¿Cambiar el jefe por un algoritmo? Los jóvenes ganan hasta $7 millones mensuales con las apps de movilidad
Con más de 21,5 millones de usuarios y 1,2 millones de cuentas en el país, plataformas de movilidad son una fuente de ingresos para miles de hogares. Los expertos alertan sobre los riesgos de construir esas ganancias sin protección social.
Las plataformas de movilidad ofrecen flexibilidad e ingresos atractivos, pero trasladan a conductores la responsabilidad sobre los costos del negocio y la seguridad social.
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Aprendiz de deportes. Apasionado por el periodismo deportivo, amante del café colombiano.
Hace apenas tres años, Santiago Vélez* salía de madrugada de su casa para trabajar como domiciliario en una empresa de Sabaneta. Las jornadas superaban las 12 horas diarias y, pese al esfuerzo, cada 15 días recibía alrededor de $600.000. Con ese salario debía ayudar en los gastos del hogar y, al mismo tiempo, intentar cumplir un sueño que parecía cada vez más lejano, ingresar a la universidad.
Hoy en día, a sus 25 años, su rutina arranca antes del amanecer. La diferencia es que ya no tiene un jefe esperándolo ni un horario fijo que cumplir. A las 3:30 de la mañana enciende su motocicleta y abre las aplicaciones de movilidad. Si la jornada resulta favorable, al finalizar el mes sus ingresos pueden superar los $6 millones. En sus mejores temporadas incluso llegó a facturar cerca de $7 millones.
Sin embargo, detrás de esas cifras hay una realidad que pocas veces aparece en los videos virales de TikTok donde los conductores muestran pantallazos con ganancias de buenos ingresos diarios. Santiago reconoce que nunca ha cotizado a pensión ni paga seguridad social como trabajador independiente. Tampoco tiene vacaciones remuneradas, primas, cesantías o una Administradora de Riesgos Laborales (ARL) que lo proteja si sufre un accidente mientras trabaja.
Su historia resume el dilema que enfrenta una creciente cantidad de colombianos, abandonar un empleo formal para obtener mayores ingresos y libertad de horario, aunque eso implique renunciar a buena parte de la protección laboral.
Esto ocurre en un país donde la informalidad sigue siendo la principal característica del mercado laboral. Según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane), durante el trimestre abril-junio de 2026 el 55,1% de los trabajadores ocupados es informal.
La economía de las plataformas
Cuando Santiago comenzó a trabajar en aplicaciones, a mediados de 2022, la realidad era otra. “En ese tiempo uno salía a trabajar toda la mañana y se hacía entre $40.000 y $80.000. Las tarifas eran muy bajas, tocaba recorrer casi toda la ciudad por $13.000 o $14.000 y realmente no alcanzaba para mucho”, recuerda.
La transformación llegó hacia finales de 2023. Las plataformas empezaron a incorporar tarifas dinámicas, incentivos económicos y promociones para atraer más conductores en momentos de alta demanda. En las horas pico, cuando miles de usuarios solicitaban un servicio al mismo tiempo, el valor de cada recorrido aumentaba considerablemente.
“Cuando empezaron las tarifas dinámicas cambió todo. Una carrera que normalmente pagaba $10.000 podía terminar pagando $18.000 o $20.000. Ahí fue cuando realmente empezamos a ganar dinero”, explica.
En determinados periodos, algunas plataformas incluso duplicaban el valor de los recorridos realizados durante ciertas franjas horarias. “Hubo promociones donde si usted hacía una carrera de $15.000 le daban otros $15.000. Eso permitía terminar un día con ingresos entre $280.000 y $350.000”, relata.
Desde entonces, sus ingresos crecieron progresivamente. Mientras en febrero obtuvo cerca de $4 millones, durante meses con alta demanda, como mayo y junio por la época del Mundial, superó los $7 millones. En jornadas excepcionales ha recibido hasta $450.000 en un solo día, incluyendo bonificaciones de la plataforma.
Pero el conductor de plataformas de movilidad insiste en que esos resultados no llegan solos. “Esto no es prender la aplicación y esperar que salga un viaje. Uno tiene que madrugar, entender los horarios, saber dónde hay más demanda, aprovechar los eventos, cuando llueve, cuando el Sistema Metro tiene problemas. Si uno trabaja inteligente, gana mucho más”.
Algoritmos cambiaron negocio
Otros de los que coinciden con Santiago son Andrew* y Mateo*, ambos jóvenes de Medellín, quienes manifiestan que logran facturar entre $5 millones y $9 millones al mes en apps de movilidad, desde su carro. Andrew, quien reúne miles de seguidores en redes sociales enseñando estrategias para maximizar ingresos, explica que las aplicaciones dejaron hace años de asignar servicios únicamente por cercanía.
En estos momentos, sostiene, utilizan modelos algorítmicos que analizan múltiples variables como la ubicación del conductor, su tasa de aceptación de viajes, cancelaciones, horarios habituales de conexión y comportamiento histórico.
Mateo dice que, desde esa perspectiva, entienden cómo funcionan esas dinámicas y logran acceder con mayor frecuencia a recorridos mejor remunerados.
Aunque las plataformas no revelan públicamente el funcionamiento específico de sus algoritmos, sí reconocen que utilizan modelos de inteligencia artificial para optimizar la asignación de servicios, reducir tiempos de espera y equilibrar la oferta y la demanda.
Para muchos conductores, aprender a interpretar esos patrones se convirtió casi en una nueva habilidad laboral.
¿Por qué las plataformas están atrayendo tantos trabajadores?
Las cifras muestran que el fenómeno ya dejó de ser marginal. De acuerdo con Alianza In, gremio que reúne a empresas como Uber, DiDi, Cabify y Rappi, durante 2024 más de 1,2 millones de cuentas de vehículos particulares prestaron servicios mediante plataformas digitales en Colombia.
A ellas se suman más de 185.000 cuentas correspondientes a taxis y cerca de 21,5 millones de usuarios activos.
En el segmento de domicilios, el ecosistema también continúa expandiéndose. Actualmente existen más de 645.000 cuentas de repartidores vinculadas a plataformas digitales y cerca de 135.000 comercios utilizan estos servicios para distribuir sus productos.
Para Luis Fernando Calderón, docente de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad de San Buenaventura, la explicación supera la comparación de salarios. “Lo que explica el fenómeno es una comparación que millones de trabajadores hacen todos los días entre lo que paga el empleo formal y lo que perciben que deja una aplicación”.
El economista señala que el salario mínimo para 2026 quedó en $2 millones incluyendo el auxilio de transporte. Frente a ese ingreso, encontrar actividades capaces de generar entre $4 millones y $7 millones mensuales se convierte en un poderoso incentivo económico. Sin embargo, detrás de esa decisión operan varios conceptos propios de la economía laboral.
Uno de ellos es el denominado “salario de reserva”, es decir, el ingreso mínimo que una persona considera aceptable para abandonar una actividad y dedicarse a otra.
“Para quien tiene como alternativa un empleo de uno o dos salarios mínimos con horarios rígidos, la aplicación ofrece más dinero visible por hora trabajada y prácticamente sin barreras de entrada distintas a tener un vehículo”, explica.
Otro factor es el valor económico que representa la flexibilidad. Poder decidir cuándo trabajar, descansar un martes si así lo desea o asistir a clases universitarias sin depender de un horario empresarial tiene un precio que muchos trabajadores consideran tan importante como el ingreso monetario.
Ese fue precisamente uno de los motivos que llevó a Santiago a cambiar de actividad. “Yo quería estudiar. Con el otro trabajo era imposible porque trabajaba todo el día. Ahora organizo mis horarios y puedo acomodar el trabajo con otras cosas”.
Industria que no deja de crecer
Para los economistas, ese crecimiento refleja un mercado laboral que todavía no logra ofrecer suficientes empleos formales bien remunerados. “Las plataformas amortiguan el desempleo, pero al mismo tiempo amplían la franja de trabajadores que no cotizan al sistema de protección social”, advierte Calderón.
Esa es precisamente la paradoja que comienza a preocupar a los expertos, mientras miles de colombianos encuentran en las aplicaciones una oportunidad para mejorar sus ingresos, el país enfrenta un desafío creciente sobre quién financiará las pensiones y la seguridad social de esos mismos trabajadores dentro de 20 o 30 años.
Pero los ingresos que muestran algunos conductores en redes sociales cuentan solo una parte de la historia. Cuando un creador de contenido publica que ganó $300.000 en un día o que facturó $9 millones en un mes, normalmente está hablando de ingresos brutos. Es decir, del dinero que entró antes de descontar gasolina, mantenimiento del vehículo, comisiones de las plataformas, llantas, aceite, impuestos y seguridad social.
Para el docente, esa es la principal diferencia entre un empleo formal y el trabajo en aplicaciones. “La medida correcta no es el ingreso bruto, sino el ingreso neto disponible por hora, ajustado por riesgo”.
El académico sostiene que cualquier comparación debe comenzar descontando las comisiones que cobran las plataformas, que pueden oscilar entre el 5% y el 25%, dependiendo de la empresa. Después vienen los costos operativos, encabezados por el combustible.
Solo ese rubro representa uno de los mayores gastos para quienes viven de conducir. Según la fuente, quien realizó cálculos para este trabajo, un conductor de carro que recorra cerca de 150 kilómetros diarios puede gastar alrededor de $1,6 millones mensuales en gasolina, suponiendo una jornada de seis días a la semana. Si se agregan mantenimiento, cambios de aceite, llantas, lavado, datos móviles y depreciación del vehículo, los costos aumentan considerablemente. “Un vehículo que recorre entre 4.000 y 5.000 kilómetros al mes se descapitaliza aceleradamente. Ese es un costo que muchos conductores no incorporan cuando calculan cuánto realmente están ganando”, advierte Calderón.
Al hacer el ejercicio completo, un conductor que facture cerca de $4 millones mensuales podría terminar con ingresos cercanos a los $2 millones una vez descontados los gastos básicos de operación, incluso antes de pagar salud y pensión.
A su vez, mientras un trabajador observa únicamente el salario consignado en su cuenta bancaria, el empleador también asume prestaciones sociales, cesantías, intereses, vacaciones, aportes a salud, pensión y riesgos laborales. “Por eso un trabajador que gana un salario mínimo realmente le cuesta mucho más a la empresa. Cuando se suman esos beneficios, la diferencia con el trabajo en plataformas ya no parece tan amplia”, afirma el economista.
La libertad también tiene precio
Para Santiago, sin embargo, la discusión no puede reducirse únicamente al dinero.
Reconoce que trabaja jornadas que fácilmente superan las 12 horas diarias cuando quiere aprovechar las horas de mayor demanda. Su rutina comienza antes de las 4:00 de la mañana para capturar el movimiento de quienes se desplazan hacia sus trabajos y vuelve a conectarse durante la tarde, cuando la ciudad enfrenta nuevamente congestiones.
En semanas de alta actividad puede trabajar más de 70 horas. “Uno maneja su tiempo, pero también tiene que ser muy disciplinado. Si quiero cumplir la meta del día me toca madrugar, aguantar frío, lluvia y muchas veces terminar muy tarde”, cuenta.
A ello se suman otros riesgos como accidentes de tránsito, los controles de las autoridades, la incertidumbre jurídica sobre las plataformas y el desgaste físico, que hacen parte de una actividad que, aunque ofrece libertad, también exige una alta carga de trabajo. “Hay días que uno se hace $300.000 o más, pero también hay días de $130.000 o $140.000. Además, toca enfrentar aguaceros, pasajeros difíciles y el miedo de que inmovilicen la moto”, relata.
Aun así, asegura que no volvería a un empleo tradicional. “No cambiaría esta libertad por volver a trabajar doce horas para otra persona”.
Más allá de la discusión jurídica, pocos dudan de que las plataformas seguirán creciendo. El aumento del costo de vida, la necesidad de ingresos adicionales y la búsqueda de mayor autonomía continúan impulsando a miles de personas hacia este modelo de trabajo. Para Calderón, ese crecimiento confirma que el país enfrenta una transformación estructural.
“Las plataformas no crearon la informalidad; la digitalizaron, le pusieron un algoritmo de asignación y la llevaron a una escala nunca antes vista”.
*Se cambiaron los nombres de las fuentes a petición de ellos.