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Cervantes y Teresa de Ávila

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15 de octubre de 2016

¿Conoció Cervantes a santa Teresa? Me lo pregunto hoy, 15 de octubre, día de la santa carmelita. Una curiosidad que, a mi juicio, no es peregrina en este cuarto centenario de la muerte del autor del Quijote. Al fin y al cabo, fueron coetáneos (ella nació en 1515 y él en 1547) y los dos son eximios exponentes del clasicismo español. Hablando de centenarios no sobra recordar que el año pasado se celebró el quinto del nacimiento de la santa de Ávila.

La única referencia expresa que de Santa Teresa hace Cervantes es la poesía “Los éxtasis de la beata madre Teresa de Jesús”, escrita con motivo de su beatificación el 24 de abril de 1515 por el papa Paulo V. No tan buen poeta como insuperable prosista, en ese poema que empieza “Virgen fecunda, madre venturosa...”, su autor da muestras de haber conocido bien la fama de santidad de la mística carmelita. Al fin y al cabo, en vida santa Teresa fue comidilla de chismes en la Corte, en la que tanto gustaba merodear a Cervantes.

Pero también debió conocer sus escritos. La primera edición de las obras completas de Teresa, a cargo de otro grande del Siglo de Oro, fray Luis de León, fue publicada en 1588, con una reedición en Barcelona el mismo año y otra, también de fray Luis, el año siguiente en Salamanca. Luego vinieron muchas más. A la sazón Cervantes, ya de 41 años, estaba residenciado en Valladolid tras su regreso a España en 1580, luego de cinco años de haber estado cautivo de los turcos.

No se salvan muchos versos en la poesía citada. Tal vez los que rezan: “Aunque naciste en Ávila, se puede/ decir que en Alba fue donde naciste;/ pues allí donde muere nace el justo”.

Jugando a los paralelismos, coincide la muerte de santa Teresa, en 1582, con la solicitud hecha por Cervantes ese año para venir a las Indias, precisamente a nuestra ciudad de Cartagena. Por esos años, entre 1581 y 1583, escribió “La Galatea”, su primera gran obra, que publicó en 1585.

No consta que Cervantes haya conocido personalmente a Santa Teresa. Cuando él nació en 1547, la santa tenía 32 años, ya era monja carmelita y trasegaba entre enfermedades y zozobras un difícil camino espiritual que solo maduraría en 1554. En 1562 fundó el Carmelo de san José, en Ávila, dando comienzo a la reforma de la orden del Carmen al lado de san Juan de la Cruz, otro de los grandes clásicos españoles.

Haya o no conocido Cervantes a santa Teresa, hay un punto innegable en el que los dos se encuentran: los libros de caballerías. Que hicieron perder el juicio a don Alonso Quijano y que Teresa Sánchez de Cepeda, en plena adolescencia, leyó con pasión. Ambos recorrieron los caminos de España: ella, aventurera de la divinidad, fundando conventos; él, caballero andante sobre Rocinante. Pero, acabado el espacio, de ello hablaremos en otra ocasión.