Columnistas

Hoy como ayer

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13 de agosto de 2016

Donde la intolerancia parece norma, donde se atiza el fundamentalismo y se irrespeta la ley, la vida y obra de Débora Arango nos recuerda lo poco que cambia este país. “Laureano Gómez, dueño de la tradición, la moral y el orden de la época, se escandalizó con sus desnudos, al igual que los curas y las clases altas, motivos que llevaron a prohibir sus pinturas. Débora no trabajó cualquier tipo de desnudo, sino específicamente el de mujeres, una elección aún más transgresora en la Colombia de esos años.

...Hurgaba en el prostíbulo, en la soledad del desnudo, el sexo expuesto y huérfano. La prostituta siempre fue el personaje de Débora Arango. “Un desnudo no es sino la naturaleza sin disfraces, tal como es, tal como debe verlas el artista: un desnudo es un paisaje en carne humana”. “La prostituta es lo que queda cuando se borran las máscaras”. Escribió en 2012 KienyKe.

Recuerda un amigo esta cita de 1941 que habla de los folletos que se repartieron, sobre una exposición en la que se exhibían desnudos de la artista. Cualquier parecido con el hoy, asombra (?). “Aquel folleto, repartido entre jóvenes, contiene los más execrables desnudos; es una lección objetiva de la más aberrante inmoralidad. El Estado está corrompiendo a las nuevas generaciones, familiarizándolas con lo que la naturaleza tiene de ocultable. El folleto merece ser editado en Rusia, donde la nobleza de las altas ideas ha cedido paso a la concupiscencia”.

“Yo fui la más religiosa de todas. El que cree en Dios adora el cuerpo, pero no cualquier cuerpo sino aquel en el que lo sagrado se expresa”.

Dijo la artista en una entrevista en 2003 a Iván Beltrán Castillo.

Débora fue condenada al ostracismo por una sociedad moralista, pero ahí está su obra, considerada una de las más importantes del siglo XX en Colombia, dice María Clara Martínez Rivera en la ficha técnica que elaboró para el Banco de la República: “en 1939 recibió el primer premio de la exposición organizada por la Sociedad Amigos del Arte en el Club Unión de Medellín; mostró nueve obras, entre ellas algunos desnudos que escandalizaron a la sociedad antioqueña: Obras impúdicas que ni siquiera un hombre debía exhibir, ...dignas de figurar en la antesala de una casa de Venus.

Hizo su primera exposición individual por invitación de Jorge Eliécer Gaitán, entonces ministro de Educación, en el Teatro Colón de Bogotá, en 1940. Simultáneamente, participó en el Primer Salón Anual de Artistas Colombianos ... más tarde participó en algunas colectivas en Medellín y Cali, y, nuevamente, sus obras generaron el rechazo de la sociedad, hasta llegar a pedir su excomunión. La Iglesia le hizo firmar un llamado de atención y ordenó recoger una edición de la Revista Municipal de Medellín, porque cerca al saludo del arzobispo se reproducía un cuadro suyo.

“... Yo concibo el arte como una interpretación de la realidad y es esto lo que me posibilita el llegar, a través de él, a la verdad de las cosas: sacar a flote lo oculto, lo falso, lo que no se puede manifestar abiertamente”.

A odiar se aprende, a amar, respetar y tolerar también.