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Formar

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09 de julio de 2016

Las inquietudes son macro y el mercado micro. Las preguntas surgen en cada encuentro y en muchas de las reuniones del sector: qué sucede con la formación de públicos alrededor del arte (soy más cercano al caso de la plástica), qué pasa con el consumo y la circulación de obras, como formar públicos que apoyen y estimulen un mercado precario. En dicha formación incide el modelo pedagógico existente, muchas de las instituciones educativas de la ciudad (más las privadas que las públicas) menosprecian las humanidades en pro de otros saberes y en nuestra cultura la sensibilidad es vista con reserva y en ocasiones sometida a bullying, además los padres de familia impiden que los colegios movilicen a sus hijos, por temor a que algo suceda por fuera de las aulas, es histórico el mal comportamiento de algunos de estos estudiantes en visitas a instituciones y museos. Recuerdo la anécdota de un grupo que en una ocasión se dedicó a rayar una obra del maestro Botero.

Son escasos los programas sobre apreciación artística, las instituciones no cuentan con proyectos alrededor de la formación de públicos, los presupuestos no alcanzan; las élites desconocen nuestros museos, no llevan a sus hijos allí, los ejecutivos que circulan y apoyan el movimiento cultural son los mismos y es en gran parte gracias a esos cuantos que el sistema sobrevive; cuando se trata de viajar por el mundo las selfies en los espacios culturales abundan, aquí escasean, es más fácil y menos exigente visitar el centro comercial que caminar por un museo, es mejor ser visto en el club que pasar desapercibido en la sala de la exposición y en muchas ocasiones los contenidos de esta o de la galería son un desafío para la lógica y el gusto, pues generan preguntas incómodas. La dificultad en la comprensión aleja a muchos curiosos y eleva el arte a una categoría a la que solo acceden los expertos. La crítica y algunos curadores de lenguaje incomprensible, no facilitan el acercamiento a la obra y hacen inaccesible su comprensión.

La academia debería preguntarse también cómo está formando los artistas, allí se privilegia en la mayoría de los casos una educación basada en lo creativo y se desconoce la importancia de la gestión, aún se ve al artista como dedicado solo a crear y desconocedor de los procesos de promoción y mercadeo, el arte es hoy una profesión y una industria como otras, sujeta a las leyes del mercado. Hay que prepararlos para su inserción allí y para la gestión de su proyecto.

Cómo apoyar a los cientos de artistas que se forman en la ciudad y que están consolidando una carrera, cómo potencializar un mercado de dimensiones reducidas en el que el coleccionismo brilla por su ausencia y el arte se considera un bien suntuario, cómo consolidar una masa crítica que consuma; tantas inquietudes frente a una realidad que conmueve, cada uno de los actores que interviene en el ecosistema cultural tiene compromisos y responsabilidades, urge construir un proyecto ambicioso para la formación de públicos.