Columnistas

Fotomultas, ¿quién le pone el cascabel al gato?

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30 de abril de 2016

Hay que hablar de las fotodetecciones que, como una jauría de perros rabiosos husmeando a los ciudadanos, han desatado las administraciones municipales por medio de las secretarías de Movilidad. Que parecen felices explotando sin escrúpulos una mina de plata que les cayó del cielo. Con la aprobación de las alcaldías, con la cabeza agachada de los concejos y de los organismos de control, contando además con el aval de un gobierno central que, ante los desafueros de la administración pública, simplemente esconde como el avestruz la cabeza en la arena de una corrupción rampante.

Según datos publicados en El Colombiano, el pasado miércoles (p. 15), “1.854 infracciones son detectadas en promedio cada día en Medellín a través de las cámaras de fotomultas”. Y en el mismo periódico del 11 de abril (p. 11), se leía: “En tres años van 4 millones de fotomultas en el país”. Varios columnistas han escrito sobre el tema en estas páginas: “No hay quién pare abusos de las fotomultas”, de Óscar Lizcano (7 de marzo); “Fotomultas al banquillo”, de Óscar Henao (11 de marzo); “Piénselo mejor, señor Alcalde”, de Juan José García (18 de abril).

Es opinión generalizada que la empresa privada que maneja el susodicho enguande, tan maquillado de legalidad, es la que se enriquece con las fotomultas. Y puede uno suponer también, por aquello de piensa mal y acertarás, que son muchos los que, dicho burdamente, maman de la misma teta.

En muchos casos, con los comparendos electrónicos se quebrantan principios que en sana doctrina jurídica deben ser salvaguardados.¿ Como el principio de proporcionalidad, ya que la norma no debe exceder sus fines; el derecho a la legítima defensa; el principio de que no se puede castigar dos veces por el mismo delito (el “non bis in idem”), pues llegan múltiples fotomultas por una misma contravención, registradas una detrás de otra en el mismo día o en días consecutivos. Sin contar los cobros extemporáneos, que de todas maneras no se perdonan a pesar de que la notificación se haya dado después de los tres días hábiles estipulados.

El asunto, por supuesto, no se resuelve con medidas más ingenuas que ingeniosas, como la de poner avisos en la vía alertando con eslóganes mentirosos que más adelante hay una cámara de fotomultas. Lo que hay que poner es el dedo en la llaga y denunciar los intereses creados y las coyundas detrás del ojo impasible de las cámaras. Se debe exigir, a quien corresponda, que se meta en cintura un asunto que cada vez afecta más a los ciudadanos. Y francamente los agravia por las injusticias y arbitrariedades que a su amparo se cometen.

Alcalde, como lo preguntó en la columna citada, del 11 de marzo, el conocido educador Óscar Henao, denunciando una de esas arbitrariedades de que fue víctima, se lo volvemos a preguntar: ¿quién le pone el cascabel al gato? .