El avestruz
Abrieron la semana los presidentes de las dos entidades gremiales más representativas, Andi y Fenalco, cuestionando resultados y manejo de las políticas industriales y comerciales. Este deficiente maniobrar tiene a la economía colombiana en difícil situación, comprobada, según Guillermo Botero el de Fenalco, “en datos y en hechos”. Fundamentada en cifras cicateras que alejan a Colombia, según MacMaster el de Andi, “de ser un país desarrollado”.
Desde el exterior reconocidas empresas calificadoras de riesgos ya han advertido las implicaciones negativas que tendrían los festines del despilfarro y negligencia oficial si no hay rectificaciones oportunas en el evolucionar de la economía colombiana.
Hace algunos meses la Standar and Poor’s puso la perspectiva del país en negativo. Ahora es la Fitch Rating que con la Moody’s notifica que “si no se hace el ajuste fiscal necesario la deuda seguirá aumentando y podría ser un riesgo para la calificación”. Agregan que “la carga de la deuda bruta de Colombia se encuentra muy cerca del 50 % del PIB, casi diez veces más alta que el promedio de países con calificación similar de BBB”.
Paralelo con estos avisos, se conocieron análisis importantes de Jeffrey Sachs, una de las grandes autoridades económicas del mundo, y de José Manuel Restrepo, economista rector de la Universidad del Rosario. Ambos coincidían, con diferentes enfoques, sobre los desajustes de la economía nacional.
Sachs insistía en algo que se reclama a voz en cuello en el país pero que a pesar de tanta insistencia se ignora. “Colombia invierte muy poco en ciencia y tecnología. Apenas el menos 2 % de su PIB. Hay poca investigación, que es la mejor forma de pasar a ser un país de ingreso alto...”. Volvió a cuestionar la equívoca política exportadora de basarla en materias primas, auge que “no es crecimiento, sino bonanzas de precios o vacas flacas”. Sometida a toda clase de contingencias, al hacer del país “una economía basada en materias primas”.
Restrepo Abondano pone en duda la financiación adecuada de los 130 billones de pesos que cuesta el posconflicto en los próximos 15 años. Valor que se queda más corto para su financiación, si acogemos la cifra de Anif que la calcula, con todas las arandelas que les han colgado a los compromisos de La Habana, en más del 5 % del PIB.
Restrepo, para dudar de que tanta verdad sea belleza, se fundamenta en tres premisas. Cuestiona primero lo que prevé el Gobierno como “un crecimiento del PIB este año del 2,4 %, cifra que ya ni siquiera contempla el Banco Central ni los organismos internacionales”. Duda de “que el déficit fiscal bajará al menos 2,2 % cuando a la fecha está en el menos 4 %”. Y recela de que las cosas resulten trabajando con “un precio promedio del petróleo de 51 dólares el barril este año y 60 dólares el año entrante, lo que suena poco realista”.
Mas ante tan oportunas observaciones y advertencias, Santos pasa de agache. Para ignorarlas, responde como el avestruz, enterrando la cabeza. Cree así librarse de tener que soportar el peso de juicios, incertidumbres y escepticismos, manifestados y corroborados en todas las encuestas de opinión.