que se refuerzan las barreras de entrada y hace casi imposible la llegada de un cuarto operador en un mercado ya altamente concentrado.
Millicom celebró dicha fusión a través de un comunicado y señaló que la operación “fortalece el sector de telecomunicaciones de Colombia mediante la creación de un operador financieramente sólido con la escala y la capacidad de inversión necesarias para implementar mejoras cruciales en redes, espectro y tecnología”.