Don Quijote
La UPB, el CES, Eafit, han conmemorado los cuatro siglos de vigencia de la obra tanto de Cervantes como de Shakespeare. Los dos grandes referentes de la novela y del drama. Hemos participado con eruditos conferencistas en estos seminarios, convocatorias que confirman una vez más no solo la perpetuidad de sus obras, sino el hecho de que sin el humanismo y la literatura, la ciencia, la tecnología, la economía, las artes, la filosofía, quedarían incompletas.
A los 400 años de la muerte de Cervantes, Don Quijote sigue vivo. Luchando y buscando la justicia y la libertad, conculcadas en no pocos regímenes totalitarios de la América, tierra en la que anheló trabajar y se le negó. “No hay hombre más vivo que don Quijote”, decía el poeta Rafael Maya. Las aventuras alucinantes del Caballero cervantino se prolongan, en versión caribeña, en el realismo mágico de Gabo.
De lo perdurable que tiene la obra del Quijote, es el permanente diálogo. Un soñador y un pragmático, a lomo de Rocinante y del Rucio, conversando y conversando, en una forma sencilla, abierta. Culto el caballero andante. Rústico el escudero, echando mano de refranes para condensar la idiosincrasia del pueblo español. No hay silencios prolongados mientras cabalgan. Es la fuerza de la palabra la que comunica y sirve de protagonista fundamental de la obra. Asoma la amarga ironía con la cual se arropa el hombre para enfrentar las vicisitudes y emociones de la existencia humana.
400 años después de su muerte, Cervantes/quijote sigue aún más vivo que hace 400 años. Mucha tinta sigue derramándose, buscando afanosamente sus misterios y mensajes. Es uno de los libros más traducidos de la humanidad. Quien vaya al silencioso como taciturno pueblo de El Toboso, en La Mancha, podrá entrar a la biblioteca que tiene más traducciones de la obra que habitantes.
El Quijote es un libro intemporal y contemporáneo. José Saramago, Nobel de Literatura, al ser preguntado por la obra que aún no había escrito, respondió: “Es imposible escribirla porque desde hace 400 años se adelantó Cervantes con El Quijote”. Y Borges sentenciaba: “Es el libro infinito porque todos lo estamos reescribiendo y nadie termina de escribirlo”. Se puede leer muchas veces y siempre en cada lectura, en cada meditación, se encontrarán nuevas sorpresas, se aprenderán ejemplarizantes lecciones de vida. Crea su lectura una irresistible empatía entre los personajes de la obra y el lector. Este se zambulle en el texto como un protagonista más. Hará parte del sencillo elenco, de gentes comunes con lenguaje llano que van copando espacios y tiempos sin afán alguno.
El Quijote es un libro que goza de muchas interpretaciones entre eruditos y diletantes. Admite el libre examen en sus discusiones. Por eso a veces Don Quijote no es lo que la mente de Cervantes quiso hacer, sino lo que el lector descubre e interpreta en él. Ahí está parte de su fascinación y de su inmortalidad.
Con esta obra comenzó la novela moderna. Cervantes es el padre indiscutible de ella. No se pone en duda su legitimidad como tampoco la de Shakespeare en el drama. Dos genios que cuatro siglos después, siguen conmoviendo la literatura universal....