Columnistas

Miedo

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17 de febrero de 2018

El miedo se instala entre nosotros, algunos pretenden instaurarlo y hacen hasta lo imposible por lograrlo, uno de los mecanismos para hacerlo es la mal llamada posverdad, que no es más que una mentira a la que hemos decidido nombrar de otra manera. Los grandes anunciantes y comunidades como la Unión Europea ya empezaron a cobrarles en especie a los medios como Facebook que son los principales difusores de tanta mentira, ellos están abandonando o multando las redes; la desazón y la incertidumbre generan caos, de eso se trata, inocular el miedo es la consigna.

Cuando se está en el mejor momento de la vida y supuestamente lleno de sueños e ilusiones, un chico decide empuñar un arma, “pertrechado con su fusil de uso policial y militar y aprovechando su conocimiento como exalumno de los protocolos de alarma por tiroteo de la escuela, hizo saltar la sirena para provocar caos, lanzó botes de humo para aumentar la confusión y con la boca y la nariz tapadas con una mascarilla avanzó entre la neblina disparando con su fusil de asalto mientras alumnos y profesores buscaban un aula donde encerrarse para salvar su vida”, seguramente el grupo suprematista blanco al que pertenecía habrá incrementado en él el odio, con él a cuestas produjo miedo y terror en esa escuela, que fue durante años casa y refugio. Sus compañeros lo sabían, Nikolas fue su cruz.

Estamos en un momento fundamental de nuestra historia como país y sociedad, sin embargo aquí seguimos asesinando a tantos que reclaman una tierra, un derecho o un confite, en esas llevamos más de cincuenta años, así se infunde miedo en comunidades enteras; para sembrar el terror entre sus miembros se empaca en bolsas el cuerpo mutilado de los que alimentaban el miedo en barrios y veredas, se desplaza al humilde para que atemorizado entregue su parcela, se dispara desde la trinchera de Twitter, se abren las emisoras para amplificar mentiras, porque también la boca es arma y la lengua mortero, difamar para sembrar el desprecio, que genera temor e infunde desconfianza, esa parece ser la señal particular de francotiradores electorales como la mayoría de nuestros candidatos, que al parecer no han entendido que aquí se trata de deponer los egos, porque el país nos sobrevivirá a todos y sobre todo a ellos y algún día esos apellidos que han convertido en observatorio desde el que hoy dominan, serán también y por fortuna sólo un recuerdo; desprovistos de ideas pero llenos de adjetivos para descalificar al otro, abonan territorios a punta de temor, humillan, estigmatizan y crean confusión, para triunfar en otras elecciones en las que el miedo será votante. Produce tanto miedo el vecino que aquí se le usa para espantar, y nuestros países lo desinvitan a Lima y él, que se sabe temido, amenaza con llegar; también nos asusta el hermano que en largas filas trata de cruzar la frontera, pero aún peor, le tememos al mañana que es el hoy, disfrazado de futuro.

De eso se trata, a eso juegan, porque el que teme no sueña y el miedo mantiene el alma en vilo; desprovistos de sueños nos convertimos en terreno fértil sobre el que se edifica miseria.