El hombre, un animal “llorable”
Llegué presuroso donde el padre Nicanor, mi tío. Llevaba bajo el brazo el volumen de las obras completas de Cervantes, de Aguilar, que él acabó por regalarme el pasado 22 de abril, cuando hablamos del autor del Quijote en los cuatrocientos años de su muerte.
-Te regalo el libro, hijo. Que sea mi pequeña herencia. Porque no te va a quedar nada cuando yo me muera, fuera de los libros. Esta casita, que es lo único que tengo, ya está escriturada a Mariengracia.
-Ni hablemos de eso, tío, que de pronto me dan ganas de llorar. Después de todo, como lo dice el mismo Cervantes, el hombre es “un animal llorable”.
-Tate, tate, folloncicos. No me vengas con palabras raras, que “llorable” no está en el diccionario.
-Pues yo no sé, padre, si está o no en el diccionario, pero Cervantes, que como máximo exponente de nuestro idioma se pudo dar el lujo de inventarlo, usa ese adjetivo.
-A ver, a ver, cuéntame tu descubrimiento.
-En “Los trabajos de Persiles y Sigismunda”, que usted mismo me animó a leer, en el capítulo V del libro II, dice Cervantes: “Una de las definiciones del hombre es decir que es animal risible, porque solo el hombre se ríe, y no otro ningún animal; y yo digo que también se puede decir que es animal llorable, animal que llora”.
-Me gusta, hijo, eso de que el ser humano es el único animal que llora, así como es el único que ríe, risible. Miremos el diccionario de la RAE. “Risible: capaz de reírse”; “que causa risa o es digno de ella”.
-Por ende, tío, pienso yo que llorable, así no esté registrado en el diccionario, debería significar que es capaz de llorar, y, también, que causa llanto, que hace llorar.
-Bien has dicho, sobrino. Y, también por ende digo yo, el hombre, el ser humano, no solo es el único animal capaz de reír, sino también un animal “ridículo”, que esta palabra, según el diccionario, significa que mueve a risa o burla. Y como animal llorable, diría entonces que da ganas de llorar, que da grima. ¿O no?
-No se me venga ahora, padre, con sermones. Ya sé para dónde va el cura que usted lleva dentro. Mejor dejemos para otra ocasión los comentarios que tanto usted como yo tenemos en la punta de la lengua, y redondeemos la cita de Cervantes. Él añade en el texto citado, a propósito del reír y el llorar: “Y así como por la mucha risa se descubre el poco entendimiento, por el mucho llorar, el poco discurso”. Y concluye: “Por tres cosas es lícito que llore el varón prudente: la una, por haber pecado; la segunda, por alcanzar el perdón de él; la tercera por estar celoso; las demás no dicen bien en un rostro grave”.
-Pues, hijo, yo ya no sé si llorar o reír, pero mi platiquita sobre esto sí te la voy a echar tarde o temprano .