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INCONGRUENCIAS ELECTORALES

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09 de junio de 2018

Fulgencio es un obrero que lleva muchos años trabajando en una fábrica, cumpliendo con su horario y su rutina pero sin aportar mayor cosa a la empresa. Cariado por un compañero, va donde el patrón y le dice:

--Jefe, llevo 15 años trabajando aquí y usted no me ha aumentado el sueldo, sino el porcentaje de ley.

--Bueno Fulgencio y como ¿Cuánto te querés ganar?

--Yo creo que con un millón, ochocientos mil es suficiente.

--Bueno amigo ¿y si te ofrezco cinco millones, te pongo una oficina y secretaria privada que te parece?

--Pues creo que me está mamando gallo.

--A bueno, pero ¿Quién empezó?

En esta campaña de segunda vuelta presidencial se presentó el caso de un socio buena gente del Club Campestre que invitó al candidato de Colombia Humana, Gustavo Petro Urrego, a exponer en un almuerzo sus ideas ante los socios del Club. Al saberlo, los hijos, los compañeros y las directivas del Club, hicieron desistir al generoso y un tanto ingenuo, socio anfitrión, de esa invitación.

El Campestre es el sitio de reunión de la más alta aristocracia antioqueña, compuesta de empresarios y sus familias a quienes el candidato, desmovilizado de la guerrilla del M19, ha amenazado con expropiar de sus fincas y empresas, en caso de llegar a la presidencia. Para ser justos, Petro no habla de expropiar, sino de “comprar” por parte del Estado, ingenios azucareros, empresas textileras y de gaseosas, bancos, almacenes y fábricas, pero para pagar con “bonos del Estado”, a veinte, cincuenta o más años y a los precios que el gobierno disponga. En mi concepto es lo mismo, expropiar que comprar con bonos estatales pagaderos a largo plazo.

En caso de haberse dado una reunión en el Club Campestre, otros clubes sociales tendrían que hacer lo mismo, diga usted Club Unión, Club El Rodeo, todos buscando ser anfitriones del copartidario de quienes destruyeron hace unos años el Club El Nogal en Bogotá. Que si no fueron del M19, sí lo fueron de las Farc, hoy también desmovilizadas y también de ingrata recordación.

A raíz de esta invitación, a buena hora cancelada, porque nadie está obligado a invitar a su casa a sus enemigos, escribieron en sus respectivos “trinos”, personajes de altos abolengos y vinculados a familias distinguidas de Antioquia.

Pascual Gaviria, hijo de exministro y hermano de ministro santista, dice que “como el Campestre queda muy cerca a Montecasino, antiguo palacio macabro de los Castaño. Parece que se les pegó algo del estilo de aquellos hermanos. Amenazas, insultos, advertencias y veto a quien invitó a un candidato presidencial a conversar con empresarios. Fascismo puro”. @rabodeajíp.

Y Héctor Abad Faciolince califica de “antro” al Club Campestre, donde su familia tiene los principales clientes de su empresa. Dijo el escritor: “¿Qué hace un líder de izquierda en ese antro?” Pero es al revés: Un comunista en el Club Campestre es como un demonio en un convento.

Ñapa: Nubes de fajardistas, guiados por Luis Diego Monsalve, acompañaron la campaña de Iván Duque y Marta Lucía Ramírez en el parque de Berrío. Todos los días crece la cauda por Colombia Unida en el Centro Democrático.