esperanza
Nos roban los ahorros, se pacta en secreto el precio de los bienes, se trafica con seres humanos y con fauna, se pagan coimas para ganar o ampliar contratos, se nos multa de manera arbitraria, se nos exige tributar para tapar un roto, bastaría con ser eficientes y honestos, pero es mucho pedir; dice el refrán que por la plata baila el perro.
Exportamos legalmente un poco más de mil millones de dólares en oro, pero el año pasado perdimos seis billones de pesos por la minería ilegal según datos de la Contraloría. El área sembrada con coca supera ya las doscientas mil hectáreas, cuando los cultivos no eran tan grandes los especialistas decían que el narcotráfico generaba entre ocho y doce mil millones de dólares, la ilegalidad es lo nuestro, los sistemas paralelos parecen de rigor, hoy es Odebrecht, ayer fue El Guavio, mañana será Reficar, la corrupción no solo afecta al sector público, también crece en el sector privado, que ha esquilmado a miles en el sistema financiero, los ladrones nos roban al año más de veinte billones de pesos y siguen tan campantes, la impunidad y nuestra justicia, que funciona poco, han edificado un entorno en el que nos sentimos vulnerables, desprotegidos e indefensos, romper ese círculo “virtuoso” y vicioso parece un imposible, los corruptos han construido un entramado de poder y unos mecanismos que los blindan.
Basta mirarse en el espejo para visualizar al responsable de buena parte de este mal que nos devora, ahí está uno mismo, solo; pero el político es el instrumento y sigue ahí, porque lo hemos elegido o porque al dejar de votar hemos permitido que otros lo elijan y hemos perpetuado la máquina perversa que paga con tamal y unos pesos el voto que le permitirá seguir robando, haciendo su tarea a medias o ejerciendo mal su papel, germen y sostén de la corrupción, ese es el precio de la democracia.
Esa ventanilla que se baja presurosa en el semáforo para comprar el cargador del celular, la película pirata o el best seller de moda puede ser la suya o la mía y patrocina una práctica ilegal apoyada en unas estructuras criminales que lavan su dinero de mil maneras o que son las “propietarias” de ese espacio y de sus vendedores, que han convertido en esclavos. También se soborna y se corrompe con el gesto o la mentira.
El orgullo que produce en algunos conjugar verbos como capar, evadir o piratear y esa satisfacción que da ser el más avispado, debería por lo menos avergonzarnos. En Colombia ser legal es complejo, costoso y doloroso, el Estado no ayuda; esta por empezar otro momento electoral, vendrán más insultos, se exhibirán los trapos sucios y se disputarán el poder las dinastías de siempre, delfines y lagartos nos dirán que ahora sí llegó la hora, ¿será posible confiar en alguno? elegir para vencer al corrupto es el reto ... mientras tanto miro por la ventana, tres conductores descienden de sus taxis, paran el tránsito para que cruce la calle una iguana enferma ... cabe la esperanza.