Columnistas

La actualidad, ese monstruo

30 de marzo de 2019

En el texto “Dos monólogos sobre la Prensa y la Cultura”, de su libro “Ensayos liberales”, decía don Gregorio Marañón que los periódicos impiden la meditación, porque “la meditación es aperiódica”, y así son ellos un obstáculo para la historia porque naufragan en la actualidad.

“Los periódicos -anota- están inspirados por un monstruo anormal que se llama la actualidad, el cual, entre otras cosas, padece de un defecto de la vista que no sé cómo llamarán los oftalmólogos; consiste en la incapacidad de apreciar el verdadero color y las dimensiones exactas de las cosas”.

Aunque me imagino que a Marañón ya casi nadie lo lee, a mí me gusta volver de vez en cuando a sus libros aunque no sea sino para reencontrarme con un autor que me abrió caminos e inquietudes en mi juventud. Y recuerdo al sacerdote carmelita vasco padre Olegario Zuazúa, ya fallecido, devoto lector de Marañón, quien me introdujo en su lectura. Entresaco la cita referida para una breve meditación, de esas que, según el escritor español, no propician los periódicos.

Meditar (que en latín tiene origen en el verbo “medeor = curar, remediar, de donde viene la palabra medicina, y se sabe que la meditación es también terapéutica) exige detenimiento, aplicación, pausa, distancia. Es todo lo contrario de la acción, de estar metido en el remolino de lo que acontece. Un periódico, un periodista, no meditan, recaban datos para narrar lo que ocurre. Por supuesto que piensan, analizan, entrevistan, atan cabos, pero no meditan. Ni suele meditar el lector, metido también él en la batahola de las noticias, a las que por lo demás la radio y la televisión, cada vez de manera más apabullante, más asfixiante, privan casi por completo del ritmo pausado que propicia la lectura de la prensa escrita. Lo anterior, para no hablar de la radio y la televisión y sin mencionar las redes sociales y la información por internet, que en ese mundo sí se descabalga toda posibilidad de control, de análisis, de meditación.

La actualidad nos respira en el cuello minuto a minuto, las veinticuatro horas del día y de la noche. No estamos siendo solamente informados, sino metidos casi hasta el ahogo en lo que está ocurriendo. En el mundo periodístico e informativo no hay lugar para la meditación. O porque los medios magnifican los hechos, o porque los minimizan u ocultan por razones no precisamente periodísticas, la actualidad acaba siendo pervertida, o por lo menos no reflejada con exactitud. Es ese defecto visual de que habla Marañón: la incapacidad de apreciar el verdadero color y las dimensiones exactas de las cosas. Es el gran peligro. Volver monstruosa la actualidad, la realidad.