LAS MENTIRAS ROJAS
En una audiencia dentro de un proceso de homicidio, el fiscal pregunta al acusado:
--Dígame Giovanny, su hijo ¿cuántos años tiene?
--Por ahí treinta y cinco o treinta y seis. No recuerdo.
--¿Y cuántos años hace que vive con usted?
--Hace cuarenta y cinco años.
El adagio popular dice que “cae primero el mentiroso que el cojo”.
Cuando los milicianos de Fidel Castro estaban bien armados y establecidos en Sierra Leona y se proponían tumbar la dictadura de Fulgencio Batista, el mundo entero los apoyaba. Los nexos y amistades del dictador cubano con la mafia gringa, especialmente la poderosa y radicada en Chicago, era nefasta. La Habana era conocida por sus lujos, narcotráfico y despilfarro y la llamaban “el prostíbulo de América”. Por eso el mundo entero aplaudió el triunfo de Fidel.
Pero Fidel nunca dijo que era comunista y que ese sería el sistema que implantaría en Cuba. Por eso todo el mundo lo apoyó. Llegó al poder y así se supo la ayuda recibida de Rusia y la Cortina de Hierro comunista y ahí se quedaron apoyando guerrilleros de países vecinos de Centroamérica y Colombia y otros países para su entrenamiento.
Prueba de ello son los secuestros de aviones comerciales de todas partes que eran desviados en pleno vuelo y llevados a La Habana con la complicidad del gobierno comunista que devolvía los aviones y los pasajeros pero se quedaba con el dinero cobrado a las compañías aéreas y con los secuestradores. Así engrosaron las arcas del M19, Farc y Eln y otros grupos y se fueron armando y ayudando a sus compañeros de las selvas colombianas. Con mentiras rojas.
Después vino Chavez Frías, apoyado también por los dictadores rojos de Cuba, quien logró en pocos años acabar con el país próspero que fue Venezuela con la economía petrolera más rica del vecindario, para entregarle los restos de la Tierra de Bolivar al presidente más torpe que se pudo haber encontrado, Nicolás Maduro. Todo a base de mentiras sobre mentiras. Solo por su obsecuente lealtad.
Viene ahora otro tipo de mentiras, pero rojas también. Las del populismo de Lulla Da Silva y Dilma Russeff, que llevaron al Brasil a un estado deplorable por corrupción, para terminar con Lulla en la cárcel, después de manejar al país más grande de Latinoamérica para llegar al punto donde llegaron por mentirle a su pueblo y especialmente al Partido de los Trabajadores, hasta ser derrotado por Bolsonaro, un hombre de derecha que será su salvación.
Esperemos que Colombia con su joven presidente que solo lleva cinco meses escasos, maneje bien el potro en el que lo montamos.
Ñapa: esta navidad deseo a mis lectores paz, bienestar y alegría. Que el Niño Dios los bendiga y que la familia de Belén desde el pesebre sea el centro de sus hogares, su ejemplo y su norte.
Que el descanso de fin de año y el principio del que viene, sea el medio para mejorar sus proyectos de vida y un arranque de un futuro mejor.