Columnistas

Afecto

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06 de abril de 2019

Los días pasan en apariencia plácidos, cuánto nos cuestan esos lunes que tantas veces se atraviesan indolentes en nuestra ruta con esa arrogancia del que se sabe ser el primero, hay domingos impensables e intratables que apenas logramos dominar, cómo resulta de hermoso un buen sábado con esa modorra del que se encuentra presto al asueto, a cada uno lo baña una luz diferente, a veces difusa a veces refulgente como la pantalla luminosa de esa Tv que enceguece, en todos hay sucesos o tomamos decisiones micro o macro que afectan nuestra vida, nos abruman noticias cercanas o el eco de tantas lejanas, te avisan algo, te cuentan de alguien, lees o escuchas lo que querías o no deseabas oír, de lunes a domingo se cuela por ahí, a escondidas o en tu cara y como una bofetada, lo que desde tu burbuja tantas veces tratas de ignorar, cada día trae su afán, cada día se desdibuja algo ...

Tengo amigos que viven procurando no enterarse de lo que sucede, desechan la actualidad, pero viven el hoy, detestan -con razón- la noticia de nuestros telediarios que no deja respirar y siempre suena a alarma, se enteran de lo fundamental, pero eluden tanto suceso que afecta nuestra psiquis. A veces los envidio, porque soy adicto a la información, ellos en cambio, logran evadir tantos verbos indeseables que uno no quisiera conjugar o que se asomen por su vida o por su entorno, robar, acuchillar, disparar, asesinar, tumbar, extorsionar, violar, agredir, atentar, amenazar y tantos otros que cada vez más van construyendo un círculo que envuelve, aprisiona y asfixia día a día. El crimen crece a ritmos que asombran, según el Fiscal el robo de bicicletas lo hace a una tasa del 35 por ciento, el de celulares al 30, el de autopartes al 25 y el cosquilleo (vaya nombre) al 18, en este país estamos siempre expuestos al atraco o al robo, la propiedad privada y la vida perdieron su carácter sagrado. Aquí el que roba una vez, generalmente repite, lo demuestra el estudio de la Fiscalía, que afirma que de los 86.000 imputados, el 58 por ciento eran reincidentes y tenían antecedentes y algunos como el niño sicario de Medellín, que lleva a cuestas más muertos que años, son irrecuperables socialmente; pero también nos roba el funcionario (no todos) de un Estado fétido, el padre de Jenny Ambuila se ganaba seis millones de pesos, pero el reloj de pulsera de ella cuesta noventa y cuatro millones y su educación en Harvard no la podrá terminar de pagar nunca la falta de ética y decoro del padre.

Legislan nuestros políticos borbotones de leyes insulsas, aumentan las penas sin atacar los orígenes del mal, no se trata solo de eso, legislar sin educar de poco sirve. Quizás una buena dosis de afecto sea más efectiva que todas las leyes del mundo.