Columnistas

EL METRO Y FERNANDO GÓMEZ MARTíNEZ

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06 de diciembre de 2014

Don Simeón Gómez Pastor, bisabuelo de Fernando Gómez Martínez tenía la gracia y habilidad de improvisar en verso pero también era buen consumidor de aguardiente y se los tomaba con frecuencia.

Cierta tarde iba don Simeón por la calle de La Amargura en Santa Fe de Antioquia, con una buena tanda de guaros entre pecho y espalda, cuando tropezó en un ladrillo levantado en la acera, lo que le produjo una aparatosa caída y la irrespetuosa risa de un grupo de jovencitas que charlaban en la acera del frente. Don Simeón, ofendido se levantó y les dijo:

“Cayó un Dios Omnipotente, y Señor de lo creado,

No ha de caer un malvado, saturado de aguardiente,

Y si acaso mi caída se comenta entre la gente,

Cada cual mire su vida que la mía está presente”.

Me había comprometido en mi última columna sobre el homenaje que el Metro de Medellín, en alianza con la Universidad de Antioquia les rindió a tres grandes del periodismo: Don Fidel Cano, Alberto Lleras Camargo y Fernando Gómez Martínez. Me faltó espacio para comentar sobre el último y ahora lo hago con gusto.

En el folleto “Periodismo, vocación, democracia y libertad”, que se nos entregó el día del homenaje a los tres periodistas mencionados, encontramos un buen resumen de la historia de don Fernando, como lo llamó Pedronel Giraldo Londoño, uno de sus biógrafos. La investigadora Mary Luz Botero hace una radiografía muy abreviada de lo que fue la vida del periodista, el estadista y el diplomático.

Los que por fortuna pudimos estar cerca de Gómez Martínez conocimos al hombre como hijo, esposo, padre, hermano y abuelo ejemplar en todo. Al periodista justo y respetuoso, pero además valiente y pertinaz en sus campañas. Al gobernante recto y seguro en sus decisiones. Se equivoca Mary Luz Botero al calificar de masacre los sucesos de Santa Bárbara, durante la administración de Gómez Martínez y dice: “tragedia que, según varios testimonios, pudo haber sido evitada por el dirigente departamental. Fernando Gómez Martínez da su versión de los hechos en el libro “Los Sucesos de Santa Bárbara”.

No, doña Mary, el gobernador no pudo evitar las muertes de trabajadores de Cementos El Cairo, porque su despacho nunca supo que el convoy de volquetas iba a ser atacado desde los barrancos de Santa Bárbara por trabajadores en huelga con armas de fuego y dinamita. Los que sí pudieron haber evitado esas muertes y las heridas a los soldados del Batallón Girardot, fueron los dirigentes de la huelga y los jefes de la Fedeta. Dicen las centrales obreras Utrán, Utratexco y UTC en una declaración sobre esos hechos que “la Fedeta ha venido creando desde hace tiempo un clima de exasperación y agitación que hizo que varios trabajadores sirvieran de carne de cañón a un Ejército Superior y mejor armado que al verse atacado repelió la ofensiva con todas sus fuerzas”.

Lo que no podía hacer el gobernador era dejar a veinte mil trabajadores de la construcción en el Valle de Aburrá sin cemento para trabajar y ya no había ni un bulto. Tres investigaciones se hicieron de esos actos, entre ellas la Corte Suprema de Justicia y de todas salió incólume el nombre de don Fernando.

ÑAPA. invito a mis lectores a participar en la marcha pacífica de protesta el 13 de diciembre próximo, a las 10 de la mañana desde el Pablo Tobón Uribe