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Creer

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08 de julio de 2017

Según la noticia aparecida en El País de España, el Inegi (Instituto Nacional de Estadística y Geografía de México), organismo autónomo del gobierno, realizó un estudio que demostró que las empresas mexicanas pagaron ochenta y ocho millones de dólares para agilizar trámites y evitar multas o sanciones, eso representó un promedio de seiscientos setenta y dos dólares en sobornos por empresa. La encuesta se realizó entre 34.681 compañías de todos los tamaños y evidenció que “la corrupción es un acto cotidiano”.

En Colombia los resultados de un estudio similar serían iguales o peores, cada día dudamos más, hemos llegado al límite de la desconfianza y el asombro, no solo son las coimas, ahí están los hechos, algunos desconfían de la ONU y sus datos sobre la entrega de armas, capturan en los Llanos un funcionario de la OEA, a Medellín y Antioquia la estremecen las detenciones de funcionarios que debían fiscalizar y controlar, cae ahí hasta la ex auditora de la Nación; el fiscal rastrea 1,65 billones desviados en saqueos, desalienta levantarse de la cama, se soborna de mil maneras, antes de oír a los implicados ya se duda de ellos, se descalifica todo y a todos sin piedad, a eso nos ha llevado esta sociedad enferma, reina la incertidumbre, se desvaneció la ética; dudan el banco, la Dian y el Estado de nosotros, pero no del funcionario y su mujer (que para obtener su libertad, acusó a su abuela muerta en un caso de tráfico de drogas), él engaña al polígrafo, pero aún lo llaman doctor, pretende arrepentirse en una carta; este Estado manilargo, construye leyes y normas para usted y yo a los que de antemano ve tan ladrones como es él, detesta confiar en nosotros, para sacarnos el dinero del bolsillo crea impuestos con los mismos que se equivocaron a diestra y siniestra en cuanta junta y silla han ocupado, se reparten coimas y contratos, se roban el futuro, ya saquearon el pasado.

Según Luis Fernando Mejía, jefe del Departamento Nacional de Planeación, el Estado gasta en subsidios setenta y dos billones de pesos, esto representa nueve puntos del PIB, estos no necesariamente se asignan en áreas identificables y no siempre conocemos su destino, es decir, que de esa suma es probable que algunos billones terminen alimentando la corrupción, mientras tanto, las regalías por ejecutar ascienden a 12,7 billones de pesos, cuánto de estas gigantescas sumas sustraerán los que nos dicen controlar o los que nos gobiernan hace siglos?

El problema no resulta nada simple, debemos reconstruir desde la ética la confianza perdida, de eso se trata, aquí no habrá avances, ni desarme, ni esperanza, mientras como colectivo no empecemos a confiar en el otro y ese otro demuestre con hechos que vale la pena hacerlo, se trata, insisto, de creer, en algo, en alguien, o al menos de que empecemos esa búsqueda, no descalifico la duda, dudar es sano, prejuzgar hace daño, debemos abandonar el mantra del no te quiero creer, el del no me interesa creerte, ni creer en ti, el del puedes hablar pero tus argumentos no me importan, el del oigo lo que quiero oír, escucho y veo lo que mis ojos y oídos desean; quiero pensarme parte de un colectivo plural y tolerante, ansío poder creer y ojalá poder superar rápidamente esta pesadilla de país.