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Del clientelismo al populismo

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07 de febrero de 2018

Colombia ha conocido y sufrido el clientelismo. En diversos gobiernos, esta política se ha practicado. La democracia la ha padecido. No pocas veces con gran fuerza e influencia sobre las decisiones de los distintos cuatrienios. A partir del Frente Nacional tomó más fuerza. Por cada godo que entraba a la nómina, debía haber un liberal y viceversa. El juego del botellón resultó oneroso para las finanzas públicas.

Ahora se asoma en el escenario de la política nacional, el populismo, hermano mayor del clientelismo. El clientelismo es el telonero del concierto estridente del populismo.

Si el clientelismo se nutrió de la utilización de los recursos del Estado para mantenerse y refocilarse con el poder, el populismo estaría a punto de entrar en escena, ya que está en la mente y en los prospectos de gobierno de algunos aspirantes a la Presidencia. Ya la opinión pública los detecta. Los ha descubierto desde hace buen tiempo dado el manejo que les han imprimido a los cargos que han desempeñado en su paso por la administración pública.

Si el populismo llega al poder, enorme problema le causará al manejo de la deuda del Estado colombiano. Si esta hoy llega a los 412 billones de pesos, incrementada en más de 30 billones de pesos en el último año, quién sabe en manos de despilfarradores populistas a cuánto podría llegar en el próximo cuatrienio. Una deuda que hace cinco años representaba el 22 % del PIB, ahora equivale al 45 %. Si esto se aceleró en manos del clientelismo para cumplir compromisos políticos y acuerdos precipitados de paz, ¿qué podrá suceder con gobiernos más manirrotos e irresponsables para gastar y dilapidar que el actual?

¿Si el populismo llega al poder de brazo con el clientelismo, cómo manejará los compromisos firmados en La Habana que, según cálculos serios, llegarían a 130 billones de pesos en la próxima década? ¿Cómo va a financiar los recursos para atender esas obligaciones? ¿Con más deuda? ¿Con más impuestos? ¿Desbocará el gasto público?

No es fácil lo que se viene, si se cumplen las encuestas. Mandatos populistas reventarían las finanzas públicas. Con la circunstancia de que ya no podrán emitir billetes en serie, como hacían antes los gobiernos demagógicos y dictatoriales.

Los gobiernos populistas son proclives a crecer desproporcionadamente la nómina del Estado. A engordarlo de burocracia y de esterilidad. A regar el territorio nacional, más con políticas asistencialistas que de justicia social. A golpear la libertad de empresa, a romper los conceptos de austeridad del gasto, de racionalización del mismo, de selectividad y prelaciones en la destinación de los recursos oficiales.

Si Colombia quiere entrar en la órbita de las naciones populistas, cruzando los puentes del clientelismo, no es sino que vote por aquellos que hoy ofrecen ríos de leche y miel y que suponen que con el pan y el circo es fácil alcanzar el progreso social y el desarrollo económico.