“El desarrollo responsable del fracking es una opción que Colombia debe evaluar”: CEO de Geopark
Tras adquirir los activos de Frontera Energy, GeoPark se convirtió en la mayor petrolera privada del país y proyecta duplicar su producción hacia 2028. Su CEO, Felipe Bayón, detalló los ambiciosos planes de inversión y abrió el debate sobre el fracking a partir de su experiencia en Vaca Muerta, Argentina.
Periodista de la Universidad de Antioquia. Especialista en Gestión de la Comunicación en las Organizaciones. Antes en El Tiempo. Premio Camacol (2024) y Asobancaria (2021 y 2024).
Este año comenzó con una jugada que sacudió el tablero energético colombiano: GeoPark anunció la compra de los activos de exploración y producción de petróleo y gas de Frontera Energy. Con esta movida se convirtió en la compañía privada de petróleo y gas más grande del país.
El acuerdo se cerró por US$375 millones —sujetos a ajustes de cierre— y contempla un pago adicional de US$25 millones si se cumplen ciertos hitos de desarrollo. Pero más allá de las cifras, el impacto es claro: GeoPark duplicará su producción y sus reservas, y dará un salto decisivo en su tamaño y capacidad operativa en Colombia. Es una expansión que cambia su dimensión dentro de la industria y la posiciona como un jugador aún más influyente en el sector de hidrocarburos.
Las proyecciones reflejan ese nuevo músculo. Con la transacción, la compañía espera superar los 90.000 barriles equivalentes de petróleo por día (boepd) en 2028, con un Ebitda cercano a US$950 millones.
Para dimensionarlo, antes de esta compra estimaba producir entre 44.000 y 46.000 boepd y alcanzar un Ebitda de entre US$490 millones y US$520 millones en ese mismo año. En otras palabras, el negocio prácticamente duplica el tamaño que la empresa proyectaba hace apenas unos meses.
En entrevista con EL COLOMBIANO, Felipe Bayón, CEO de GeoPark, detalló la hoja de ruta que la compañía se trazó para Colombia. Los planes son ambiciosos: inversiones por US$120 millones en 2026 y la perforación de 30 nuevos pozos.
Bayón también hizo una comparación con la experiencia de Argentina, donde GeoPark ingresó con activos en Vaca Muerta y fue testigo de una transformación energética acelerada. En apenas una década, la provincia de Neuquén multiplicó su producción de gas hasta alcanzar niveles que hoy son casi cuatro veces superiores a toda la producción de gas de Colombia, impulsada por el desarrollo de yacimientos no convencionales mediante fracking.
Para el directivo, ese antecedente debería servir como punto de partida para abrir en el país una discusión técnica, sustentada en datos y resultados, sobre el potencial de este tipo de recursos.
Compraron los activos de Frontera Energy y se convirtieron en la mayor petrolera privada del país, eso significa que Colombia sigue siendo un país atractivo para invertir...
“Sí. Esta operación es una muestra concreta de confianza en Colombia y una apuesta de largo plazo con el desarrollo de la industria energética del país.
Estamos haciendo una de las más grandes inversiones en la historia en GeoPark en Colombia, duplicando nuestro tamaño y convirtiéndonos en la mayor empresa privada de petróleo y gas de Colombia. Ese tipo de decisiones se toma cuando hay convicción en el país, en sus activos y en su potencial de largo plazo.
Llevamos casi 15 años operando en el país. Aquí invertimos, producimos, generamos empleo, regalías e impuestos. Con esta adquisición fortalecemos la producción nacional, protegemos reservas y contribuimos de manera directa a recuperar y garantizar la soberanía energética, que es fundamental para el cierre de brechas sociales e impulsar el progreso del país.
Colombia es un país donde se puede invertir, crecer y construir proyectos de largo plazo. Nosotros le estamos apostando a más producción, más desarrollo regional y más energía producida en el país”.
¿Qué otras proyecciones tiene la empresa en Colombia?
“En GeoPark vemos a Colombia como una plataforma sólida y de largo plazo, y eso se refleja en decisiones concretas.
Desde que llegué a la compañía, hace unos ocho meses, uno de los principales focos en nuestra estrategia es cuidar y fortalecer nuestro negocio en Colombia. Eso significa operar bien, de forma segura, y sacar el máximo potencial de campos que ya tienen un aporte importante a la producción nacional.
Un ejemplo claro es Llanos 34, uno de nuestros activos más relevantes. Ahí estamos trabajando en proyectos de recuperación secundaria, que permiten aprovechar mejor los campos existentes, extender su vida productiva y sostener la producción en el tiempo.
El 1 de diciembre, antes de esta adquisición, compartimos nuestro programa de trabajo para 2026. Ese plan, que no incluía todavía los nuevos activos, contemplaba una inversión de unos US$120 millones para perforar aproximadamente 30 pozos, justamente para mantener la producción e incorporar nuevas reservas desde campos que ya están aportando a la producción y a la soberanía energética de Colombia.
Esta adquisición lo que hace es fortalecer esa base que ya teníamos en Colombia, darle más escala y permitirnos seguir invirtiendo con una mirada de largo plazo, en beneficio del país y de las regiones donde operamos”.
¿Cómo han impactado los cambios regulatorios y el debate sobre nuevos contratos de exploración en sus decisiones de inversión en el país?
“Colombia todavía tiene grandes oportunidades para garantizar su soberanía energética, y eso requiere una mirada amplia, donde ninguna fuente de energía se excluya de la conversación.
El país aún tiene espacio para seguir desarrollando hidrocarburos de manera responsable. Eso incluye seguir explorando y desarrollando en áreas donde existe producción, utilizando tecnología que permita aumentar el factor de recobro. Eso es lo que estamos haciendo en campos maduros como Llanos 34, para mantener niveles de producción estables a lo largo del tiempo.
También, vemos oportunidades claras en áreas que hoy están en etapas iniciales de producción, donde una combinación de inversión, tecnología y experiencia operativa puede acelerar su desarrollo y convertirlas en activos relevantes de largo plazo para el país.
Ahora bien, si Colombia quiere mantener su soberanía energética en el tiempo, esa conversación necesariamente pasa por contar con nuevos contratos de exploración. Sin nuevos contratos de exploración, se impactará la reposición de reservas hacia adelante y eso significa que el país va produciendo hoy sin asegurar la energía que va a necesitar mañana. Con el tiempo, eso reduce la capacidad de Colombia de decidir sobre su propio futuro energético.
Un ejemplo claro es Argentina, en donde ingresamos en octubre pasado con la compra de dos bloques no convencionales de petróleo en Vaca Muerta, una de las áreas de desarrollo de hidrocarburos más dinámicas del continente. En apenas una década Neuquén, la provincia donde están estos activos, pasó a producir volúmenes de gas que hoy son, en orden de magnitud, cuatro veces superiores a toda la producción de gas de Colombia, a partir de una decisión consistente de desarrollar ese tipo de recursos con inversión, tecnología y escala.
Ese aprendizaje es relevante para Colombia. El desarrollo responsable de los no convencionales es una opción que el país debe evaluar para fortalecer su soberanía energética, siempre con altos estándares ambientales, rigor técnico y una discusión basada en datos y evidencia”.
¿Qué papel juega Colombia en la estrategia de transición energética de GeoPark y qué proyectos bajos en carbono están evaluando?
“Desde 2021 nos fijamos metas claras para reducir nuestra huella de carbono. Ese trabajo consistente nos ha llevado hoy a tener niveles de emisiones muy bajos en comparación con otras empresas de la industria. Para GeoPark, descarbonizar es una decisión de negocio que mejora la eficiencia, reduce costos y hace a la compañía más resiliente.
En Colombia hemos avanzado de manera muy práctica. Electrificamos nuestros principales campos para operar con energía del Sistema Interconectado Nacional, que es mayoritariamente limpio. Mejoramos la gestión del metano y logramos reducir cerca del 90% de esas emisiones entre 2020 y 2025. Eso tiene un impacto concreto y medible en nuestra huella ambiental.
Y ahí estamos dando un paso adicional. La semana pasada anunciamos la puesta en marcha de Orinoquía Regenera, que es una forma concreta de hacernos cargo de las emisiones residuales y, al mismo tiempo, generar beneficios ambientales y sociales en las regiones donde operamos.
Es un esfuerzo de alto impacto, con un potencial de transformar hasta 80.000 hectáreas en la Orinoquía, enfocado en sistemas silvopastoriles y en la recuperación productiva de suelos. Eso permite capturar carbono, mejorar la productividad del campo y fortalecer economías locales, respetando la vocación productiva del territorio.
Lo estamos haciendo con la Fundación Cataruben, que conoce profundamente el territorio, y con el respaldo financiero de Bancolombia. Para nosotros, este tipo de iniciativas reflejan cómo entendemos la transición energética, con acciones concretas, medibles y construidas desde el territorio”.
¿Cuáles son hoy los principales riesgos para operar en el país? ¿Sociales, ambientales, de seguridad o regulatorios?
“Creemos en Colombia, en su futuro, en el potencial del sector de los hidrocarburos y en la solidez de sus instituciones. Trabajamos de la mano de las autoridades nacionales y regionales, y también de las comunidades vecinas a nuestras operaciones, con quienes hemos construido relaciones de largo plazo basadas en el respeto y el diálogo. Operar bien en Colombia requiere entender el territorio y ser un actor confiable para quienes viven allí.
Somos conscientes de los retos que existen, particularmente en materia de orden público. Hemos visto un incremento en hechos de inseguridad, y también en los bloqueos a nuestra operación, muchas veces por razones ajenas a la compañía.
Frente a esto, ratificamos nuestra voluntad de trabajar de manera coordinada con las autoridades de todos los niveles, y de seguir fortaleciendo nuestras relaciones con las comunidades, siempre con el objetivo de construir confianza y generar mejores condiciones para las regiones de Colombia”.