Columnistas

ESPEJISMO

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29 de diciembre de 2018

Seguís siendo un espejismo, uno quisiera quererte aún más, desearía que te vistas siempre con estos cielos de postal, que tu belleza diáfana no esconda el veneno de tu aire, que tu calma aparente no oculte la ansiedad de maltratar que permea tu alma, así, como te ves por estos días, resulta imposible no quererte, ahora que el reloj parece andar sin prisa, ahora que el tiempo se desliza perezoso en medio de esta intensa canícula y ese azul dibuja mejor tu mirada, te quiero así, con tu serena apariencia, sin el ruido que han construido a tu alrededor el mercadeo y los políticos, postulándote y nombrándote con alias que no has querido llevar o que no eres; esta aparente quietud invita a la lectura.

Recibo un pequeño libro que dice en su portada Medellín en 100 palabras, es el resultados de sueños conjuntos entre Comfama y el Metro, un texto destinado a ser leído y compartido, producto de un concurso que recibió 10.834 cuentos de 100 palabras (o menos). Hace 18 años la Fundación Plagio de Chile produjo esta idea que hoy se extiende por el mundo. María del Sol Peralta, Pablo Montoya y Juan José Hoyos leyeron 1000 cuentos previamente seleccionados, y de ellos eligieron los ganadores. Abro páginas al azar y sonrío, me sorprendo o me estremezco. Si viaja en metro o ve el librito por ahí, tómelo, léalo y páselo... aquí lo antojo, para que no lo deje ir.

“Rosaura se levanta tratando de no hacer ruido. El sueño se le escapó cuando supo de las andanzas de Robinson, su hijo. Atesora un surtido insoportable de noches de insomnio. Rezos interminables. Los ojos secos de tanto llorar. ‘Vaya día triste de cumpleaños’, piensa. A través de la pequeña ventana contempla la ciudad. Desde Altavista hay una espectacular panorámica de Medellín. Único privilegio. El resto es pobreza, miedo, guerra sin tregua entre muchachos desesperanzados. Robinson es uno de ellos; el más temido, le han contado. Lo mira dormir. Lo bendice y lo encomienda. Rosaura sale para su trabajo con el corazón encogido”. Rosaura lo escribió José David Liñán Murillo, 20 años. Finalista.

“Cuando el niño vio por primera vez la ciudad de aquel valle profundo –el bus bordeando las montañas en una madrugada oscura, las luces de las casas como millones de dientes luminosos–, se dijo: ‘Parece una boca’. El día que le mataron a su hermano: ‘Muerde, como una bestia’. Y varios años después, tras el encuentro con el primero de muchos amores verdaderos: ‘Pero es capaz del beso’”. La boca lo escribió José Andrés Ardila, 32 años. Finalista.

“- ¿De qué color es Medellín? – preguntó Valeria mientras observaba a través de una ventana del primer vagón.

- Amari... - Antes de terminar la respuesta, Manuel se dio cuenta de que el árbol que había visto fugazmente se quitaba su última prenda y se quedaba con los huesos marrones, en una hermosa desnudez.

- Gris –contestó agobiado ante la revelación–. Por la segunda ley de Newton ahora la ciudad es gris.

Después de una semana de ese sol que pinta lunares, las nubes se oscurecían y la gente en el vagón preparaba sus paraguas”. Amarillo fugaz lo escribió Mateo Ruiz Galvis, 19 años. Finalista.

Allá y aquí, seguís siendo oropel, aún así, te quiero.