Afectos
De qué tamaño es la dosis de terror necesaria para reaccionar ante esta avalancha de pánico que en forma de micropartículas o virus se dispersa por el aire, el metro de distancia que quieren imponer para evitar contagiarnos creará una nueva barrera que la virtualidad ya edificó, los que pretenden advertirnos acerca del peligro que acecha nos llenan de pánico, el final del día se anuncia desde el amanecer con un vértigo que horada, el contagio es real pero los medios han ayudado a esparcir el pánico, el que estornuda es asesino potencial. De afuera nos llegan noticias de un mundo que a fuerza de desventuras deberá pausarse, mientras tanto aquí adentro uno se pregunta cuánta insensatez cabe en el Alcalde de este valle para plantear las incongruentes soluciones con las que hoy desilusiona a los ilusos que lo eligieron y a los que pretende gobernar. El virus que viene de afuera y el aire que respiramos aquí se encargan cada uno a su manera de recordarnos nuestra fragilidad, ese pequeño y democrático acto que significa respirar garantiza nuestra vida pero hoy está en riesgo, estos aires malsanos nos recuerdan que somos sujetos perecederos, aunque creamos lo contrario no somos invencibles, somos vulnerables, hemos perdido años valiosos pensando lo contrario, diseñando la ciudad que especuladores y políticos soñaban y arrasando los ecosistemas del valle, esta crisis respiratoria a la que nos enfrentamos hará (ojalá) que prioricemos nuestros deseos, que diseñemos el futuro de otra forma, que establezcamos otros modelos de trabajo, otras espacialidades, nuevas maneras de relacionamiento, otras rutas y otros viajes, este pánico que se dispersa por el mundo pretende atarnos e inmovilizarnos, busca coartar la libertad de movimientos y recluirnos en nuestra propia celda, busca derribar el ideal de libertad que la modernidad nos ofreció.
Ahora que entramos a una desaceleración planetaria, que el dios dinero también está de crisis y que nos sabemos impotentes para diseñar un futuro de bienestar, hemos entendido que aunque las búsquedas son individuales los temores nos agrupan, en apenas unos días el pánico nos arrinconó en la esquina de este cuarto que hemos llamado mundo y del que hoy quisiéramos saltar, en vez de susto deberíamos preguntarnos a qué dedicaremos este tiempo al que nos está obligando la pausa, tiempo que era un lujo escaso que veíamos fugarse, ¿qué nos ofrece este redescubrimiento de lo que somos? quizás el pequeño gesto de mirarnos a los ojos, el de detenernos a valorar la naturaleza, conversar sobre las cosas simples o entendernos con el otro en medio de la imposibilidad de tocarnos, quizás permita también entender que el amor reside en sabernos vulnerables, que el afecto es al final del día el remanente de estos cuerpos que tendemos a diario al sol.
Los buitres y los especuladores que merodean por ahí faltos de empatía y conciencia cívica se quedarán con lo que quede de la economía del mundo, en unos años los veremos sonreír y declararse vencedores, a ellos les quedará el espejismo del triunfo ... ¿a nosotros? esta pausa que disminuye el consumo, un mundo menos contaminado, el descubrirnos comunidad o el valor de los afectos.